Realidad Sanmartinense

Diálogos con Pablo Saad luego de la hazaña y con los pies en el Lácar

Cuando nos paramos en la orilla de un mar cualquiera nos sorprende su inmensidad, la bravura de sus olas en las costas un día de tormenta, el silencio en la noche. Imaginarse sobre un velero cruzando océanos hace enorme la proeza. Y crece la hazaña del sanmartinense Pablo Saad que ha transitado océanos, conocido puertos y culturas, que prevé para este año ir de México a la Polinesia. Además, logró el año pasado junto a otro vecino de esta ciudad, Pablo Torres, hacer un hito en la historia de la navegación a vela en la Argentina: fue uno de los primeros en nuestro país en atravesar el Pasaje del Noroeste, uniendo por el Ártico, cerquita del Polo Norte, los océanos Atlántico y Pacífico. Sin dudas, uno de los hechos deportivos más destacados del año que se fue.

Pablo Saad: Cuando conocí el mar para mí también era sólo eso. Una línea y el desconocimiento de lo que había más allá de esa línea. Para mí hoy el mar es una oportunidad. Lo veo como una puerta que me puede llevar a un lugar donde puedo conocer gente, distintos territorios, donde puedo vivir experiencias dentro de una actividad que disfruto mucho. Me gusta el encuentro con uno mismo cuando navegás en solitario. Me gusta el encuentro con el otro cuando navegás en dobles, porque es un momento de mucha intimidad y es una conversación diferente a la de la cotidianidad. Y sobre todo me gusta el encuentro con otros navegantes cuando llegás a un puerto.

Uno no navega solo para navegar. Navego para llegar a un lugar, para encontrarme con alguien, para conocer esas historias. En lo personal siento que el otro también navega para eso, porque los encuentros son en general muy receptivos, muy abiertos, donde ambas personas tienen ganas de intercambiar sus experiencias. Experiencias con mucha mirada hacia adentro, y con momentos a veces de alta tensión que para superarlos uno tiene que recurrir a algo que no sabía que tenía adentro. Y en esa exploración, al compartirla, muchas veces se apela a las palabras que recibimos de otros y eso también te ayuda a lograrlo. Y lo mismo le debe pasar al que te escucha contar alguna experiencia y se nutre de esas palabras o imágenes que uno comparte.

Pablo Saad tiene 52 años y aprendió a navegar en las aguas del Lácar. Su velero Mandrágore quedó descansando desde fin de año en Puerto Ensenada, México. Como el 15 de mayo comienza la temporada de huracanes en esa zona, es la fecha límite para comenzar su nuevo desafío. En marzo volverá a dejar San Martín de los Andes para viajar a México y ponerse a trabajar en el barco, para darle más capacidad de transportar agua y comida, poner a punto las velas para nuevos vientos. Es que la travesía que enfrentará será larga, de unas cuatro semanas, una navegación oceánica hacia la Polinesia, conociendo en el viaje varios archipiélagos. Pero antes transitará con unos de sus ahijados y un par de amigos el mar de Cortés, en el Golfo de California, aquel lugar que Jacques Cousteau describió como “el acuario del mundo”.

Pablo Saad: Mi escuela fue el lago Lácar. Voy a repetir que Víctor Felipe fue la persona que me inició en esto, quien abrió su barco para permitirme vivir mis primeras experiencias y darme cuenta que lo disfrutaba mucho. A partir de saber eso, a partir de una cosa tan simple como una invitación, y facilitarle esa posibilidad a otro, yo traté de hacer lo mismo con Anahita, Rodas, Tania, Paturuzú, con Mandrágore ahora, para que tuvieran algunas personas la oportunidad de saber si detrás de la vela, detrás de un barco, había algo que les podía ofrecer una satisfacción o felicidad. Y también la idea de poder superar algún obstáculo o algún desafío. Los desafíos son múltiples y la navegación te confronta con eso y los comenzás a tomar como parte de tu vida, los naturalizás, los disfrutás y crecés.

Este intrépido navegante sanmartinense que está haciendo historia en la navegación a vela de Argentina ya cruzó numerosas veces en su velero el océano entre Europa y América. Conoció distintos puertos, como los de Marruecos, Las Canarias, Cabo Verde, Florida y otros del Caribe. Navegó mucho el Mediterráneo, el Mar Báltico y las Islas Británicas. Sin duda su mayor logro, el más espectacular, luego del accidente de su primera vez, fue lograr en un velero con tripulación argentina, el Pasaje del Noroeste. Y se puede ver un crecimiento enorme entre el Pablo que comenzó a navegar en el Lácar y este que realizó la hazaña de unir por el Ártico el Atlántico con el Pacífico.

Pablo Saad: Fue un crecimiento gradual, ayudado, porque yo aprendí a navegar viendo navegar a otras personas. Y después, buscando esa famosa distancia óptima en la cual aquel desafío que te proponés no quede tan distante como para que te ponga en riesgo, pero tampoco quede tan cerca como para que no sea un atractivo a superar y te aburra. Entonces ese, probablemente, sea un equilibrio que uno tiene que aprender a buscar en todo orden, pero que en la navegación si uno calibra mal le puede pasar lo que me pasó el año pasado también.

Fue importante para Pablo hacer nuevamente el intento de realizar esta travesía luego de que casi perdiera la vida tras el hundimiento de su velero aplastado por los grandes bloques de hielo en el mar Ártico. Esta vez el Pasaje lo hizo junto a Pablo Torres, otro sanmartinense que ya había navegado en pesqueros por el Cantábrico y conocía de mares bravos y del trabajo en cubierta. Pero además era importante para él saber si había aprendido de los errores que lo llevaron a ese fatídico día en que fue rescatado por un rompehielos de la Guardia Costera canadiense. Para  lograrlo contó con el apoyo desde tierra de otros vecinos de la ciudad, como Antonio Herrera, Henry Avancini y Jorge Angeleri.

Pablo Saad: Para ser un buen navegante lo principal es disfrutar mucho de la actividad. Yo pienso que la navegación te moldea de la misma manera que la montaña te va templando. Y creo que soy mejor persona desde que me convertí en navegante, porque no tiene mucho lugar la ansiedad en la navegación; tiene que ver mucho con el análisis del contexto, con escuchar las palabras de los demás, leer la naturaleza, leerte a vos mismo y ver qué cosas te llevaron a situaciones donde corriste riesgos innecesarios. Y qué cosas debés corregir si querés seguir disfrutando de esta práctica. Después el mar te va haciendo, te va moldeando, te va puliendo.

No se sabe realmente si Pablo ha pasado más días de su vida en los últimos años sobre las aguas de distintos mares u océanos o sobre tierra. Lo que sí se sabe es que regresa cada año a San Martín de los Andes, su ciudad, donde tiene sus amigos, sus ahijados, su casa, su perra Laica y siempre algún que otro proyecto, muchas veces comunitario. Vuelve a compartir sus experiencias y también a nutrirse antes de emprender una nueva aventura. Es como una recarga: volver a la fuente, mirar hacia atrás y poner en valor el inmenso recorrido.

Por Fernando Sánchez
Fotos: Leo Casanova y archivo

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