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Comunicación: ¿arte o desastre?

Por Gurú Banda Singh

Somos seres sociales. Nos comunicamos unos con otros y construimos nuestras vidas, desarrollamos relaciones y éstas, además, nos permiten crecer como personas. Ahora, a qué nivel nos comunicamos y qué comunicamos es otra cosa. Desde una concepción consciente de nuestra propia vida y de la del otro, deberíamos poder comprender y tolerar a la otra persona para que la conversación, por más casual que sea, tenga un significado positivo en la vida de todos. Lo que comunicamos debería ser directo y simple, sin ser hiriente o superficial.
Muchas religiones y caminos espirituales consideran que el chisme, la calumnia y el hablar sobre debilidades con el único fin de llamar la atención o generar tema de conversación nos envenena y crea relaciones emocionales negativas y tóxicas: con hogares rotos y una sensación de vaciedad enfermiza.
La mayoría de nuestros problemas tienen raíz en la calidad de la comunicación. Muchas relaciones han terminado por una palabra mal puesta o falta de entendimiento mutuo. A veces pensamos una cosa, decimos otra, queremos decir una diferente y la otra persona entiende una completamente distinta, este tipo de interacción genera mucho dolor. En principio, cuando nos comunicamos, tenemos que crear el espacio para que la otra persona pueda comunicarse, y además para que nosotros podamos comunicarnos de nuevo. Es positivo no decir una verdad si sabemos que va a dañar. Segundo, lo que digamos tiene que ser respaldado por nuestra mente, cuerpo y alma. Es decir: ¿Somos capaces y estamos dispuestos a vivir y a morir por lo que manifestamos? Si esto está presente, lo que hablemos necesariamente tiene que ser verdad más alta, tiene que ser noble, tiene que reflejar nuestro compromiso y tiene que ser positivo. Ya que, de hecho, tendremos que experimentar todo eso. Así de sagrada es la palabra.
Es una bendición encontrar a una persona que dé su palabra y la respete. Que a su vez sea flexible y comprensiva. En el común de las situaciones, la palabra se utiliza para conseguir algo del otro. Por ejemplo: dos individuos se conocen, uno de los dos quiere tener sexo, entonces en vez de decir “quiero sexo” dice “te amo”, la otra persona se siente complacida y decide acceder. Ese “te amo”, nacido de una excitación temporal, física, mental y emocional es puramente extorsivo y dicho con una intención diferente a la necesidad original, nada tiene que ver con el amor. Además, esas dos palabras no podrán ser sostenidas infinitamente ya que no están comunicando la realidad fundamental de que lo que se quiere conseguir. Cuando engañamos nos engañamos automáticamente.
El Maestro de Kundalini Yoga, Yogui Bhajan, ofrece una técnica para mejorar la comunicación:
Mientras hablás, presioná el dedo meñique y el pulgar de ambas manos. Ya que el meridiano de la yema del meñique estimula y controla la comunicación. El meridiano del pulgar está relacionado con el ego y el intelecto. Otra cosa que podría ser útil es analizar si lo que vamos a decir es un chisme, una calumnia o una interpretación subjetiva sin basamento en hechos concretos. Si es así, es mejor quedarnos callados. Por último, ser conscientes y responsables de las palabras que usamos, ya que ellas crean nuestra realidad, viven para siempre y forjan nuestro destino.

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