La bestia o el humano

Por Gurú Banda Singh

El enojo nos separa de nosotros mismos como un muro ardiendo. En esos momentos en los que el enojo tiñe nuestros pensamientos, somos bestias emocionales: fruncimos el ceño, mostramos los dientes, gritamos, o simplemente nos tensamos silenciosamente como si un veneno paralizante nos recorriera las venas hasta explotar, es una reacción muy básica y animal. Pero definitivamente no somos nosotros. El enojo es la fuente de todas las enfermedades de la piel, del infortunio, de la tragedia, de las relaciones rotas y de la ignorancia.
El enojo viene del fuego. Tenemos dentro un calor interno, nuestra sangre es caliente. En sí, el fuego es una energía muy poderosa que nos da empuje, las ganas de vivir y la voluntad. Ese fuego interno purifica los alimentos de toxinas, nos revitaliza y nos levanta cuando todo parece perdido. Esa misma energía también puede convertirse en enojo y autodestruirnos si no la entendemos y usamos correctamente; es una cuestión de frecuencia.
En principio, cada vez que nos enojamos perjudicamos muchos sistemas del cuerpo: el sistema nervioso central, los órganos, el sistema inmune, el cerebro, todo se resiente; o sea que somos los primeros que lo sufrimos.

¿Pero qué hacer con el enojo?

No es buena idea negarlo o reprimirlo, tampoco sacarlo estallando contra otras personas o cosas.
Hay dos energías pilares en nosotros: la solar y la lunar. Podemos acceder a estas energías a través de las fosas nasales. Estas técnicas son antiguas y al menos pueden aliviar algunos estados emocionales.
La izquierda controla la parte lunar. Al bloquear la narina derecha con el pulgar o índice y respirar por la izquierda estamos estimulando a la luna en nosotros, la parte femenina, fría, receptiva e intuitiva. Por ejemplo: si te sentís enojada/o y con ganas de romper cosas, sentate en algún lugar, tapá la fosa nasal derecha y respirá largo y profundo por la izquierda. Tomate 5 minutos a reloj y sólo respirá por la izquierda con profundidad y atención en la respiración. Esto puede que no saque la ira de tu infancia, pero al menos va a cambiar algo en tu parte emocional del momento, quizás te sientas más aliviada/o, con otra perspectiva. Necesitamos sólo un momento para arruinar toda nuestra vida o destruir un corazón. Toma sólo un segundo – y una sonrisa o una palabra dulce – atraer todas las riquezas del universo hacia nosotros. No es que seamos malos o buenos, todos tenemos cualidades y debilidades, todos tenemos algo que ofrecer al mundo. El punto es no tapar nuestras fortalezas en una situación que las requiere. Podemos ser muy buenas personas, muy amables pero una circunstancia en la que erupciona nuestro volcán interno nos priva de toda esa bondad. En otras palabras, nos quita recursos, nos reduce el ángulo y nos limita.
Puede que haya otras vidas, puede que no, pero el sentido común me dice que la que importa es ésta que está ocurriendo ahora y aprovecharla o desperdiciarla en dramas es nuestra elección.

Descubre más desde Realidad Sanmartinense

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo