Comenzando a sentir el Tetra de Chapelco: hoy le presentamos a Marisol Righetti, la corredora del Pueblo

Marisol está por correr su décimo Tetratlón de Chapelco consecutivo. Pero, en primera persona, eligió compartir con RSM la experiencia de lo que fue su primera participación en esta importante prueba combinada de nuestro país. Tiene 46 años, es de San Martín de los Andes y trabaja en el aeropuerto como observadora meteorológica. Son cuatro hermanos, dos de ellos se dedican al deporte y ella se consideraba “el ratón de biblioteca” de su familia. Curiosa, y queriendo reconocer la ciudad de otra manera, hace 11 años comenzó a practicar deportes de montaña, y desde ahí, no paró más.

De chica seguía al Tetra y lo vivía con mucha emoción. Se identificaba con su tocaya, Marisol Ibáñez, y se alegraba cuando la nombraban en la radio y hacía una buena carrera. Pero nunca se le pasaba por la cabeza que algún día sería ella quien lo correría. Para muchos, Marisol Righetti es la corredora del pueblo. Y ella también lo vive así: “Cuando empecé pude correr gracias a toda la gente que me ayudó prestándome el kayak o el carrito para llevarlo, o un amigo que me dejaba guardarlo en su casa, un esquí, una bici. El acompañamiento de la gente del pueblo no tiene precio”.

Mi primer Tetra en primera persona, por Marisol Righetti:

Quiero contarte cómo fue mi primer Tetra. Esa mezcla de emociones que no me dejaban casi mantenerme en pie. Mi euforia me salía por los poros, no me olvido más. Veíamos que íbamos a tener una meteorología complicada y así fue. La noche anterior cayó una gran nevada que no dio tiempo ni a pisar las pistas. Amaneció con un sol precioso y a lo largo del día se fue ocultando por las nubes que el viento trajo.

Se retrasó la largada, y los nervios y la alegría que tenía eran inexplicables. Eso hizo que pusiera mi bici en otro lugar que no era el que me correspondía. Por suerte alguien me avisó. Tal era mi ignorancia en lo que se refería a las carreras que me había puesto unas bolsa en los pies, arriba de las medias, para no mojarme. Pero terminé con los pies más que empapados.

Largamos y a jugar. Como había muchas partes de pistas con nieve en polvo sin pisar nos divertimos mucho. En el circuito de bici tuvimos que patear un montón ya que los senderos estaban imposibles de pedalear porque había nieve por todas partes. Esto nos ponía a todos en la misma condición: a los principiantes como yo nos daba la chance de estar dentro de todo el pelotón (obviamente a los punteros no los vi nunca- cuenta entre risas).

Llegué al lago cansada de pedalear y empujar la bici, pero el aliento de la gente tiene magia y te da tanta energía que recargas y seguís. Un “¡Dale Mari! ¡Vamos nena!» Es que en el Tetra la gente del pueblo sale a alentarte y ese es un condimento adicional que hace tan especial a esta carrera.

Y me subí a un kayak prestado que jamás había probado antes. En ese momento el lago estaba muy picado, había mucho viento y se dieron vuelta unos 20 competidores. Recuerdo que cuando me crucé con quienes me lo habían prestado, ellos volvían y yo recién iba, me gritaron: “Mari, no dejes de remar y mirá siempre para adelante”. Yo iba feliz sin saber que estaba remando en un kayak muy inestable y que por la suerte de los principiantes no me di vuelta y pude salir del lago y, emocionada, disponerme a correr.

Qué alegría era cruzarme a los corredores, ellos volvían y yo recién iba, pero para mí era “guau, ¡soy parte!”. Los senderos en algunos lugares tenían mucha nieve, pero sentí que flotaba de tanta emoción. Además, estaba en el mejor lugar, en mi casa, la montaña, que me reconecta. Y no me olvido más: escuchar la música me dio escalofríos. Cuando estaba terminando la carrera y un soldado me dice “ya estás”. Fue como un eco. Esas palabras las sigo escuchando.

Cómo se explica en palabras lo que se siente… En esos últimos metros mi pecho latía tan fuerte. Pasar el arco de llegada para mí fue el comienzo de una pasión que hoy sigo viviendo con solo oír el nombre “Tetra de Chapelco”. Comprendí que todos podemos llegar a hacer lo que soñamos. Yo no podía correr ni media cuadra hace once años y gracias a tantos seres generosos que creyeron en mí, incluso más que yo, y me enseñaron todo lo que se logra con la constancia, el trabajo y escuchando a los que saben, pude hacerlo. Me siento muy afortunada de haber encontrado mi pasión, de hacer lo que gusta en mi mágicas montañas que tanto amo.

RSM: ¿Qué implica en la actualidad el Tetra para vos?

Marisol Righetti: Todo. Yo no lo vivo como un sacrificio sino como una enseñanza; el poder superarme día a día. Fijáte, hoy me encontraste en el pie de la montaña con un frío bárbaro pedaleando con una sonrisa en la cara porque me encanta. Saco fotos, aprendo cada día de mis errores y lo paso muy bien. Al Tetra siempre lo voy disfrutando, no lo vivo como una competencia que es a matarse, sino que me encanta todo lo que compartís en cada entrenamiento previo, saliendo a correr o a remar con amigos, o rompiendo barreras ya sea con la propia cabeza o con la disciplina deportiva que te cuesta más.

RSM: ¿Cómo estás viviendo esta nueva edición?

Marisol Righetti: La vivo con mucha intensidad. Ya estoy nerviosa y empiezo a comerme la cabeza. La semana antes del Tetra la transito con una ansiedad terrible y mi hermana esa semana no me quiere ni ver. También es muy lindo encontrarte estos días con corredores que siempre vienen a correr el Tetra y ver cómo cada uno va creciendo. Es todo genial: la largada hasta que suena el listo y vas con todos los corredores; ahí entendés porqué estás corriendo. La llegada al pueblo con la música, con la gente, se te nubla todo y cuesta respirar. Llanto de alegría, siempre la familia y todos mis amigos esperando, para los abrazos. Uno corre con el pueblo que te alienta a lo largo de la carrera, ese “¡Vamos Mari!” que tan bien te hace y te ayuda a llegar. Por eso le agradezco a todo el pueblo, porque gracias a ellos yo soy corredora del Tetra.

Posdata de Marisol: Quiero agradecer a todos los profesores que desde el primer momento me llevaron de la mano cuando empecé con todo esto: Cristian Aprea, Facundo Romera, a Pablo “Pipi” Bascoy que me acompañó y estimuló siempre, a Eduardo y Facundo Quiroga, a Matías Molina, Ileana Sufen, Estefy Filiberti. Todos me apoyaron para ser lo que soy hoy corriendo el Tetra. A mi hermana Yanina me gustaría agradecerle porque con ella he compartido muchos momentos, algunos no han sido fáciles, pero logramos salir adelante. También a mi familia y amigos que fueron muy importantes para mi y me acompañan todo el año.

Posdata de RSM: Marisol está lista para correr su tetra número diez. Y el pueblo de San Martín de los Andes para alentarla hasta la meta una vez más.

Producción y fotos: Leo Casanova
Redacción: Fernando Sánchez

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