Este fin de semana se celebra en nuestra ciudad la 10° edición del Carnaval Intercultural Cordillerano. Durante tres días y en diferentes barrios, la murga tomará las calles para llenarlas de música y color, como ya es tradición al cierre del verano. Para celebrar estos festejos, RSM se propuso conocer la historia del grupo de murga más antiguo del pueblo, El sueño del pibe, a través de una de sus principales referentes.
Débora Pafian, de 26 años, llega al café para la entrevista acompañada de su hermana Daniela, de 20 años. Ambas viven en Chacra 30 pero se criaron en El Arenal, barrio en el que se empezó a gestar El sueño del pibe. Ella es la Directora de Baile, junto con Daniela, y su tarea es coordinar las coreografías, enseñarlas, que las chicas aprendan el movimiento de los brazos, de la cara, la sonrisa, armar los bailes libres y desfiles.
La charla fluye amena, entre café con leche y submarinos, cuando se le pide que cuente la historia de cómo se creó la murga. En un instante, a Débora le cambia la cara, se sonríe y le brillan los ojos, porque sabe que no es sólo el comienzo del grupo lo que está por contar, sino la gesta de una familia. «La murga la creó uno de mis tíos, mi tío Chule y su mujer María, hace muchísimos años. Yo tenía 5 años más o menos cuando empecé a bailar en una murga que se llamaba El Rejunte y a los 7 u 8 años, él creó El sueño del pibe con María. De esto serán 15, 16 años.»

–¿Qué es para vos la murga, Débora?
«Uf, para mí la murga es mi vida, yo fui criada ahí y toda mi familia colabora. Mi abuela siempre nos apoyó, mi tío más que nada que fue el que la creó y mi mamá también, que no es de la murga, pero cuando hay que vender números, todos salen a vender, hay que cocinar un bizcochuelo y todos cocinan. Es mi vida. Hasta mi sobrino que tiene dos años está en la murga, mi hermana embarazada pasó bailando en la murga. Para mí la murga es mi familia. Somos pocos pero nos conocemos tanto que si le pasa algo a alguno nos pasa a todos. Estamos muy unidos.»
Actualmente en El sueño del pibe participan 15 chicos, con edades de entre los 2 y los 28 años. Sus referentes son Débora y Pablo, de 28 años, quien oficia de Director de Percusión. Facundo es el encargado de hacer los cortes de baile con el silbato. Sin embargo, al momento de tomar decisiones, las jerarquías se diluyen y el grupo gestiona por consenso general.
-¿Cuál es la función de la murga en el barrio?
«En la murga hay contención. En el barrio hay muchas situaciones que los chicos vienen a contar, se desahogan un rato y se sienten mejor. Hay chicos que viven solo con su mamá o su papá, tienen que salir a trabajar y por ahí están diez horas, vuelven y vienen a bailar. Con la murga también viajamos. Somos autogestivos y a veces cuesta juntar la plata para viajar pero siempre hacemos algo.»
El sueño del pibe se financia a sí misma, no recibe ayuda de ninguna organización. Los chicos se hacen sus propios trajes, cosen sus banderines a mano, decoran el barrio. Ellos mismos se organizan para poder comer y tener dónde dormir en los viajes. Ensayan en el patio de la escuela 142, o en el playón de El Arenal, entre tres y cuatro veces a la semana, aunque en vísperas de carnaval lo hacen todos los días. A veces tienen suerte y reciben telas o instrumentos usados en donación.
-¿Cómo ves el futuro de la murga, Débora? ¿A dónde te gustaría llegar?
«Nos gustaría que nos presten más atención. Somos un espacio, una institución, un lugar donde los chicos se sienten apoyados, contenidos. Donde estamos, estamos bien, pero sería genial que vean todo lo que hacemos, lo que nos cuesta, que no tenemos dónde ensayar sin que nos echen por el ruido. Sobre todo en invierno, necesitamos un lugar. El barrio nos apoya, nos ayuda, el corso en el barrio es lo más lindo, toda la gente saca las sillas a la vereda, somos locales. El carnaval en el barrio es lo mejor que nos pasó. Pero nos gustaría que nos escuchen y acepten nuestras ideas. Queremos hacer crecer al carnaval de San Martín, que todos quieran venir, y no solo sea para el turismo, que sea para nosotros.»
El grabador se apaga pero la charla sigue y la invitación a verlos este domingo en el carnaval de El Arenal queda flotando en el aire para disfrutar de su fiesta murguera.
Fotos: Gentileza.