Hace unos fines de semana, compañeras participantes de distintos espacios -Agrupación de Géneros La Maroma, Socorristas en Red, Agrupación “A Despatriarcar y Decolonizar los feminismos”, Red ESI, MOI y compañeras independientes-viajamos al 31° Encuentro Nacional de Mujeres, realizado en la ciudad de Rosario, Santa Fe.
Allí, nos encontramos con otras 70 mil compañeras de distintos puntos del país, que luchan desde partidos políticos, agrupaciones, organizaciones sociales, sindicales. Que son docentes, amas de casa, emprendedoras, activistas, comerciantes, cocineras, escritoras, artistas, desocupadas, estudiantes. Algunas militantes con trayectoria y otras con primeros acercamientos al feminismo, mujeres de distintas edades que viajan desde hace años, que ya acumulan un par de encuentros o que es la primera vez que viajan, con múltiples identidades sexuales, genéricas y deseos diversos. Y lo increíble es que a todo le caben muchísimos etcéteras: todas esas experiencias, historias y contextos estuvieron juntas en un mismo espacio-tiempo. Todas unidas en el sentimiento hecho acción, en la idea de que la organización es la única y poderosa herramienta que va a transformar nuestra posición en este sistema.
Desde hace 31 años, los Encuentros de Mujeres se destacan internacionalmente por carácter federal, democrático, pluralista, horizontal. Se trata de tres jornadas donde las mujeres se reúnen para debatir, reflexionar, opinar, dialogar, expresar, generar lazos y llegar a acuerdos sobre las formas de lucha y de organización que se pueden desarrollar en los espacios de pertenencia de cada una, entendiendo que los procesos personales son siempre políticos.
Quienes viajamos participamos de diferentes talleres, festivales y actividades culturales, ferias, encuentros informales, procesos que culminaron en una multitudinaria marcha de más de 40 cuadras que reunió –según se estima- a 120.000 mujeres.Una caminata que reunió reclamos, alegría, rabia, gritos, cantos, compañerismo, hermandad, furia y sororidad. Un tránsito que exigía –entre otras cosas- la despenalización y legalización del aborto, el aumento el presupuesto para políticas públicas relacionadas con cuestiones de género, la eliminación del sistema machista que nos violenta todos los días, el fin de la complicidad judicial y policial para condenar estas cuestiones y la posibilidad de ser en este mundo de la forma que más nos dé placer.
En este tránsito, cuerpos y subjetividades, paredes y calles se hacían eco de estas cuestiones, hasta que al llegar a la Catedral, un sector dela manifestación dirigió su reclamo a la Iglesia en tanto institución cuyo peso en el entramado político impide el avance de ciertos derechos fundamentales. En esta secuencia, efectivos policiales allí montados dispararon balas de goma y tiraron gases lacrimógenos contra las mujeres y compañerxs de Prensa, accionar que devino en más de una decena de personas heridas. Por lo tanto – y por segundo año consecutivo- la marcha se disolvió antes del punto de llegada acordado debido a una represión que cobra sentido cuando se la entiende como parte de un engranaje que considera peligrosas a las mujeres que expresan su furia pero que no condena, repudia y rechaza a todxs aquellxs que dan forma –con sus cuerpos y acciones- al sistema machista en el que estamos inmersxs.
Los días siguientes al Encuentro estuvieron signados por críticas y repudios virtuales constantes a las pintadas realizadas durante la marcha y a los “incidentes” –como titularon los medios masivos de comunicación- en la fachada de la Catedral. También en estos últimos días ocurrieron hechos terribles, que no pueden pensarse por fuera de los procesos mencionados y que se suman a una lista interminable y constante de asesinatos y violencias a mujeres: entre otros terribles casos, una madre asesinó a su hija por ser lesbiana, dos chicas fueron acuchilladas y aparecieron dos mujeres asesinadas: una tirada en una caja y otra en un salita, en un intento de borrar las huellas de un femicidio por empalamiento. Todo en menos de una semana, todo en un sistema que se retroalimenta para incumplir sus deberes y depositar las culpas en la víctimas.
Ahora bien: nada de esto es casual. No fueron hechos aislados, ni perpetrados por seres inhumanos. El Encuentro, la represión, los femicidios y las violencias forman parte del mismo entramado: un sistema patriarcal -que estructura todos los niveles sociales, económicos, culturales y políticos bajo el dominio masculino- y un sistema machista-que suma a este dominio la idea de que el varón posee cierta superioridad sobre la mujer y un derecho implícito para disponer de los cuerpos y las vidas de ellas, tal como se explicita en los casos mencionados.
Por todo esto, y ya de vuelta, reivindicamos más que nunca los espacios de encuentro, de debate, de escucha, de toma de palabra y de ocupación del espacio público. Exigimos el respeto por nuestros derechos y la garantía de su ejercicio pleno. Y sabemos, porque lo vivimos, porque lo escuchamos, porque lo compartimos- que la organización es lo único que nos va a salvar. Ya estamos empoderadas. Y ya nos encontramos.
Para compartir personalmente esta experiencia y conversar sobre la importancia de estos encuentros, invitamos a todas las mujeres que quieran acercarse a la Plenaria que va a realizarse el día sábado 29/10 a las 11.30hs en la Biblioteca Ruca Trabún.
