La llegada del Flamenco a mi vida ocurrió en el 2002. Con once años me sumergí en un mundo de palmas, zapateos, giros, y castañuelas. De la mano de la profesora Tani Reyes aprendí que el Flamenco es una danza que no exige tener una edad determinada ni tampoco una previa experiencia antes de introducirse en tan bello arte.
En el 2010 me trasladé a San Telmo, Buenos Aires, donde continué aprendiendo con otras profesoras como Nataly Cabrera y Macarena Castaño. Hasta la actualidad sigo tomando cursos allá.
El Flamenco en mi vida es sinónimo de libertad. Considero que puede ser muy bueno para las mujeres que se sientan atraídas por ingresar a tan bello mundo. Es una danza con una energía muy característica y al ejecutarla rutinariamente comienza a estilizar el cuerpo a la vez que cautiva por dentro.
Con mi llegada a San Martín de los Andes comencé a dictar clases tanto grupales como individuales donde la idea es que mujeres jóvenes y adultas se vean envueltas en un espacio lleno de creatividad.
Hay muchas formas de expresarse y una de ellas es a través de la rama del arte. El Flamenco puede ser protagonista ofreciendo sensuales y bruscos movimientos decorados por diferentes culturas, pues a medida que se baila, se conoce la raíz de los pasos aprendidos. Sin duda esta danza es un pedazo de historia y vale la pena conocerla.

