Realidad Sanmartinense

Sanmartinense alegra los balcones de Valencia con su arte

Katalina Werefkin Maminska tiene 27 años. Es actriz, traductora y música. La pandemia la confinó en el departamento que comparte en Valencia, con dos españolas. En equipo, hacen espectáculos culturales que dinamizan la vida del barrio, y llevan momentos de verdadero disfrute al vecindario.

Desde ese 16 de marzo, el balcón del cuarto piso de la Calle Bilbao de Valencia se convirtió en el alma del barrio. “Fue algo que sucedió sin pensarlo: el segundo día de aislamiento, después de los aplausos en agradecimiento al personal de salud, Alba, una de las chicas con las que vivo, sacó su amplificador y su micrófono al balcón y empezó a poner música para los vecinos, y la respuesta fue muy positiva. Así fue como empezó”, cuenta Katalina.

De jueves a domingo, luego de las 20 horas, comienza en Bilbao el “balconeo”: los vecinos salen a sus balcones a compartir baile, música y diversión de la mano de las propuestas que hacen Kata y sus dos compañeras de piso: Alba y Patri.

“Ahora si no salimos a animar luego de los aplausos, los vecinos se nos ofenden. Vimos la alegría que generaba en el barrio y le fuimos dedicando más tiempo y armando espectáculos más trabajados. Hicimos un Instagram, “Calle Bilbao”, en donde se les propuso a los vecinos que mandaran canciones que quisieran escuchar, dedicatorias, chistes, textos, y se re coparon. Fuimos armando shows, y salieron propuestas como fiesta de disfraces, fiesta de pijamas, fiesta de burbujas”.

Y el efecto que tienen sus animaciones es tremendo: “Gracias a estas chicas del balcón de en frente estoy viva, porque dan una energía que dan ganas de vivir, estoy todo el día tumbada en el sofá y cuando empiezan los aplausos me pongo a cantar y bailar”, explicó Concha, una de las vecinas del barrio que expresó su agradecimiento al aire, en un programa de radio que entrevistó a las chicas. “Hemos tenido la suerte de tener esta experiencia con ellas, es el único momento de poder reír, bailar y desconectar. Ahora nos conocemos entre todos los vecinos”, expresó Félix, otro de los habitantes de la Calle Bilbao.

A los pocos días de que comenzaran los “balconeos” culturales, el ruido llamó a las fuerzas de seguridad: “Cayó la policía, en auto, se pararon en el medio de la calle, y miraron para nuestro balcón. Nosotras un poco nos asustamos, bajamos la música. Pero al toque todos los vecinos empezaron a coro: “Queremos música, queremos música”. Y la policía se metió en el móvil y se fue. Fue claro que el barrio defendía el espacio del balconeo”, cuenta Kata. Ella habla del “balconeo” como quien utiliza una palabra que ya es parte de su léxico, es que en lo que va de cuarentena ya han hecho más de 30 funciones.

Los juegos van surgiendo, y las dinámicas van tomando forma: “Ahora implementamos lo de copiar el baile de uno de los balcones mientras escuchamos una canción, y ese vecino después tiene el poder de pasarle la bola a otro balcón y entonces copiamos a ese otro. Nos divertimos mucho, bailamos, saltamos, transpiramos, la pasamos muy bien” expresa la sanmartinense; “se armó un vínculo de vecindad, de compañerismo. Estamos todos en la misma, encerrados y esto nos hace bien”.

“La más copada hasta ahora fue la fiesta de disfraces: algunos habían armado unos muy buenos. Obvio que al estar en balcones no podés llegar a verlos bien a todos, entonces lo de tener el Instagram ayuda mucho, porque nos mandan fotos y videos y podés ir viendo a cada persona. De repente llegan videos de un señor de 90 años bailando disfrazado, re contento, en su balcón. Es muy lindo lo que genera”.

Dibujo que les hicieron a las tres balconeras.

Y el “balconear” es de las cosas que acompañan a Kata durante este aislamiento, que genera una incertidumbre extra al estar sin trabajo y lejos de casa: “La primera semana me pegó bastante mal todo esto. Justo hacía poco había empezado a laburar en una escuela de verano, como profe de inglés. Me había encantado el ámbito de trabajo y me dejaba semanas libres para poder ir a visitar a Andrés, mi novio, que está en Holanda. La idea era en marzo encontrarnos unos días en Madrid, y en abril ir a visitarlo a Holanda. Todos estos planes se cayeron y fue bastante duro al principio”.

“Después me fui tranquilizando. Empecé a meditar, a hacer yoga, a dar clases online de inglés y francés y a meterle al estudio del curso de doblaje que estoy haciendo. Estoy al habla constantemente con Andrés, con mis amigas y con mi familia, y eso me hace muy bien”.

“Me mudé a este departamento el 1 de marzo, así que cuando se decretó el aislamiento hacía solo 14 días que vivía con mis compañeras de piso. Agradezco mucho las compañeras que me tocaron, son unas copadas. Con Alba tocamos la guitarra y cantamos juntas, y fueron saliendo canciones. Ya compusimos cuatro, inspiradas en la cuarentena, y la semana pasada se las mostramos en vivo en el balcón a los vecinos. El lunes, aunque no es día de balconear, los vecinos nos retaron a que les toquemos una de nuestras canciones que les había gustado, así que conectamos todo y lo hicimos”.

La cuarentena la llevó a reflexionar sobre algunas cosas: “Sentirme privada de mi libertad me hizo tener esa sensación de que no controlamos nada. Como que muchas veces postergamos cosas que queremos hacer, y en realidad después puede surgir una pandemia, por ejemplo, y ya no lo podés hacer. Entonces el momento es hoy. Creo que hay que realmente poner en la balanza lo que uno quiere y hacerlo”.

Es por eso que, cuando la circulación se vuelva posible nuevamente, sabe cuál será su primer paso: “Cuando termine la cuarentena mi prioridad número uno es encontrarme con Andrés”. El viaje continuará y lo que venga luego de eso irá tomando forma con el tiempo: “Quizás me vaya a Holanda y busque un trabajo ahí. También me ofrecieron un puesto de trabajo en un centro de niños con autismo, para laburar como profe, en Inglaterra. Son propuestas que están en el horizonte, aunque es muy difícil planificar en este momento. No se puede controlar nada. Así que voy viviendo el hoy y teniendo paciencia”.

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