La historia detrás de una tremenda foto, por Eliseo Miciu

Por Eliseo Miciu

Por años tenía pendiente una caminata con un amigo a este lugar. Cada vez que nos veíamos, nuestra conciencia nos acusaba del compromiso que pateábamos para adelante a causa de aburridos quehaceres diarios. Sin darnos cuenta, pasaron cinco años. Un día de otoño, mi estación favorita, me llega un mensaje proponiéndome salir ese mismo día para ese lugar. Sin dudarlo y cancelando otros compromisos más nuevos, arrancamos hasta un refugio cercano.

Al día siguiente, temprano, emprendimos una trepada abriendo picada con pendientes y precipicios a cada paso. Llegamos a la cumbre con mucho esfuerzo. No paré de sacar fotos en todo el camino hasta que empezó a nevar y la montaña nos obligó a bajar, tarea que no fue fácil. En la mitad de la bajada nos cayó la noche y encontrar las huellas y picadas se convirtió en un desafío que casi nos cuesta muy caro.

Otra noche más en el refugio, y retornamos a nuestras casas físicamente destrozados, pero con la certeza de que había hecho muy buenas fotos. Al llegar a mi estudio, antes de una ducha caliente, me fuí a bajar las fotos. Gran sorpresa me llevé cuando no estaba la tarjeta de memoria. Luego de revisar varias veces todos los lugares posibles, me desmoroné. (Es una de las cosas mas feas que le puede pasar a un fotografo. Una vez me robaron los equipos, y lo que más lamenté fue la pérdida de las fotos que nunca más vi). 

En dos días estaba anunciada una tormenta de nieve importante. No tenía idea dónde la pude haber perdido y estaba agotado. Sin embargo era más fuerte la idea que me taladraba la cabeza de haber perdido el tiempo y esas valiosas imágenes. Así que me dispuse a volver paso a paso por donde fuimos. Mi amigo ¨hizo el aguante´ y me acompañó. 

Luego de caminar con la vista en el suelo buscando esa diminuta tarjeta, llegamos a la cumbre y se adelantó la tormenta anunciada. Había llevado la cámara nuevamente para, aunque sea, tener el consuelo de alguna imagen. En el  último lugar, y ya abrigándonos para la bajada, mi amigo que no perdía la esperanza de encontrarla, me gritó desde cincuenta metros atrás, y cuando llegué de un salto, estaba la tarjeta en el piso ¡cubriéndose de nieve! Minutos después estaría totalmente tapada. Festejamos el hallazgo y otra vez la montaña nos corrió hacia abajo. 

Al llegar nuevamente lo primero que hice fue  bajar las imágenes y asegurarme de que estén bien guardadas. Fue una desilusión al ver las fotos de aquella tarjeta perdida, ¡no había ni una que me deje contento!… Pero al bajar la tarjeta de ese día que llevé la cámara solo como para consuelo, me encontré con una de las mejores fotos que realicé en el año: ¨Explorador¨, 2019, San Martín de los Andes.

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