Ya están a mitad de camino entre su puerto de salida en esta inmensa travesía, Nuuk, en Groenlandia y lo que esperan sea su puerto de llegada, Nome, en Alaska, luego de atravesar el Estrecho de Bering. Los sanmartinenses Pablo Saad y Pablo Torres están por lograr la hazaña de unir por el Pasaje del Noroeste, en velero, el Océano Atlántico con el Océano Pacífico, transitando el Mar Glacial Ártico, cerquita del Polo Norte.

Serían los primeros argentinos en lograrlo y uno de los pocos navegantes en el mundo en conseguirlo. Pablo Saad ya lo había intentado el año pasado con su velero Anahíta, que quedó atrapado entre los hielos y se hundió. Ahora persigue nuevamente este objetivo con su nueva embarcación, Mandrágore, con la que está realizando una gran navegación.
Desde una base en medio del Ártico, que poseía internet, establecimos contacto y Pablo compartió con RSM: “El tramo entre Nuuk y el norte de Canadá fue largo, de unos seis días, hasta arribar a la bahía del canal Lancaster, el recorrido más boreal de toda la ruta que hicimos. Llegamos a tocar los 74 grados 40 minutos de latitud norte. Estuvimos allí muy poco porque había fuertes rachas y nos tuvimos que mudar”.
Luego agregó: “Dormimos un poquito, acomodamos el barco y seguimos. Fue un tramo con mucha neblina y un poco de viento. Se pudo navegar, pero tuvimos que hacer guardias muy cortas porque teníamos una visibilidad muy reducida, de a veces no más de una o dos esloras, no más de 50 metros. El barco avanza a 150 metros por minuto, así que no teníamos más de 20 segundos de tiempo para ver algo, tomar el timón y evitar una posible colisión. Teníamos que estar muy atentos”.
Pasado ese tramo, los sanmartinenses pudieron disfrutar de una seguidilla de hermosos días soleados, con poco viento y buena visibilidad. Las condiciones climáticas se convirtieron allí en la clave para transitar sin inconvenientes una zona de hielo marino, es decir hielos bajos, de un metro de altura como mucho, que el radar no detecta, pues los confunde con olas.
Realizaron dos parada más. Una en una bahía donde había un Lodge con carpas que se abre algunas semanas al año; y otra, flotando en el hielo, cuando estaban muy cansados y sin fuerzas para seguir adelante. Luego, en un pequeño poblado ubicado justo a la salida del canal en cuya entrada, con Darío, el año pasado, habían tenido el accidente con Anahíta. Allí conocieron y tomaron contacto, como lo han hecho durante todo el recorrido, con navegantes de distintas partes del mundo. En este caso con Randal, un navegante solitario estadounidense con el que fueron al rescate de una embarcación belga que tuvo problemas en su motor.
En esta última parada, y en función de que se anunciaban entre 24 y 36 horas de mal tiempo, los navegantes de nuestra ciudad aprovecharon para realizar el ingreso a Canadá, proveerse de alimentos frescos y agua potable, de combustible, así como también tomar una ducha y pasar por la lavandería, antes de reiniciar la navegación de lo que consideran ya como la parte menos compleja del pasaje.
“La mitad más compleja de la travesía, la de las latitudes más altas, ya la pasamos”, cuenta Pablo, y añade: “Estuvimos muy cerca del lugar donde nos rescataron el año pasado, pero no pudimos llegar hasta allí porque ese canal estaba cerrado por los grandes bloques de hielo”. En el plan de viaje prevén estar llegando a Alaska un poco más avanzado el verano, con algunos vientos fuertes que les llegarán de frente trayendo consigo tormentas antes de cruzar el Estrecho de Bering. “La gente aquí nos festeja como si ya lo hubiésemos logrado, dicen que la parte que nos falta navegar no tiene la complejidad de estas latitudes. Y ojalá sea así”, confiesa Pablo.
Sin duda uno de los platos fuertes de este tramo del viaje fue el avistaje que pudieron realizar de seis enormes osos polares. “Dos canadienses que hacen de soporte en tierra cuando se va a realizar este pasaje nos sugirieron que nos peguemos a la costa de la isla de Somerset porque a veces se pueden ver osos polares. Y así fue, doblamos la isla y vimos el primer puntito blanco”, nos cuenta aún con asombro Pablo.
“Nos acercamos a la costa y vimos al primer oso sentado sobre la playa, como un perro. Lo fuimos acompañando, nos miró, nos olió levantando el hocico igual que hace mi perra Laica cuando quiere identificar quién está haciendo asado en la zona. Estábamos maravillados. Seguimos navegando y fuimos viendo en cinco horas de navegación otros cinco osos. El tercero fue un nadador, estábamos en una zona de muchos trozos de hielo y parecía que uno de ellos se desplazaba. ¡Era un oso! Lo comenzamos a seguir manteniendo cierta distancia para no asustarlo porque los osos en el agua se sienten vulnerables.
Este año el clima fue más benévolo que el año pasado. Tuvieron días de 8 o 10 grados, con sol, y remera de manga larga en la cubierta. Todo indica que están por lograr una hazaña que quedará en la historia de la navegación de San Martín de los Andes y de nuestro país. Quedaremos a la espera de un nuevo contacto, con los audios de Pablo Saad y las fotos de Pablo Torres, esperando ya que las que compartan sean del arribo al puerto de Nome, en Alaska, con las buenas nuevas de haber logrado con éxito esta hermosísima aventura.