Realidad Sanmartinense

Casas Contadas – capítulo 6: La misteriosa casa de Homero Campos

Algunas casas tienen historias construidas a partir de vivencias, anécdotas y recuerdos familiares. En otras ronda un halo de incertidumbre amparado en la falta de relato. En esta nueva entrega de Casas Contadas, RSM conversó con Luis Campos, para conocer sus recuerdos de la casa de su padre, en una de las esquinas más interesantes de Avenida Koessler.

Mucho se dijo acerca de la misteriosa casa de Campos. Construida con una forma peculiar, alargando su extensión hacia la calle Pelletieri, con su torre y su cúpula, se diferenciaba del modelo arquitectónico de la época, imponiendo un diseño único. Sin embargo, las leyendas se componen, en partes iguales, por desconocimiento y por ese afán humano de ficcionalizar la cotidianidad para hacerla mágica.

“La casa se construyó entre 1949 y 1950. Fue un diseño de mi padre, Homero Campos. A él le gustaba mucho la astronomía y la astrología, por eso en la cúpula quería poner un telescopio. Finalmente no se pudo instalar porque en ese entonces las calles eran de tierra y el movimiento que generaban los vehículos al pasar hacía que se descompaginara el sistema”, cuenta Luis.

La rareza de un telescopio en una casa particular a principios de los años 50 pudo haber sembrado la semilla del misticismo que rodeó con los años a la casa de Campos. Lo cierto es que es una construcción enorme, con muchas habitaciones y una torre, una escalera caracol y una cúpula que puede verse desde la calle, interrumpiendo el paisaje lineal de la avenida Koessler.

Homero Campos, cuenta Luis, era un empleado público en la provincia de Buenos Aires que, a fines de la década del 40, se trasladó a San Martín de los Andes y empezó a explotar el negocio maderero: “En esa época era una de las principales fuentes de trabajo. Tuvimos un aserradero y también la concesión de Chapelco para la provincia. Aún deben quedar algunos carteles viejos en el cerro.”

Aprovechando el acceso a la madera se revistió todo el exterior de la casa, mientras que por dentro se hizo de material. “Era muy grande porque vinieron muchos miembros de la familia a vivir ahí. Éramos cerca de 25 personas”, cuenta Luis, y agrega que estuvieron viviendo en ella hasta 1998, aproximadamente. Después estuvo desocupada por mucho tiempo y se terminó vendiendo. 

Charlando sobre los recuerdos que guarda de aquellos tiempos, cuando alrededor de la casa no había mucho más que campo, Luis recuerda las juntadas que hacían con los vecinos: “Hacíamos asaltos en casa, aprovechando que era grande. Los vecinos de esa época se deben acordar. Reuníamos familiares y conocidos. Cada uno traía algo de comer y tomar. Eran lindas fiestas.”

Como pasa siempre que contamos una historia, el conocimiento nos permite mirar con nuevos ojos un lugar. Ahora, cada vez que pase por la esquina de Koessler y Pelletieri, no voy a ver solo comercios y una antigua construcción. Voy a imaginar esas reuniones que convocaban a todos los vecinos, ese telescopio que no pudo instalarse e imaginar lo interesante de la convivencia en una familia tan numerosa. Somos las historias que nos cuentan y las que decidimos contar. Hasta el próximo capítulo de Casas Contadas. 

Fotos: Federico Soto.

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