Buenos Aires – La fiesta que se vivió antes de que los equipos salgan a la cancha no hacía pensar que terminaría como terminó todo. La última función de tres estaba en marcha, los equipos en el campo de juego y las tribunas repletas. Por momentos el griterío era ensordecedor, una vez comenzado el primer tiempo dentro de la cancha, el clima estaba caldeado y la presión desde las tribunas, solo traía confusión en los jugadores locales que no lograban llegar con claridad al arco contrario, pero sí mostraron cierta violencia al marcar a los jugadores rivales. El primer tiempo finalizó en cero y ahí comenzaba la debacle.
Si pensamos que en el fútbol doméstico hemos visto todo, cada fecha nos sorprende más y más, casi siempre para mal, para perder esperanzas por ejemplo de ver hinchas visitantes, para tener que hacer minutos de silencios con muertes absurdas, como las del jugador del ascenso donde murió por golpear su cabeza contra un muro. Somos mirados desde todos los lugares del mundo y cada vez logramos retroceder varios casilleros.
En el momento en que los equipos salían a la cancha para disputar la segunda etapa, los jugadores de River fueron cobardemente agredidos y atacados con un gas lacrimógeno, que hicieron que su físico esté comprometido para jugar un partido de fútbol. Varios de los futbolistas se vieron afectados y uno de los que peor la pasó fue Leonardo Ponzio. “Nos tenemos que ir a la mierda”, aseguró un exaltado Fernando Cavenaghi. Leonel Vangioni mostraba sus quemaduras, Ramiro Funes Mori se tiraba agua en los ojos, la camiseta de Jonathan Maidana mostraba los rastros del líquido naranja, muchas hablaban de quemaduras.
A partir de ahí una serie de hechos bochornosos entre protagonistas, hinchas, policías, etc. En un momento Rodolfo D´Onofrio, presidente de River, se metió en la cancha con la clara intensión de que el partido se suspendiera, lo que generó el enojo del cuerpo técnico de Boca. Un descontrolado Rodolfo Arruabarrena quiso ir a buscar al dirigente y lo tuvieron que parar. ”No puedo ver”, aseguró Funes Mori.
Después de más de horas, los planteles se retiraron de la cancha, los de River entre botellazos por parte de la parcialidad que ocupa la platea de vitalicios, los de Boca saludando a los de la «12» que se quedaron insultando.
Ahora bien, ¿quién fue el que tiró el gas pimienta? Las cámaras en un momento enfocaban a un hincha que según los comentaristas deportivos intentaban con un soldador quemar el acrílico que separa la manga del alambrado. Sin embargo, al parecer nada de esto sucedió. Sí se supo que algunos hinchas colocaron una bengala desde la tribuna, a la altura del ventilador, lo que generó el humo que irritó los ojos de los futbolistas visitantes.
El peritaje policial de la manga en la que fueron agredidos los futbolistas de River Plate determinó «prima facie» que el gas pimienta, que es un paralizante químico personal, que ingresó a la misma «fue lanzado desde el campo de juego», ya que en la parte posterior no se detectaron «ni tajos ni cortes». Esto condice con lo que se pudo reproducir cuando Chiarini, arquero suplente, culpaba a un policía a los gritos de haber sido él quien los «roció» con el gas pimienta.
Frente al escándalo, también entraron a la cancha Juan Carlos Crespi, vicepresidente segundo de Boca, y otro directivos de la institución.
Y «la frutilla del postre» para que todo sea aún más vergonzoso fue la aparición de un «drone», un artefacto tecnológico que vuela a control remoto, con un telar de la forma de un fantasma con la letra B -por el descenso de River en el 2011-, desde la tribuna baja.
La iniciación de la segunda etapa nunca se concretó. El árbitro Darío Herrera había suspendido el partido. Ahora todo quedará en manos del tribunal disciplinario de la Conmebol.
