Este jueves por la noche, la obra de teatro físico «Living», ganadora del Selectivo Provincial del Instituto Nacional de Teatro 2025, tuvo su 30° función en Espacio Trama, bajo la atenta mirada de una sala llena de espectadores. Eran pasadas las 21:30hs, la noche cálida de verano acompañaba la fila de ingreso a la sala y el público se iba ubicando al azar, atento a las actrices que ya estaban en escena, ya en papel, ya ofreciendo algo en qué enfocar la mirada. Me senté al fondo, al medio, y pensé: ¿qué será el teatro físico?

A primera vista, una cuidada puesta en escena. Hay, efectivamente, un living armado sobre las tablas negras del escenario. Hay plantas. Hay sillones. Hay mujeres. Dos. Se parecen, aunque recuerden al negativo de una misma imagen, a los dos lados de una única moneda. Hablan entre ellas como si nosotros no estuviéramos intentando dar sentido a su discurso, aventurar conjeturas, adelantar expectativas. Entonces, de repente, la voz de Tita surge desde el cielo de la escena. Una voz conocida para muchos, nueva quizás para otros, pero una voz cargada de emoción, de presencia y de nostalgia, que rompe esa cotidianidad hogareña y se filtra en la garganta de las actrices. «No soy una mujer enferma, no, yo no».
Y empiezo a entender la parte física de esta obra. No dejo de prestar atención a esos dos cuerpos que se mueven en perfecta y espeluznante sincronía pero aún así parecen reaccionar espontáneamente al momento, a la necesidad, a la voz de Tita, al deseo, a la angustia, al enojo, a la risa, a la desesperación, la carencia, la insistencia, al agujero negro en la frente que deja el vacío de una ausencia. Cuerpos que hablan sin palabras, que narran tensión en una mano apenas estirada por delante de un cortinado, que se sacuden, saltan, corren, caen desplomados. De repente no se mueven y el público contiene el aliento. Un recuerdo interrumpe lo que parecía una discusión, una fuerte pelea cargada de violencia y peligro. La infancia, una abuela, una mascota, un debate sobre estrellas, se escuchan algunas risas. Ternura, amor, pasión. Ternura, amor, pasión. Ternura, amor, pasión.
Hace unas semanas, Bad Bunny hizo historia y dejó una frase enorme: «Más fuerte que el odio es el amor», y el mundo se hizo eco de la carencia, de la supremacía de la violencia por sobre la ternura, de la falta global de amor. En «Living», esa falta se vuelve búsqueda, indagación, minuciosa transposición palabra-cuerpo, emoción-cuerpo, exposición cruda y visceral de todo el conjunto de sentimientos que se encadenan dentro de una persona constantemente, que trenzan recuerdos, anécdotas, dolores, miedos, realidades, apegos, y explotan.
«Living» es, sin duda, una obra que sorprende, que sacude y deja en cada espectador conclusiones diferentes, por lo que no sería un mal ejercicio ir a verla varias veces, con personas distintas, y dejarse conmover, movilizar, y salir, de repente, con ganas de bailar. Quizás no sea la definición correcta de «teatro físico», pero me parece que es ese tipo de obra que te deja cosas sucediendo adentro de tu cuerpo. Vayan al teatro. Vivan la experiencia. Nadie sale siendo el mismo.
Ficha técnica:
CREACION COLECTIVA: Ayelen Ramirez, Stefania Mateu, Yannick Du Plessis
DIRECCION: Yannick Du Plessis
INTERPRETES: Ayelen Ramirez y Stefania Mateu
ASISTENCIA COREOGRAFICA: Noelia Meilerman
DISEÑO DE LUCES: Laura Saban
ASISTENCIA TECNICA: Ailín Videla
PRODUCCION: Soledad Brizuela