Vidas Literarias- Ayelén Martínez: «Estamos sumamente influenciados por el lugar desde donde escribimos y por las vivencias que atraviesan nuestros cuerpos»

Nuevamente es sábado en nuestra querida ciudad, ya vestida de otoño, y es momento de sumergirse en una nueva lectura de este ciclo de entrevistas en donde nos damos el gusto de conocer a escritoras y escritores locales. Hoy, Ayelén Martínez nos cuenta sobre la importancia y la omnipresencia de la voz propia.

«Justo está mi mamá (Marisa) al lado mio y estabamos hablando de como me fogoneaba para ir a la Feria del Libro de Buenos Aires, cuando era chica. Ese fue un super motor para tener a la palabra cerca. No siempre está esa oportunidad y agradezco mucho que así haya sido», empieza a contar Ayelén, con su voz dulce y pausada, para introducir el tema de su infancia lectora. «La que más me cautivo, y creo que a muches niñes también, fue Maria Elena Walsh, con su capacidad de fusionar la imaginación y el mundo real. Esas lecturas siempre están volviendo, Maria Elena siempre vuelve».

A los 8 años empezó un taller literario con Silvia, una vecina docente a la que le apasionaba la literatura infantil y juvenil: «Ese fue otro gran motor para empezar a escribir. Unos disparates bárbaros salían, que todavía tengo guardados, con letra manuscrita de primera infancia. Cuentos, poesías, adivinanzas. Hace poco tomé contacto con ella, después de muchos años, y le volví a agradecer porque a mí me marcó muchísimo, que nos dé la posibilidad de escribir. Una vez nos hizo hacer una obra de teatro con nuestras poesías. Ese fue el primer cruce para ponerle cuerpo a nuestros textos. Fue hermoso. Lo sentí tan propio que desde ahí no volví a soltar la palabra nunca más.»

Fotos: Leonardo Casanova.

Muchos años después, tras haber explorado el terreno de la poesía declamatoria y el teatro en Mendoza, se fue a La Plata a estudiar Antropología: «Allá apareció otro universo. La palabra surgió de la mano de la poesía contemporanea y de las editoriales independientes. Me pareció un camino super allanado. Muchas escritoras y escritores publicando, con un circuito de lecturas y talleres. Hice un taller de narrativa con Ramón Tarruela, de la editorial Mil botellas. Todo eso fue un movimiento muy fuerte, una pregunta hacia adentro sobre si me animaba a publicar mi primer libro.»

Lugar pájaro nació en el 2015 y fue un trabajo colaborativo entre Ayelén y Gustavo Cornejo, un ilustrador chileno. Ella lo describe como un libro-objeto, por su tratamiento artesanal: su forma de caja con un pájaro grabado que contiene los poemas. «Ahí me di cuenta de la importancia de compartir las poesías y que no queden puertas adentro. Fue un descubrimiento muy importante y un disparador para hacer talleres. Esta posibilidad de que todes podamos escribir y no sea algo exclusivo.»

Ayelén reconoce a la voz como una herramienta empoderadora de creatividad y expresión, disponible para quien la sienta cerca y le resuene: «Compartir esa cercania de la palabra es lo que más disfruto de dar talleres. Quizás a eso también me acercó la poesía contemporanea», explica.

Además de escritora y tallerista, esta mujer de voz pausada y constante es parte de la banda de cumbia Me lleva la jarana, con la cual visitó varias veces San Martín de los Andes, hasta que decidió quedarse a vivir. Inmediatamente se incorporó al colectivo de escritoras patagónicas: «Ahí empezó otro camino. La colectiva de escritoras es un movimiento muy potente y sororo que nos invita a publicar, a salir a la calle y hacer visible nuestra voz.»

De la mano de estas mujeres escritoras Ayelén tomó contacto con la oralitura, un concepto que intenta explicarme aunque es muy amplio: «Es un universo en sí mismo, muy atropológico. Me hizo reflexionar mucho sobre la diferencia entre la palabra escrita y la hablada. La oralitura viene desde mucho antes que la escritura y es una forma de difundir la palabra, de hacer memoria y recordar que muchas de las historias que circulan fueron primero oralituras que fueron mutando a medida que circulaban.»

A partir de este nuevo mundo que se abría ante ella pudo asistir al taller de la chilena Roxana Miranda Rupailaf, basado en tres ejes: cuerpo, poesía y territorio. «Estamos sumamente influenciados por el lugar desde donde escribimos y por las vivencias que atraviesan nuestros cuerpos. Pensar en este cruce fue un descubrimiento.»

En sus talleres, Ayelén propone 12 ejes desde los cuales partir para experimentar con la voz propia, desde el trabajo colectivo. Además está trabajando en un libro de poesía ilustrado para niños y niñas, que lleva varios años de trabajo en conjunto con Carmela, la ilustradora: «Es un terreno muy discutido.¿Qué es poesía para niños?¿cómo no subestimar las infancias?».

Por otro lado, trabaja en una investigación sobre la voz, desde su trabajo de canto con cajón y en la banda musical, como profesora de canto y atravesada por la problemática de querer sacar afuera la voz y no poder hacerlo. Es un proyecto enfocado desde el ensayo, pero escrito desde la poesía: «Estoy leyendo mucho al respecto. Recomiendo un libro de Eugenia Almeida que se llama La inundación. Acerca muchísimo la idea de hacer y no de pensar en hacer. Se escribe escribiendo, no preguntando a otros.»

«Yo creo que el lugar de las mujeres en la escritura hoy es el de sentir sensibles, quitandole peso a esa idea de importancia de los acontecimientos. Darle espacio a los cruces, estar atentas al cuerpo, a la memoria. Hacer una búsqueda sensible sobre qué nos pasa con la palabra y que tenemos para decir desde el lugar propio.»

Promediando el fin de nuestra charla, Ayelén recomienda la lectura de Valeria Luiselli con su novela Desierto Sonoro y nos cuenta que la música que suena en su cabeza como soundtrack de sus procesos creativos es el disco Beyond the Misouri ski, de Pat Metheny.

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