Realidad Sanmartinense

Crítica de «Battle Angel: la última guerrera»: Todo es posible en el cine

Por Miguel Krebs

Título original: Alita: Battle Angel; en España: Alita: Ángel de combate; en Hispanoamérica: Battle Angel: La última guerrera. País: USA. Año: 2019. Género: Acción-Ciencia ficción. Dirección: Robert Rodríguez. Guión: James Cameron, Robert Rodriguez, Laeta Kalogridis. Fotografía: Bill Pope. Música: Tom Holkenborg (Junkie XL) .Reparto: Rosa Salazar, Christoph Waltz, Jennifer Connelly, Jackie Earle Haley, Ed Skrein, Mahershala Ali, Michelle Rodriguez. Duración: 122min.

Lejos ha llegado el director Robert Rodríguez desde aquella película El Mariachi que la llegó a filmar con 7000 dólares a Battle Angel: La última guerrera que costó más de 1.700.000 de dólares. Esta película sigue los lineamientos del ánime (dibujo animado japonés) Alita (Ángel De Combate) un tanto reformada en su trama.

Alita es un personaje del manga (historieta japonesa) creado por Yukito Kishiro, que habita en una sociedad distópica (Blade Runner, Farenheit 1984) y de características cyberpunk (subgénero de la ciencia-ficción). Reconozco que me disponía a ver un bodrio mayúsculo, pero me vi sorprendido con una película entretenida a pesar de sus dos horas de duración y con una técnica muy depurada para los efectos especiales. Por eso el subtítulo de esta crítica es “todo es posible en cine”. Me recuerda a Mentiras que matan con Dustin Hoffman y Robert De Niro donde inventan una guerra ficticia a través del cine con un país desconocido (Albania) que sirva de cortina de humo ante la acusación de abuso sexual de una menor por parte del presidente de los Estados Unidos.

La idea de llevar este manga al cine se le ocurrió a James Cameron (Avatar, Terminator) hace 20 años y como está abocado a la realización de la zaga de Avatar, lo ha dejado en manos de Robert Rodríguez, quedando Cameron como productor y guionista. Se especula con los resultados financieros de Alita, porque de superar 3 o 4 veces la inversión, un final abierto en esta película permitiría una continuación y transformarse en una zaga. A medida que avanza la historia se torna confusa, por eso, hay que estar atentos a los nombres y las acciones de los personajes.

La acción se desarrolla en el siglo XXVI tras la gran batalla. Alita (Rosa Salazar) es una cyborg semi-humana a la que rescata el Doctor Dyson Ido (Christoph Waltz), un médico compasivo. La encontró entre la chatarra vertida por la ciudad satélite Zalem donde vive gente poderosa y está ubicada por encima de la paupérrima Iron City. Ido la lleva a su laboratorio para recomponerla como hace con los demás pacientes.

Cuando Alita despierta sin recordar quién es, en un mundo que no reconoce, toma las riendas de su nueva vida y aprende a adaptarse a las peligrosas calles de Iron City. Ido tratará de protegerla de su propio pasado, mientras que su nuevo amigo Hugo (Keean Johnson) se ofrecerá a ayudarla para desenterrar sus recuerdos. A medida que pasa el tiempo, queda patente que Alita posee unas habilidades de combate tan grandes como misteriosas. A través de un juego mortal llamado Motorball, el que sobrevive tiene la posibilidad de acceder a Zalem y comenzar una nueva vida. Alita compite y asciende rápidamente con la intención de vérselas con Nova, el gran villano de la película, capaz de «ver detrás de los ojos» de sus esbirros. El juego de Motorball recuerda a la película Rollerball (1975) dirigida por Norman Jewison

Este guión que tiene alguna similitud a un Frankenstein de un futuro distópico, está lleno de sorpresas ingeniosas visualmente para lo cual es necesario filmar con una técnica especial. Inclusive se ha respetado una de las características del manga: tener ojos grandes y Alita, vaya si los tiene.

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