La voz de los héroes #2: la cuarentena, en primera persona
Esta semana, RSM se adentró en las historias de aquellos trabajadores de la salud que están en la primerísima línea de batalla: la guardia de emergencia. Estos son sus relatos.
«Ojalá vuelva ese beso y ese abrazo que tanto extrañamos todos»
La propuesta inicial era charlar con Darío, 36 años, nacido en San Martín, quien es enfermero de la guardia del Hospital Ramón Carrillo hace 15 años. Al llegar al playón de entrada sobre la calle Rhode, sin embargo, él sale apresurado, explicando que debe acudir a un llamado, que volverá en un rato, pero que le comentó a sus compañeras sobre la entrevista y quieren participar. Entonces ellas se acercan, juntas, quedando a cargo de la charla mientras Darío se sube a la ambulancia y se va.
Adelina Vázquez es enfermera hace 34 años, licenciada en Enfermería, dice, con el orgullo de quien ha pasado una vida haciendo lo que ama. Sandra Rusch, oriunda de Buenos Aires, hace 15 años que vive en San Martín y hace 13 años que trabaja en la guardia. Mudarse al pueblo, cuenta, le cambió la vida. Antonieta «Anto» Uribe , nacida en Neuquén Capital, es enfermera hace 21 años y trabaja en la guardia hace 11. «Nunca antes tuve que presentarme ante otros como enfermera, ahora siento que es necesario avisar», comenta.
-¿Cómo es un día laboral para ustedes en este nuevo contexto?
AV: Antes, nuestro día implicaba muchas alegrías: venir a ver a nuestros compañeros, saludarnos con un beso, compartir el mate. Ahora tenés que tener tantos cuidados. Te levantás pensando cómo vas a llegar, cómo vas a encontrar a tus compañeros, que tenés que mantener una distancia a la que no estamos acostumbrados. No estamos preparados psicológicamente para esto. Yo, al menos, no estoy preparada, porque a mí me encantaba tener otro tipo de relación con todos. (Dice esto último y mira a las dos mujeres que la acompañan, mientras se le van inundando de a poco los ojos, detrás de los anteojos).
SR: Para mí esto generó un cambio total. Primero me levanto y pienso qué tengo que hacer, qué tengo que llevarme y qué tengo que ponerme después al salir. Llego a trabajar, me encomiendo a Dios y repaso todos los protocolos para el cuidado de los pacientes y el nuestro, porque acá estamos muy expuestos nosotros. Es muy engorroso acordarse de todo. (Su voz es firme y severa. Es la voz de alguien que teme pero no por ello deja de actuar.)
AU: Este momento nos cambió la vida a todos, de un día para otro. Nosotros hacemos turnos de 12 horas juntos, compartimos mucho tiempo, y este contexto nos unió mucho como grupo. Cada vez que alguno va a hacer un procedimiento lo miramos a ver si se puso todo, si le faltó algo, usando los protocolos para todo. Nos cuidamos. (La más joven del grupo aporta tu voz pausada y con suavidad, mientras mantiene la mirada fija en quién le habla)
-¿Cómo sienten que cambió el trato con los pacientes?
AV: Nosotros acá estamos muy expuestos y para cuidar al otro primero tenemos que cuidarnos nosotros. De repente estamos tan disfrazados que ni la cara nos vemos, saludamos sin reconocernos, entre nosotros o a la gente. A cara descubierta teníamos otra presentación con el paciente y en ellos podíamos ver gestos, caras de dolor, ahora les ves los ojitos nada más.
SR: Uno trata de hacer algún chiste, aunque no te puedan ver, para traer al paciente a lo que es el trato humano. Sabés que quizás tengas que hacer procedimientos invasivos, o no, pero la gente está muy angustiada. Nosotros recibimos muchísimos llamados de gente que está muy angustiada por la cuarentena.
AU: Todo el tiempo nos estamos capacitando porque todo va cambiando, mismo en el edificio, y eso también asusta. Estamos esperando el día en que pase todo lo malo. Los primeros días fueron muy tristes, nos pasábamos las 12 horas atendiendo el teléfono. Eso hay que agradecerlo al pueblo de San Martín que se tomó muy en serio la cuarentena. Ahora ya no es así, empiezan a surgir otras cosas, muchas agresiones, pacientes que ya no aguantan y se auto agreden, muchos abuelos solos hay también. Y acá tratamos de sobrellevarlo lo mejor que podemos.
-¿Qué es lo último que piensan cuando termina el día?
AV: Cuando me voy pienso que tengo que llegar e ir directo a bañarme, poner todo a lavar y recién ahí tener contacto con mi familia, mi esposo y mis hijos. Tengo una hija de 26, una de 18 y uno de 30 que vive en su casa. Ellos lo ven todo muy loco.
SR: Yo doy gracias a Dios porque terminé un día más de trabajo y puedo llegar bien a mi casa. Tengo un adolescente en casa que es paciente de riesgo, él ya sabe y me espera con todas las cosas afuera para que yo llegue y me saque lo que traigo del hospital. Es complicado.
AU: Yo lo llamo a mi marido para avisarle que estoy subiendo, para que se quede en un rincón de la casa, así yo puedo llegar, sacarme todo, ponerlo a lavar y bañarme antes de verlo. Él me acompaña mucho. Hemos tenido días difíciles, de mucha tristeza, además por tener a mis papás lejos, eso es muy estresante.
-¿Qué cambios les gustaría ver o que se mantengan cuando todo esto haya pasado?
AV: Ojalá que esto pase rápido y no perdamos la costumbre de estar siempre juntos. Ojalá vuelva ese beso y ese abrazo que tanto extrañamos todos.
SR: Me gustaría que se mantengan los cambios que hicimos en la guardia, que los pacientes tomen conciencia y no vengan si no es necesario. Que vengan cuando es realmente una urgencia.
AU: Uno siente el miedo a que en algún momento nos miren, como pasa en otros países, y que nos discriminen por nuestra profesión. Espero que eso no pase acá. Ya nos han pasado muchas cosas y siempre salimos adelante juntos, como pueblo. Yo sé que de ésta también vamos a salir juntos.
***
«No hay que juzgar a nadie, porque nadie está exento»
Vuelve la ambulancia y Darío baja sonriente, haciendo un chiste a sus compañeras, uniéndose a la charla. Tiene esos ojos que destilan tranquilidad y confianza que, a pesar del barbijo, generan empatía.
-¿Cómo te acercaste a la profesión? y ¿cómo vivís tu trabajo en esta nueva realidad?
«Para mí ser enfermero se presentó como un llamado. Nunca se me había pasado por la cabeza, pero tuve la oportunidad, gracias a mi familia, de tener esta profesión tan bonita, que me encanta.
En este contexto, el día laboral se presenta difícil por el hecho de que uno no sabe si vuelve o si se tendrá que aislar, o con qué se va a encontrar en la jornada. Por otro lado, al ser uno de acá, tenés muchos conocidos, gente querida, a la que te cruzás, y el no poder saludarlos con un beso o tendiendo la mano, tener que mantener dos metros de distancia, es muy difícil.
Uno está detrás de un barbijo, de lentes que se empañan, de máscaras que por más que sean transparentes se empañan y muchas veces cuesta reconocer a la gente del otro lado. Lo mismo le debe pasar a ellos y eso dificulta el trato, la empatía. En el grupo de trabajo, la mayoría de nosotros llevamos más de 7 u 8 años trabajando juntos. Ya nos conocemos las caras, las mañas. Nos apoyamos y nos cuidamos.»
-¿Cómo es la vuelta a casa después de la guardia?
«Mi esposa y mis hijos, de 9 y 6 años, son un punto de descarga, acompañan mucho. Yo me traigo ropa para cambiarme, me baño antes de salir de acá y cuando llego dejo toda la ropa afuera, en un balde con agua y jabón. Trato de despejarme de que vengo de un hospital, de que trabajo de enfermero, y busco respaldarme en mi familia.
Uno más expuesto que esto no puede estar en ningún lado. Es difícil pensar en qué hacer si uno se expone, a dónde ir para no volver a la casa familiar, en no poder visitar a los padres, por cuidarlos a ellos. (La emoción detiene un momento la charla, hasta re-acomodar la voz. Un relato vivo necesita también sus puntos de silencio). Quedarse en casa es una forma de cuidar a los demás, no tanto a uno.»
-¿Qué cambio te gustaría ver en la comunidad cuando pase todo esto?
«Espero que a partir de esto empecemos a valorar las cosas simples que hoy te das cuenta que no podés hacer, un beso, un abrazo, el mate, la simplicidad de la vida. No hay que juzgar a nadie, porque nadie está exento. No por trabajar acá te vas a contagiar. Todos estamos en igualdad de condiciones, hay que ponerse en el lugar del otro.»



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