Por Miguel Krebs – (Collage de Información)
Muy rápidamente los trabajadores comenzaron a sufrir en carne propia las medidas del gobierno que ellos mismos habían elegido. La inflación comenzó a comer los salarios, tuvieron que salir a la lucha los docentes y estudiantes ante el ataque a la educación pública y vino la entrega del petróleo a la Standard Oil y otras multinacionales. El 28 de junio, desde el Canal 7, la televisión oficial, se anunció un plan de ajuste al que se llamó de “estabilización”. Tenía un estilo claro y tajante, sin pelos en la lengua: Decía el ministro de economía de aquel entonces: “Muchos años de desatino y errores nos han conducido a una situación muy crítica. Es muy difícil que este mes puedan pagarse a tiempo los sueldos de la administración pública. […]. Todavía seguiremos por algún tiempo la pendiente descendiente que recorremos desde hace ya más de diez años…” El salario real cayó un 24%. El saqueo directo a los bolsillos de los trabajadores se vio completado con un brutal aumento de la productividad por obrero, que era, en definitiva, la meta principal de la patronal. Se incorporaban de lleno los métodos de producción en cadena, la “racionalización” de tareas, el incremento de los ritmos de trabajo y la reestructuración de las secciones y categorías. Aparecieron los “toma tiempos” y los “técnicos de racionalización”. En los convenios colectivos se incorporaron las “cláusulas de productividad”, a las que quedan sujetos los aumentos salariales, siempre por debajo de la inflación, que se hizo galopante. Se generalizaron los despidos en la administración pública y las empresas del Estado. Si en 1954 los dividendos de los industriales representaban el 10,32% del valor producido por la industria en el país, para 1960 alcanzaron el 34,18% de ese valor. En algo más de un año, se estaba aplicando una política de privatizaciones, despidos y ajuste.
«Quien no conoce su historia está condenado a repetir sus errores», Paul Preston
¿QUIEN ES PAUL PRESTON?
Paul Preston es uno de los más insignes hispanistas procedentes de Inglaterra, una saga que incluye nombres tan ilustres como Gerald Brenan o Hugh Thomas, su profesor, con quien colaboró durante un tiempo. Preston aprendió español, según los lingüistas de la peor manera que se puede hacer: «Agoté la bibliografía en inglés, – aseguró -, y decidí que tenía que aprender español. Abrí un libro de Historia y con la ayuda de un diccionario fui leyendo. Me costó tres semanas terminarlo, pero adquirí bastante vocabulario como para defenderme. Entre esto, y las conversaciones con una pareja de amigos colombianos aprendí español».
CONOCER LA HISTORIA
Preston posee un don especial: el arte de acercar sus investigaciones a las personas, de saber interesarlas por su propia historia, de conciliar amenidad y rigor .»Los estudiantes tienen que descubrir el placer de contar historias. A todos nos gustan los cuentos». «Una historia bien narrada es una delicia.» Con el paso del tiempo – asegura Preston – he aprendido que el rigor y la disciplina de la Historia no tienen por qué reflejarse en monólogos aburridos».
¿POR QUÉ ES TAN IMPORTANTE CONOCER NUESTRA HISTORIA?
La importancia estudiar nuestra historia radica en el hecho que ella nos permite conocer nuestro presente. Para conocer nuestra realidad actual necesariamente debemos irnos al pasado y tratar de entender los procesos, que nos han llevado a estar como lo estamos ahora, en todo orden de cosas, ya sea desde el ámbito económico, político, social y cultural. Se estudia el pasado en virtud de la problemática que plantea el presente. Es importante destacar que la comprensión debe ser de los «procesos», sin quitarle la importancia a las fechas, datos, batallas, etc., que nos permiten contextualizarnos y situarnos históricamente. Pero los procesos nos permiten darle sentido y entender nuestra historia de manera más cercana y critica, ya sea para los estudiantes, profesores o gente de a pie.
