Icono del sitio Realidad Sanmartinense

Juguemos al oficio mudo: Crítica de Emma

Emma (Argentina-España/2017). Guión y dirección: Juan Pablo Martínez. Elenco: Germán Palacios, Sofía Rangone, Jazmín Stuart y Ezequiel Díaz. Fotografía: Adrián Lorenzo. Música: Federico Travi. Edición: Javier Favot. Dirección de arte: Valentina Dariomerlo. Sonido: José Caldararo. Distribuidora: Primer Plano. Duración: 76 minutos. Apta para mayores de 16 años. Comentario: Lo mejor de Emma es el tráiler.

Según la sinopsis argumental nos cuenta que Juan trabaja en una mina de carbón (supuestamente en Río Turbio). Anna que ha sufrido un accidente (supuestamente con su auto) y padece la desaparición de su esposo (supuestamente la única persona en el país que ella conocía). A su manera, ambos (Juan y Anna) viven aislados de todo y de todos y ese accidente en el medio de la Patagonia los une. Así comienzan, muy lentamente, (tediosamente) a construir una relación. Quizás su soledad y desconexión del mundo les permitirá salvarse mutuamente. Si Juan Pablo Martínez hubiera filmado la película en 35mm el productor le hubiera cortado los huevos, pero como se graba en digital puede durar una eternidad cada toma o escena y nadie se molesta. El jueves 15 a las 20.30 hs se proyectó la producción nacional Emma con una asistencia de 13 espectadores (originalmente eran 15 pero a los 20 minutos se fueron dos personas que estaban detrás mío que no soportaron una película para nada creíble, absurda y un verdadero plomazo. Los críticos en plan de un análisis psicológico interpretan que la soledad de los personajes es un reflejo de la soledad de la Patagonia. Juan Pablo Martínez nos hace una propuesta: jugar al oficio mudo. Los personajes. Germán Palacios y Sofía Rangone (Mejor actriz principal en una película de lengua extranjera en el Festival de Niza 2017) hacen acciones (algunas atrevidas) y el público tiene que adivinar de qué va la cosa. Para colmo el director no nos pone en autos, como diría un fiscal, porque los protagonistas no tienen antecedentes; son como marcianos recién llegados a la tierra. Adrian Lorenzo no se destaca precisamente por la fotografía y en una de las tomas en que hay un negro profundo dado que está anocheciendo, se nota el pixelado como si se hubiera grabado con un celular. El director se regodea filmando en planos detalle las tareas que Anna hace en su casa; tirar los restos de una comida a la basura, lavar los platos, poner jabón en polvo en el lavarropas. Lo único que le faltaba era tender la ropa y hubiéramos tenido cartón lleno. El editor Javier Favot dejaba correr en la mesa de edición una toma elegida mientras se servía un café en el expendedor automático y cuando regresaba pegaba la siguiente que corría mientras Javier revolvía el café. El sonidista José Caldararo se dedicó a registrar los sonidos del silencio. Lo dije cuando escribí la crítica de Alanís: el nuevo cine argentino es un bajón. En fin, si va a ver Emma lleve una almohada porque en la sala auditorio del Centro Cultural hay una temperatura agradable y se puede dormir sin frazada.

Salir de la versión móvil