Realidad Sanmartinense

Día 23: Roman Lindegger II

Treinta días sin conexión instantánea. Treinta escritos, uno por día, que narrarán la vida de Clara Oyuela fuera de las redes sociales. Un mes sin whatsapp, sin Instagram y sin Facebook
Ilustración: Sofía D’ Andre

Parecía una verdad tan fácil,
que el instructor la registró en una nota
marginal, pero no la asentó en el sumario.
Crónica de una muerte anunciada

De: Roman Lindegger
Para: Clara Oyuela
Asunto: Redes sociales y otras cosas

Querida amiga:

¡Qué lindo saber que el mundo crezca en sus coordenadas! Ufff cómo pasa el tiempo de rápido, por favor manden una foto de las chicas! Con Sophie estamos viviendo en Neuchâtel, una pequeña ciudad, en la parte francófona de Suiza, entonces me toca hablar en francés todo el día. ¿Cómo está tu francés, Clarita? Me acuerdo que querías aprenderlo. Aquí comencé la maestría de hidrogeología, que es el estudio de las aguas subterráneas. A largo plazo pretendo comprometerme con el tema en el contexto humanitario. Hay mucho para hacer en los campamentos de refugiados y zonas inestables de este mundo. El agua es vida.

En este momento te estoy escribiendo desde un café en Lima, Perú. Fue un viaje espontáneo. Una empresa peruana pretende realizar investigaciones hidrogeológicas relacionadas al cierre de una mina en Perú. Vamos a hacer una prueba de trazadores, que sirve para investigar las conexiones hidráulicas entre distintos sistemas. La mina se encuentra en un sitio de bastantes cuevas, entonces  es medio complejo. La prueba se realiza para evaluar eventuales riesgos para la población que puedan surgir de una contaminación del agua por la mina. Mi papel es, en parte el diseño general de la prueba y la calibración del equipo que se va a usar para esto.

Me preguntas opinión sobre las redes sociales  y todas esas mierdas, bah…si así lo prefieres, no pongas la palabra mierda porque puede sonar no menos que engreído, puedes cambiarla por alguna más agradable. La dejo a tu elección. Entre vos y yo, amiga, me parecen la mismísima mierda. No tenes más que mirar a tu alrededor para darte cuenta de esto, seres humanos encorvados y ansiosos en edades tan tempranas, el ser humano está malgastando la vida entera ahí dentro. Yo prefiero la vida más ligera, el sabor que tiene el agua en San Martín de los Andes es algo de no creer, me había olvidado de decírtelo. Bébanla con gusto. Y Juan Rulfo es una bendición, gracias por el libro. La travesía terminó bien. Ese año, el sur de la Patagonia estaba atravesando la peor sequía de los últimos cien años, y esto también nos afectó a nosotros, dado que el combustible de los caballos es el pasto. No fue fácil conseguir un puesto siendo suizos. Imaginate el ataque de risa que le causó al capataz. ¡¿Dos turistas suizos a un puesto allá arriba!? Al lado nuestro ya andaban otros gauchos, postulándose para el  mismo puesto. Te cuento. Como quien dice, nos sacaron la mierda para ver si servíamos o no para el puesto. Al final nos entregaron la responsabilidad de cuidar a 8000 ovejas y nos asignaron el sitio. Lo impresionante no fueron las ovejas sino el estar sumergido en un lugar donde realmente no hay nada. Ni un arbusto. Un lugar tan reducido. La radio funcionaba de vez en cuando. A la noche, una vela encendida. Y mucho, mucho viento. Viento de día y viento de noche. El puesto se llamaba Rodas. Éramos los suizos de Rodas. A la noche, con Sophie, nos leíamos libros en voz alta. También descubrí las pinturas de Molina Campos. Era un gran observador de la cultura gauchesca. Sophie, por su parte, siempre tuvo que hacer un trabajo de mayor esfuerzo. Por estas zonas no están acostumbrados a ver a una mujer independiente. Un día, ella salió a ensillar una yegua, mansa pero muy enérgica. Y yo me quedé en el puesto, lavando nuestra ropa y limpiando la casa. Si te soy sincero, yo no me sentía cómodo con esa yegua, pega un saltito, te corcovea un poco…pero para correr era un milagro. Ese día vino el capataz de la estancia al puesto. Este se reía y pensaba que le estaba tomando el pelo al decirle que Sophie había salido al campo con esa yegua. Se mataba de risa y me decía que teníamos costumbres muy raras. Uffff, lo siento, amiga. Me habías preguntado por el asunto de las redes sociales y esas cosas. Una mierda. La mismísima mierda. Perdona la reducción del término. Es que no encuentro palabra más poética que esa.

Les mando unas fotos de la travesía…solo falta la foto del chulengo para Joaquín jaja seguramente va a querer una prueba.

Muchos abrazos y besos,
Roman

Pd: A los que suelen leer la letra chica de las etiquetas. Debo ser honesta con ustedes. Este producto está vencido. Se trata de un e-mail que me mandó Roman Lindegger hace mucho, mucho tiempo y ni siquiera mencionó el tema de las redes. Ni siquiera sé lo que piensa Roman sobre este tema, aunque no me extrañaría que en su opinión sobre el tema, incluyera la palabra mierda. Le mandé un e-mail hace ya un mes, preguntándole acerca de esto pero todavía no recibí respuesta. Debe estar viviendo su vida hermosa por ahí…ojalá aparezca antes de que llegue el invierno.

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