Por Ana María de Mena (*)
Dos años después de fundada San Martín de los Andes, el sacerdote Zacarías Genghini informaba a su superior, Mons. Juan Cagliero, que realizó varias misiones en el flamante pueblo y en 1912, en su visita a Junín de los Andes, el superior provincial de los salesianos en la Patagonia, Pbro. Luis Pedemonte, dejó escrito en el Libro Inspectorial la necesidad de construir una capilla en San Martín de los Andes.
Al año siguiente, cuando Cagliero visitó el poblado próximo al lago Lácar junto a los sacerdotes Zacarías Genghini y Domingo Milanesio, fueron recibidos en el Regimiento 3 de Caballería, por el Tte. Cnel. Celestino Pérez, quien ofreció las instalaciones para que los clérigos cumplieran su cometido. Así fue que durante una semana instruyeron a soldados y pobladores, bautizaron, ofrecieron oficios religiosos y bendijeron uniones matrimoniales. Celestino Pérez fue padrino en varios casos.

Los curas se retiraron entusiasmados por el buen recibimiento que les habían ofrecido, según relata el sacerdote José Beraldi, que formó parte de la comitiva religiosa, quien en sus informes ofreció interesantes detalles de esa visita.
Fue Milanesio quien envió una carta a la Comisión de Fomento solicitando autorización para contar con ladrillos para levantar el templo. Su pedido no fue cumplido, pero periódicamente “el P. Zacarías venía a brindar asistencia”, dice Adalgota Mash de Torres en una entrevista de 1997.
En 1920, cuando el Obispo de Cuyo -jurisdicción católica a la que pertenecía la actual provincia del Neuquén- Monseñor José Américo Orzali, visitó la localidad, dejó asentado en el Libro Inspectorial que: “No debe retardarse y debe realizarse la fundación de las capellanías de San Martín de los Andes y Zapala”. Tiempo después se formó una Comisión Pro Capilla integrada por vecinos sanmartinenses.
El edificio
Seguramente hubo una convocatoria con detalles de la construcción que se requería, porque Don Luis Lerín presentó dos presupuestos en los que mencionó “el pliego de condiciones y planos” y ofreció “construir la obra cobrando por mano de obra, clavos y demás ferreterías”, pero aclaraba que en el precio: “no están comprendidos los vidrios y las pinturerías”.
Finalmente, la Comisión optó por una de sus ofertas y Lerín, que inició la construcción entre agosto y septiembre de 1922, levantó el templo en madera de raulí proveniente del aserradero de Rancho Quemado, según contaba su hijo Gastón (1). Si bien los vidrios se compraron aparte, los colocó y donó la mano de obra.
Utilizó el sistema balloom frame, frecuente en las edificaciones de entonces, paredes con estructuras verticales que soportan las cargas y elementos horizontales que mantienen la rigidez del conjunto. Los muros fueron cubiertos en el exterior por tablas traslapadas y en el interior por tablas machihembradas. Constaba de una sola nave.
El techo a dos aguas era de tejuelas de madera de alerce y la cumbrera remataba con una cruz. En la fachada, bordeando las dos líneas del techo, una cenefa marcaba el sector de la nave. Ornamentación parecida tenían las instalaciones del Regimiento, como puede verse en las fotografías de entonces.
El ábside donde funcionó la sacristía se construyó posteriormente. Debió ser entre 1936 y 1938 aproximadamente, porque no se observa en las fotografías anteriores a esos años y no hay documentos que lo informen. El campanario exento consistía en dos postes unido en la parte superior por un travesaño de donde pendía la campana.
Fernán Félix de Amador señala en su “Reseña histórica de San Martín de los Andes”: ‘El 22 de abril de 1923 se celebra la fiesta del Patrocinio de San José; con un día hermosísimo, oficiándose la misa a las ocho con veinte primeras comuniones’. Fue el sacerdote Pedro Bonacina quien bendijo el templo y tuvo a cargo la celebración.
Lugar de encuentro
Los primeros sacerdotes que llegaban a ofrecer servicios religiosos procedentes de Junín de los Andes fueron los citados Genghini y Bonacina. Más adelante lo hicieron Ludovico Pernisek, Raúl Gruslin, Ginés Ponte y Alcides Gayone. Lo hacían a caballo los primeros tiempos. En el libro “El sabio que murió sentado” de Vïctor Sulcic, su autor relata el diálogo que mantuvo con su compatriota Pernisek, en el que el cura cuenta las experiencias de sus viajes desde Junín de los Andes a caballo, luego en sulky y después en un vehículo Ford “que las buenas almas” a las que asistía espiritualmente le habían facilitado.
Inicialmente viajaban cuando podían por las huellas de ripio. Fue Raúl Gruslin el primer sacerdote que concurrió regularmente los domingos y fiestas de guardar.
Todos los clérigos eran salesianos de Don Bosco y se hospedaban con familias cristianas que les ofrecían albergue y en el hotel Lácar, donde solía haber una habitación que Don Carlos Weber disponía para alojarlos.
Don Guillermo Alder tocaba el armonio para acompañar las celebraciones. Bautismos, comuniones y matrimonios contaron con la música surgida de sus interpretaciones.
Otros sacerdotes que oficiaron en el templo fueron los cistercienses Gregorio Raceli y Rodolfo Bodefel. Hacia los años 40 llegaban Raúl Gruslin y José Garnica; este último se radicó al promediar la década. Para entonces se habían ampliado las instalaciones de la capilla que contaron con una habitación para la atención administrativa y vivienda del sacerdote.
En 1945 Mons. Adolfo Buteler del Obispado de Mendoza al que pertenecía la localidad que aún formaba parte el Territorio Nacional y no había sido creado el Obispado de Neuquén, dispuso la separación de San Martín de los Andes de la jurisdicción de Junín de los Andes. Desde entonces es parroquia.
La solidaridad y devoción posibilitaron que en la capilla se reunieran las Hijas de María Auxiliadora, agrupación de vecinas que trabajaban para ayudar al prójimo necesitado. También dio espacio para la formación del Coro Santa Cecilia. Las familias Alder, Torres, Schroh, Contreras, Cecheto y otras recuerdan el paso de alguno de sus integrantes por el mismo.
Garnica ejerció su función hasta 1968 en que lo sucedió el recordado P. Enrique Olivares. Para esa época se habían iniciado actividades en pos de la construcción de una iglesia de mayores dimensiones.
La última misa se ofició en 1979, poco antes de la inauguración de la Parroquia San José, situada a pocos metros de la antigua capilla. La edificación estuvo cerrada tres años hasta que, por diversas gestiones e iniciativas, dio lugar al teatro que lleva el nombre del patrono del pueblo.
En la memoria de muchísimos vecinos están los momentos vividos en la antigua capilla. Allí fueron bautizados y tomaron la primera comunión, se confirmaron y casaron. Allí llegó el primer Obispo de Neuquén Jaime de Nevares, allí rezó su misa inicial Mario Koessler, el primer sacerdote ordenado oriundo de la localidad.
Desde que abrió sus puertas el primer templo sanmartinense hace un siglo atrás, fue lugar de encuentro y hoy sigue siendo un sitio convocante.
(1) Entrevista realizada a Gastón Lerín por la autora y Franco Matighello en 2007.(*) anamariademena@gmail.com