A la memoria de Luz María Sapag
Llegamos a la costanera con la dotación sin saber bien dónde ubicarnos. No teníamos invitación específica, pero tampoco hacía falta, los bomberos, sus bomberos, queríamos despedirla y darle el último adiós junto al lago.

El muelle era un hervidero de gente y siempre pensando que pueden llamarnos de urgencia nos alineamos junto a la escalinata de la playa.
Para mí era la mamá de mi vecina Agustina. La abuela de uno de los amiguitos de mi hijo. Una señora buena, siempre de lentes oscuros, que estacionaba su auto frente al mío y me saludaba con la mano. Me costaba asociarla con esa mujer enorme que se puso al hombro San Martín de los Andes, la de las fotos en los diarios, la de palabra firme, la de la mirada clara y a futuro.
Nos quitamos los cascos cuando vimos el bote cruzar la bahía. Ahí nos tomaron la foto que acompaña esta crónica. El bote se detiene y entendemos que en ese momento se están esparciendo las cenizas de Luz María.
Saludo uno.
Cuando empieza la desconcentración y nos disponemos a subir al móvil se acerca una persona preguntando por el responsable de la dotación. Me presento y me dice que el Sr. Gobernador quiere saludarnos. Miro por sobre su hombro y lo veo a Jorge Sapag caminando hacia nosotros lentamente. En un momento gira y entiendo que pide que lo dejen solo porque la comitiva se detuvo de inmediato.
Me adelanto, lo saludo y le presento a la dotación que Claudio Dominici ya había formado delante del Móvil 16. Me dio un abrazo y agradeció nuestra presencia. Saludó a cada bombero y a cada bombera con afecto genuino, preguntándoles su nombre y nuevamente agradeciendo a cada uno.
Se fue caminando despacio, por Villegas. En la esquina de la terminal se le sumó el grupo que lo acompañaba.
Saludo dos.
Por Ing. Martín Comesaña
Las Crónicas Bomberiles son un homenaje a cada mujer y a cada hombre del voluntariado bomberil argentino.
Son historias reales vividas durante mi paso por el cuartel de bomberos de San Martín de los Andes. Algunas son tristes, otras son tensas, las menos son alegres. Un poco como el servicio bomberil.
Por razones obvias, en algunos relatos, evito dar precisiones de lugares y fechas. Que el dolor sirva para la historia y no al revés.
Quiero agradecer a mis camaradas por permitirme nombrarlos. Son la cara visible de un universo silencioso y aguerrido que está dispuesto a dejarlo todo para dar una mano al que lo necesita.
Por último, quiero agradecer a Realidad Sanmartinense por sumarse a este homenaje.
Ing. Martín Comesaña