Pablo Ramírez este año va a correr su Tetra número 30. Vive en Las Taguas y nació en Piedra Pintada, un paraje que está a unos 40 kilómetros, hacia el campo, de Piedra del Águila. Pero cuando tenía cuatro años llegó con su mamá a vivir a San Martín de los Andes, a la casa de su tía. “Mi mamá se casó con Horacio Curruhuinca, mapuche, que me enseñó a trabajar y me mandó a la escuela”. Se crió en Pil Pil junto a sus 9 hermanos, de los cuáles él es el mayor, y, según nos cuenta, tuvo una infancia dura, muy sacrificada, pero que siempre con trabajo y esfuerzo lograron salir adelante.

“Nunca conocí a mi padre, nunca lo busqué, porque Horacio fue el que me crió y me enseñó todo lo que sé sobre el campo y la montaña. Me gusta el deporte. Jugué muchos años al fútbol y después me dediqué a las pruebas combinadas. Tengo un hijo y una hija, y con mi señora debemos estar juntos desde hace unos 30 años”, comparte Pablo, quien recibe a RSM en su casa, junto a Carli Romero, quien también fue corredora del Tetratlón de Chapelco, que se disputa el próximo sábado en la ciudad y el cerro.
Muchos conocen a Pablo porque lo ven ir y volver con la camioneta de Paihuén llevando y trayendo pasajeros. Pablo comenzó a trabajar en ese resort de montaña hace 32 años, en 1987, cuando se estaba construyendo, y en el ’89 empezó a trabajar en el mantenimiento del complejo turístico. El antiguo jefe le hizo un contrato por tres meses que nunca llegó a firmar y hoy está todavía allí, trabajando a pleno, a tres años de su jubilación.
Pablo Ramírez fue uno de los primeros en correr el Tetra de Chapelco y sin dudas el que más veces participó en él. Hace cinco años recibió un reconocimiento por cumplir los 25 años de Tetra y sin pensarlo, esta próxima edición lo encontrará transitando otra vez esta prueba que, piensa y comparte, tal vez sea la última. “En el año 91 me animé a correr el Tría Aniversario que organizaba Ricardo Taddeo, mi patrón. Aprendí a remar, lo básico, y con indicaciones de mis amigos fui mejorando. Me fue bien y entonces me animé a correr mi primer Tetra”.
“Fue dura esa primera vez y creo que entré en el puesto 20”, dice Pablo y agrega: “En esos años el pueblo colaboraba y se abocaba al Tetra, todos voluntarios, para dar una botella de agua, para estar en los puestos, y el cariño y el aliento que la gente le da uno, en cualquier parte de la montaña, es invalorable. Y ya estamos a unos días de largar el 30 y pienso que para mí está bien así, porque nunca pensé en llegar tan lejos. Es una carrera muy linda, muy dura, del pueblo. Son tantos años, tantos recuerdos… Pero ahora quiero que llegue la contada cero y largar”.
Pablo explica: “Lo más grande es una vez que pisás el asfalto y ves la llegada allá. Creo que son 10 corredores los que pelean la punta, pero después, todos los demás, cuando llegamos, nos sentimos que lo hemos ganado y la emoción es muy grande”. Después asegura: “Siempre traté de hacer las cosas bien. Es un sacrificio porque aunque nieve, llueva o haya sol, uno tiene salir a entrenar. Trabajo, voy al gimnasio, vengo a casa a estar con la familia, corto leña, le doy de comer a los animales y a veces salgo de noche a correr por la ruta o a caminar con raquetas”.
Con emoción recuerda: “Siempre hubo alguien me dio una mano. No me gusta pedir y tuve la suerte de que siempre me ayudaron: somos muy amigos con Ramón León, con quien nos conocemos de pibes y jugamos al fútbol juntos, mi hija que me apoya en lo económico, mi mujer que ya está cansada de lavarme la ropa toda embarrada de cuando vuelvo a entrenar; Marcelo Parada y Gabriela Azcárate, que muchas veces me dieron libre la inscripción, o Jesús Ibáñez también cuando estuvo como director de la prueba. Siempre Ricardo Taddeo, y quien fue su esposa, Raquel, que fue una maestra para mí, tanto en el trabajo como en manejarme con el turista y que hace 13 años que falleció. Siempre me ayudaba: un par de zapatillas, una cubierta, un piñón. Me decía andá, comprate, y ponelo en la cuenta de Paihuén… De todo eso uno no se olvida”.
RSM: ¿Qué consejos les das a los que recién empiezan?
Pablo Ramírez: A los que están empezando les digo que esto no es fácil, es duro, pero hay que tener constancia y saber que con sacrificio todo se puede. Yo arranco a las 6 de la mañana y cuando llego a casa a la tarde me pregunto, ¿qué hacemos? ¿nos quedamos a tomar mates y a comer tortas fritas o vamos a entrenar? Y bueno, ¡salimos! Es importante saber que es un desafío con uno mismo. Correr el Tetra sabiendo que llegar a la meta es el logro más grande.
Pablo agrega: “Gracias Leo por estar en mi casa, por haber venido, parece que te trajo la nieve (se ríe). Gracias a la Dirección de Deportes que me ayudó con la inscripción, a la gente del Cerro que me presta los esquíes. Como te dije, siempre hay gente que ayuda en esta carrera. Gracias a San Martín de los Andes, mi pueblo, que lo tengo en el corazón y me siento su hijo. Sepan que la tranquera está siempre abierta y que un amargo siempre va a haber.
Producción y fotos: Leo Casanova
Textos: Fernando Sánchez