Ayer comenzó una nueva exposición en la sala Lidaura Chapitel con obras de tres artistas locales: Malena Gaudio, Hernán Boan y Sergio Schmidt. Se podrá visitar de lunes a viernes de 16 a 19 horas.

La exposición contará con dos núcleos: uno compuesto por el diálogo de Zurcido, de Gaudio, con Luz y materia, de Boan; y otro conformado por El cielo está vacío, de Schmidt.
Malena Gaudio explica sobre su recorrido: “Dibujo para aprender del mundo que me rodea. Afilo la observación y voy incorporando de a poco la estructura de las cosas. Mancho para sentirme más libre, exploro los materiales y su fluidez, su interacción. La mancha deja plasmado un escenario de acción. El bordado une los dos mundos, replica estructura y fluye como mancha. Conecta, acerca, trae. Recupera. Me recuerda que somos parte de un todo”.
Hernán Boan reflexiona: “Los griegos, dice Shopenhauer, tuvieron la necesidad de llegar a los dioses. Pensaron, entonces, en consagrar su trabajo a representaciones dignas de un resplandor capaz de conmover a la divinidad. Una caricia dedicada a la materia que pudiera animarla, darle un alma, despojando a la materia de su materialidad. Esa ofrenda misteriosa logró eternizar la belleza que hoy nos conmueve desde los confines del tiempo. La materia resplandece en las pinturas como un llamado al tacto de los ojos que tienen alma”.
Sergio Schmidt dice en relación a El cielo está vacío: “Me gusta que las obras reflejen algo de lo que pasa en el taller cuando son creadas, construidas. Algo de los errores, de los caminos inciertos que transitan, de las dudas. Algo de la desprolijidad de lo humano, la mancha, el accidente. Me gusta que las obras convivan una al lado de la otra, me es difícil separarlas. Hay algo de continuidad entre ellas. A veces esa continuidad es clara, otras veces es casi imperceptible, pero siempre existe. Hoy libero algunas para que convivan, tensionen su presencia, se potencien o se destruyan mutuamente”.