Se trata de un hombre de la ciudad de Centenario, que ocultó los síntomas compatibles con coronavirus, a pesar de haber firmado la declaración jurada y se descompuso en pleno vuelo de repatriación. Actualmente está internado en grave estado en un hospital de la Ciudad de Buenos Aires, mientras se espera el resultado de los análisis.
Habían pasado apenas dos horas desde que despegó el vuelo del aeropuerto de Barajas, con 290 pasajeros. Un hombre de 70 años comenzó a sentirse mal y pidió ayuda a las azafatas. Tenía tos y problemas respiratorios, dos de los síntomas compatibles con el coronavirus. Dos médicos que viajaban en el avión se ofrecieron a atenderlo y terminaron salvando su vida. Ahora todos esperan una noticia: saber si tiene la enfermedad que tiene en vilo al planeta.

“Al comienzo estaba saturado al 66%, tenía liquido en los pulmones. Primero lo atendió el doctor Yair Atum. Le puso oxígeno y un diurético”, relató a Infobae Federico Riorda, un médico de la Fuerza Aérea que viajaba en el vuelo 1133. A partir de ese momento, los dos médicos trabajaron juntos.
El pasajero, identificado como Carmelo Giglio, no podía respirar. “Cortamos el diurético porque no se lo iba a aguantar el corazón. Le dimos corticoide y subió al 82% (se refiere a la capacidad del pulmón), en ese momento no estaba lúcido”, relató Riorda.
Los médicos decidieron hablar con el piloto del avión y juntos tomaron una decisión compleja: bajar a menos de 10 mil pies para descomprimir la saturización de los pulmones.
Para ese entonces, ya se había activado el protocolo dentro del avión. Los tripulantes repartieron barbijos entre los pasajeros. Una mujer se negaba a usarlo. Quería el modelo conocido como N95. Pasaron varios minutos hasta que decidieron obligarla a firmar una declaración jurada. Recién en ese momento accedió a ponerse el barbijo.
Giglio seguía luchando contra la muerte En su asiento, los médicos montaron una suerte de quirófano improvisado con todos los elementos que disponían.
Los pasajeros hacían preguntas pero nadie se movía de su asiento. Hubo una sola pasajera que pidió moverse de lugar. No quería estar cerca.
Giglio, se había ido de vacaciones a Europa junto a su mujer, su cuñada y su concuñado. Con la crisis sanitaria, decidieron suspender el viaje y volver a la Argentina.
Al llegar a Ezeiza, se activó nuevamente el protocolo. El hombre de 70 años fue subido a una ambulancia con todas las medidas de seguridad para ser trasladado al hospital de Ezeiza. Su mujer también fue llevada en ambulancia con un cuadro de hipertensión.
Luego bajaron los pasajeros con domicilio en la provincia de Buenos Aires y en el resto del país. Llamativamente, todos pudieron volver a sus domicilios por sus propios medios. Se subieron a taxis, remises y hasta micros.
Fuente: Infobae