La muerte y la comprensión de nosotros mismos

Por Gurú Banda Singh-

La muerte es algo inevitable. Esto se puede abordar desde una óptica lógica o mística. Ambas convergen en la práctica. Desde la lógica en algún momento vamos a morir, no sabemos cuándo o dónde. Hay un punto final para nuestro tiempo en esta tierra. Desde el primer aliento que tomamos en el nacimiento empezamos a morir. La mayoría de las personas viven como si nunca fueran a morir. Hay un vicio de la postergación, de la negligencia y de la inconsistencia muy común. Hacemos cosas sin pensar en cómo van a afectar a nuestro entorno. Complacemos al momento con la excusa de las ganas. Como no hay una consciencia del final, nos distraemos constantemente y deliberadamente para pasar el rato. En general, no sabemos estar con nosotros mismos y por eso necesitamos el entretenimiento o a otras personas. Le damos un poder tremendo a los objetos y a las cosas sin tener en cuenta que los valores y las virtudes son un eje esencial para la dicha. El problema es que vivir sin el cabal conocimiento de la muerte es estar muerto en vida. No hay substancia ni nada sagrado si cada hecho es banalizado y creado desde la ignorancia de nuestra presencia fugaz y única.
Al no conocer la trascendencia y la marca que dejamos, la cuál es irrepetible, perdemos el tiempo. Digamos que no hay nada después de la muerte, que todo se apaga y nuestra originalidad se desvanece. Entonces podríamos vivir de 2 formas: como responsables de nuestra vida o como lo contrario. De todos modos vamos a vivir y como víctimas o responsables, vamos a morir. Cuando somos víctimas culpamos a todos y a todo: personas, circunstancias, tiempo, lugares, etc. Lo que nos pasa es culpa de los demás, nuestros sueños no se cumplen porque los demás no nos dejan, somos infelices por que la vida no fue buena con nosotros. Esta es una manera de vivir la cual deja miseria, dolor y caos a nuestro paso. Como responsables, como Maestros de nuestra propia experiencia, tomamos aquello que encontramos y lo mejoramos, luego lo compartimos con otro ser para disfrutarlo juntos. Se trata de dar, de entregar. De cubrir las faltas y no andar por ahí diciéndolo. El Maestro convierte todo en enseñanza y todo en aprendizaje. Recibe cada cosa con una fuerza y tolerancia infinitas y le da su “toque” magistral. Con esta forma de transitar todos pueden recordarnos, todos podemos beneficiarnos y las cosas mejoran, fluyen. Las opciones son, entonces, lo que dejamos para los que aún continúan respirando: miseria, dolor o felicidad y un legado. La manera responsable es algo que tiene realeza. Si vamos a estar un corto tiempo o un largo tiempo no es nuestra responsabilidad, sino lo que hacemos en ese determinado tiempo.
Desde la óptica mística, religiosa y oriental, como no sabemos cuándo vamos a morir debemos desarrollar una relación espiritual con nuestra muerte y así mantenernos alertas a lo que está sucediendo, dentro y fuera nuestro. La experiencia pura y sin tamices de vivir viene de estar alertas, de vivir cada acto cotidiano conscientemente. Es la actitud de maestría y gratitud. Las personas místicas se preparan cada día para ese momento en el cual hay un encuentro con lo Desconocido. Valoran cada respiración, cada momento. El alma, nuestro ser eterno, después que la energía del cuerpo es consumida, sigue su camino. La vida es un flujo infinito, expansivo y continuo. Se dice, desde el Kundalini Yoga, que nuestra Consciencia hace una evaluación de lo que se hizo y de lo que no hizo mientas estuvimos encarnados para elegir cómo seguir aprendiendo. La muerte se ve como volver a la Fuente Divina, y no es un proceso doloroso o conmocional, puede que haya algo de apego o de tristeza por esa persona que amamos, sin embargo, todo puede disolverse en el puro entendimiento e integrarse a nuestra experiencia vital para comprendernos mejor a nosotros mismos.

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