El empresario que estafó y se fugó, cayó gracias a los sucesivos llamados a comercios con delivery de comidas

En la mañana de este jueves en la Oficina Judicial Penal de calle Elordi se llevó a cabo la Audiencia de Formulación de Cargos. En teleconferencia con el juez Juan Pablo Balderrama, y con la presencia del fiscal Maximiliano Bagnat y del Defensor Oficial, Ignacio Pombo, Hernán Lussoro fue acusado de estafas y defraudación en varias oportunidades, violando diferentes artículos del Código Penal.

Foto: RSM

Empleados de los restaurantes La Posta Plaza y La Tasca y también algunos proveedores que recibieron una gran cantidad de cheques los cuales nunca pudieron cobrar, esperaban esta audiencia.

Allí, el fiscal Bagnat fundamentó la premeditación de la acciones de Lussoro al demostrar las actitudes previas a su fuga de la ciudad, la noche del 22 de abril, luego de Semana Santa. Antes de hacerlo ya había emitido 197 cheques sin fondos, mientras que su mujer, Verónica Bueno, firmó otros 80 cheques más también sin los fondos necesarios.

Luego de Bagnat, el defensor oficial no hizo uso de la palabra pero sí lo hizo el empresario, que entre otras cosas intentó justificar su accionar echando culpas a las consecuencias de la erupción del volcán Calbuco. También expresó que producto de la economía argentina debí vender abruptamente el negocio y volver a las casa de su padre, relegándolo a la condición de indigente.

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Luego de pasar unos días refugiado allí, alquiló una vivienda donde, durante cuatro meses, intentó mantenerse oculto ya que habría recibido amenazas de muerte. Logró ocultarse hasta que se libró la orden de captura, luego de que no se pudiera notificar de las causas en su contra por la Justicia.

Tras intervenir diferentes teléfonos, se pudo dar con su paradero gracias a las sucesivas llamadas a los comercios de delivery de comida y agencias de remises, los cuales realizaba desde la vivienda donde estaban él y su familia viviendo, en la localidad de Temperley.

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Para finalizar, Bagnat le explicó el riesgo de fuga que existía y por eso solicitó una medida cautelar que preveía una prisión preventiva de 30 días. El motivo fue que Lussoro habría mantenido contactos con el vecino país de Uruguay donde intentaría rehacer una nueva vida.

Balderrama dio lugar al pedido de prisión preventiva y estableció un proceso de investigación para un caso complejo como este de 6 meses. Dado que aún hay víctimas de estafas que no se han presentado ante la Justicia, el valor estimativo que se maneja podría condenar a Lussoro a un tiempo mayor al de 3 años de prisión.

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