Nota publicada en dmujeres.com.ar
Muchas veces, las personas que han acumulado kilos de más, se sienten destinadas al destierro erótico. Creer que estar flacas y esbeltas propiciará una magnífica e inmejorable vida sexual es simplemente un mito, no obstante, nada hay de malo en preocuparse por adquirir una adecuada armonía corporal, ya que la obesidad y el exceso de peso, ponen en riesgo nuestra salud. Indudablemente, estar en forma genera bienestar, pero es erróneo considerar que un cuerpo delgado es la garantía absoluta de estabilidad emocional, autoestima y el éxito rotundo en el desempeño de la sexualidad. Pocas veces miramos a nuestro cuerpo como el producto de una historia individual evolutiva, más bien se tiende a sentirlo sólo en el presente como eje del dolor o del placer, o también desde una obsesión estética. No existe una buena relación sexual en sí misma por los efectos fisiológicos que ésta genera sobre el cuerpo, sino que esos efectos se producen a partir de la actitud de la persona con relación a la experiencia que está viviendo, que sintetiza su pasado y su presente, y le otorga sentido al acto íntimo. El cuerpo lleva una historia donde queda la impronta tanto de la ternura, de las caricias, como así también de la agresión, y son esas improntas las que a lo largo de la vida de una persona contribuirán, en el mejor de los casos, a la capacidad de recibir, de entregarse, de equilibrarse o armonizarse consigo mismo y con el otro, lo que finalmente pondrá en evidencia, de cuánto será capaz una persona de amarse y amar. Por todo esto, es que decimos que desde la mirada psicológica, poco tiene que ver el goce y el disfrute con la figura ideal, ya que quienes viven en plenitud su sexualidad, como sus vínculos, en general son personas con gran capacidad para la entrega, la comunicación y el contacto. El buen sexo como todas las cosas de la vida, depende de la calidad emocional del encuentro y no del número que arroje la balanza.
Lic. Patricia Pignato
