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¿Cómo parar la mente? Estrés y respiración

Por Gurú Banda Singh

Vivimos en un tiempo con nuevas tecnologías, la mayoría de ellas aplicadas a la comunicación, lo cual nos expone a una gran cantidad de información de toda índole. Si no tenemos una mente que pueda manejar toda esa información, se empieza a generar una tensión mental que acumula presión sobre nuestro sistema glandular, lo que termina afectando nuestra salud en general. Este estrés fundamental nos puede mantener en un estado de insatisfacción, confusión e irritabilidad. La tensión necesita ser diluida con algún sistema interno que podamos aplicar de manera práctica y orgánica. Si hay más tensión que relajación, se genera el estrés. La tensión no es mala, es necesaria. La usamos para que la acción que desarrollamos tenga un impacto y eficacia. Para movernos rápido, para cumplir con las expectativas. La cuestión radica en si podemos pasar de esa tensión a un estado de relajación física y mental cuando el trabajo está terminado.
La mente humana es muy poderosa, de hecho, la palabra “Humano”, viene de los vocablos “Hu” Halo y “Man” mente, “Human”: luz en la mente. Si no se controla, la mente es como un caballo salvaje al cual montamos hasta cuando dormimos, nos puede llevar a donde quiere e incluso hacernos caer y dañarnos. La manera más sencilla de lidiar con la mente es con la respiración. La mente sigue a la respiración. Cada estado emocional responde a un patrón respiratorio y la respiración se ajusta a un patrón mental que está enlazado con la postura física. Es un círculo constante y continuo.
Lo primero que podés hacer es observar cómo respirás. La manera correcta es que cuando inhalás, el ombligo vaya hacia afuera y cuando exhalás, el ombligo vaya hacia la columna. La respiración debería ser baja, umbilical y por la nariz. Algunas personas sufren de lo que se conoce como “respiración invertida”: cuando inhalan, el ombligo va hacia dentro y cuando exhalan, va hacia afuera. Esta respiración es corta y superficial, la sangre no recibe el suficiente oxígeno y el cerebro y pulmones no trabajan de manera óptima. Esto genera mucha ansiedad y propensión a las adicciones.
Te propongo un ejercicio muy sencillo ahí donde estés: enderezá la columna, llevá una mano al ombligo y otra al pecho. Observá la respiración. Inhalá por la nariz y llená la panza, exhalá por la nariz y llevá el ombligo hacia la columna. Lo podés repetir 5 o 6 veces o por tiempo, 2 o 3 minutos. Para hacerla profunda: al inhalar, llevá el ombligo hacia afuera y continuá llevando el aire hacia la parte alta del pecho. Cuando exhalás, el pecho baja lentamente y las costillas se contraen naturalmente, sin forzarlas, y la exhalación concluye llevando el ombligo hacia dentro. Esta última se llama respiración completa. Esto lo podrías realizar hasta que sientas un estado de calma.
El poder de tu comunicación, de tu profundidad, de tus relaciones, de tu proyección, de tus decisiones, de tu prosperidad dependen de tu respiración, de cuán larga, lenta y profunda sea. No es magia, es una práctica diaria. En el momento que sientas que tu mente está enloquecida, que salta como un mono enojado, ese es el momento para respirar conscientemente y observar a tu mente. Invitá de manera gentil a tu mente a que se acomode al patrón respiratorio consciente. Básicamente, si controlás tu respiración, además de reducir el estrés podrías controlar el rumbo de tu vida.

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