Cuando somos el soporte económico de una familia, pensamos en el futuro de quienes de nosotros dependen. Pensamos qué pasará con esas otras personas cuando ya no estemos. Quizás sea esta reflexión y la necesidad de garantizar ese futuro la que generó la aparición de los seguros de vida. Una especie de ahorro en vida que puede solventar la de nuestros los feudos cuando morimos. Una inversión con respaldo financiero.

¿Qué es un seguro de vida?
Cuando hablamos de un seguro de vida estamos hablando de una herramienta de protección. De acuerdo entre partes en el que un asegurado firma un contrato con una entidad aseguradora para que ésta cumpla con ese pago predeterminado en el momento que el primero muera o enferme. Y ese dinero está destinado a sus herederos legales.
Para el asegurado, proteger a sus seres queridos, sean hijos o pareja, reviste de mucha importancia. Se trata, ni más ni menos, de garantizar su porvenir cuando ya no esté o no pueda para mantenerlos económicamente. O cuando, por alguna causa indeseable, ya no sea capaz de generar ingresos. Por ese motivo, elegir y contratar seguro de vida no es para nada sencillo.
Consideraciones sobre el seguro de vida y su alcance
Como dijimos, un seguro de vida nos permite mantener los ingresos económicos de nuestro cónyuge o familia cuando ya no podemos hacerlo nosotros. Y esto se produce mediante un acuerdo entre el asegurado y el ente asegurador. Mes a mes, el primero le paga una cuota al segundo para que cubra nuestro riesgo de muerte o de enfermedad grave.
El monto de esa cuota está directamente relacionado con la edad y el estado de salud del asegurado, entre otros factores. Un adulto mayor con patologías preexistentes pagará una prima más elevada que una persona joven y sana. Esto se debe a que las entidades consideran mayor riesgo de muerte o invalidez en una persona de edad avanzada y enferma que en una menor y con una buena historia clínica. A mayor riesgo, mayor cuota.
Si bien se conocen como “seguros de vida”, también cumplen con la cobertura pactada en caso de que el asegurado sufra un accidente o episodio que lo deje inválido. Si esta discapacidad le imposibilita realizar la actividad con la que generaba ingresos, la entidad aseguradora debe responder a lo acordado al momento de contratar seguro de vida.
¿Cómo funcionan los seguros de vida?
La contratación de un seguro de vida es bastante sencilla. Primero se considera la edad del asegurado y la actividad que desarrolla y se analiza su historia clínica. En segundo lugar, se establece el dinero que éste quiere que cobren sus feudos. En función de estos criterios se determinará el monto que deberá abonar en vida.
En ese sentido, hay variantes notorias. No será igual el valor de la póliza del seguro de vida de una persona que se desempeña en una actividad de alto riesgo que de un asegurado que realiza tareas home office. Tampoco será igual el monto que le corresponderá pagar a un adulto mayor que a un joven en edad universitaria. Y, del mismo modo, la cuota va a variar si la persona sufre alguna enfermedad grave o si goza de buena salud.
Además, muchas entidades aseguradoras ofrecen opciones para circunstancias especiales. Por ejemplo, un asegurado puede elegir pagar el doble o triple de póliza para obtener una cobertura mayor en caso de sufrir un accidente. Puede optar por una prima más alta considerando su fallecimiento en simultáneo con el de su cónyuge. Y también puede solicitar un anticipo del capital cuando le diagnostican una enfermedad grave.
El cobro del seguro de vida comienza con la realización de la denuncia ante la entidad aseguradora. Si sufre un accidente o siniestro, la hará el beneficiario. Si éste fallece, podrán hacerla sus seres queridos. La entidad solicitará que se complete un formulario de datos y cierta documentación. Serán requeridos el certificado de defunción, los DNI de los beneficiarios y el acta de nacimiento o matrimonio o el certificado de convivencia, según el caso.