Crítica de «El Hijo»: Un excelente triller psicológico
Por Miguel Krebs
Título original: El hijo. País: Argentina. Año: 2019. Dirección: Sebastián Schindel. Elenco: Joaquín Furriel, Martina Gusman, Luciano Cáceres, Heidi Toini y Regina Lamm. Guión: Leonel D’Agostino, basado en el cuento Una madre protectora, de Guillermo Martínez. Fotografia: Guillermo Nieto. Música: Iván Wyszogrod. Edición: Alejandro Parysow. Dirección de arte: Daniel Gimelberg. Duración: 92 minutos. Apta para mayores de 16 años.

El Hijo es el resultado de la unión de dos intelectuales; el escritor y matemático Guillermo Martínez (ganador reciente del premio Nadal por la novela inédita Los crímenes de Alicia) y el director de cine Sebastián Schindel (Patrón, radiografía de un crimen). Es un excelente triller psicológico donde el director volvió a elegir el actor, Joaquín Furriel. (¿Por buen actor o por cábala?)

La historia gira alrededor de Lorenzo Roy (Joaquín Furriel) ex alcohólico y pintor bohemio que trata de reconstruir su vida, después de un matrimonio fracasado. Con su nueva pareja noruega Sigrid (Heidi Toini) buscan tener un hijo. Durante el embarazo, ella empieza a tener cierto comportamiento obsesivo y malicioso, que tensa la relación entre ambos. Con el nacimiento del bebe esa situación se agudiza y la relación entre ellos se deteriora más y se torna peligrosa. Nada más puedo contar respetando el género de la película.

En El hijo hay varias cosas que destacar, comenzando con el manejo de actores por parte del director, con un Joaquín Furriel que además de ser “fachero” (el día del estreno, el auditorio de Centro Cultural Cotesma tenía mayoría femenina) es un excelente actor (su personaje de Lorenzo es la antítesis del carnicero venido del interior en Patrón, radiografía de un crimen). Otros muy buenos actores acompañan la pareja, Luciano Cáceres (Lobos), Martina Guzman (La Quietud) y Regina Lamm (Corazón de León).

Por otra parte el director Sebastián Schindel ha conseguido que el espectador contenga la respiración por la forma de narrar la historia sin apelar a escenas truculentas. Empleó inteligentemente el recurso de las situaciones en off (todo lo público espera que suceda, no ocurre) dejando que el actor o el sonido nos transmita lo que no se ve (la secuencia del parto o la del final). Por otra parte desde el comienzo sorprenden las distintas escenas donde el público monta o edita en su mente la continuidad de la historia, igual que en La misma sangre (Miguel Cohan).

La fotografía de Guillermo Nieto contribuye a dar un clima de tensión y opresión resaltando los interiores de la casa donde viven Lorenzo y Sigrid. Esa casa inquietante, mezcla de frías paredes dañadas y la calidez de la madera, merece ser destacada por el trabajo de la ambientación de Daniel Gimelberg, director de arte. La música escrita por Iván Wyszogrod le da el toque final para completar el clima de suspenso.

Pero dentro de estas ponderaciones hay una secuencia que nos adelanta el final (sin caer en el hombre agredido a la salida de un cine en Hong Kong por spoilear la nueva entrega de ‘Vengadores: Endgame). Presten atención a la secuencia cuando Lorenzo le regala al hijo un perrito de madera hecho por él. A pesar de ser su segunda película, Sebastián Schindel egresado del ENERC donde cursó Dirección de fotografía, promete ser unos de los mejores directores del joven cine nacional


