Crónicas Bomberiles: Capítulo 6 «Pata de lana»

Los cuartos estaban arriba. Por las noches, junto a la puerta de la planta baja, dejaba las llaves de la camioneta, un jogging, un buzo y unas zapatillas. Subía, eso sí, con el handy. Lo dejaba a un volumen mínimo en mi mesa de luz.

“Bajás? Están llegando tarde!” Me despertó la voz inquieta de Mené en el hueco de la escalera. Salté de la cama y me tiré un poco de agua fría en la cara. Mi hijo me esperaba abajo con su mochila escolar resignado a perderse la formación y tal vez los primeros minutos de clase.

“Hubo dos salidas, anoche” fue todo lo que dije mientras apuraba el mate que me ofreció.

“Si dale, y yo no me enteré…” . Abrí la boca y la volví a cerrar. Hay batallas que se ganan huyendo.

En el camino Pablo me pidió que bajara un poco la ventana, que tenía mucho olor a humo.

Esa noche hubo dos incendios generalizados, uno a las 01:15 AM y otro cerca de las 04:00 AM. Cuando volví del segundo ya amanecía y pensé en bañarme y despertarlos con el desayuno, pero no me podía tener en pie. Me acosté así como estaba.

A media mañana Mené se cruzó con una de nuestras vecinas, que con cara de preocupada le preguntó por las sirenas de la noche.

“Sirenas? Yo no escuché nada!”

Claudia abrió grandes los ojos. Sonrío algo incómoda. “Duermen juntos no?”

“Si nena, por?” contestó Mené empezando a preocuparse.

“Dos veces salió Martín anoche… hubo dos toques de sirena”.

Mené la miró incrédula. Claudia pegó la vuelta hacia su casa y antes de entrar le gritó entre carcajadas:

“Pata de lana mi vecino eh?”

Por Ing. Martín Comesaña

Las Crónicas Bomberiles son un homenaje a cada mujer y a cada hombre del voluntariado bomberil argentino.
Son historias reales vividas durante mi paso por el cuartel de bomberos de San Martín de los Andes. Algunas son tristes, otras son tensas, las menos son alegres. Un poco como el servicio bomberil.
Por razones obvias, en algunos relatos, evito dar precisiones de lugares y fechas. Que el dolor sirva para la historia y no al revés.
Quiero agradecer a mis camaradas por permitirme nombrarlos. Son la cara visible de un universo silencioso y aguerrido que está dispuesto a dejarlo todo para dar una mano al que lo necesita.
Por último, quiero agradecer a Realidad Sanmartinense por sumarse a este homenaje.


Ing. Martín Comesaña

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