Casas Contadas – Capítulo 12: una pequeña casita que encierra un gran recuerdo

A veces se pierde de vista, entre tanto paisaje, que lo más hermoso de las casas antiguas es la tonelada de historias que guardan, como secretos, protegidos del tiempo y del olvido. Sin embargo, cada tanto asoman la nariz, muestran su belleza, y si justo uno tiene la suerte de pasar cerca, lo invitan a escuchar. En la entrega de hoy vamos a conocer la historia de Héctor Nuske: su llegada al pueblo y la gesta de un negocio familiar que continúa ahora con su hijo Daniel. 

Es martes por la tarde, el sol de una falsa primavera empieza a bajar y en Vega Maipú las calles están tranquilas, silenciosas. Voy por la ruta, volviendo de un lugar que no tuvo la suerte de ser el esperado, avanzando a pasos cortos, un poco paseando, un poco regresando. Freno en una esquina porque un gato negro sale corriendo y me corta el paso. Entonces levanto la vista y la veo, hermosa, verde agua, chiquita, casi de juguete. Al lado, una carpintería. 

Fotos: Federico Soto.

“Primero fue un obrador, después un galpón para guardar materiales y al final se acondicionó para vivienda. Nosotros vinimos en 1983, desde Formosa, porque mi papá iba a enseñar carpintería en una obra misionera en donde ahora está ICEBLE. Yo tendría 9 años”, cuenta Daniel Nuske, a quien encuentro cuando entro al local a preguntar. 

Formoseño de nacimiento, Héctor vivió un tiempo en Buenos Aires, donde se casó y formó una familia. Luego regresó a Formosa, en época de dictadura, buscando una seguridad que en la capital del país se le escapaba. Estando allá tomó conocimiento de que en San Martín de los Andes se abría un aserradero y le ofrecieron armar un taller-escuela de carpintería para enseñar el oficio a miembros de las comunidades de Quila Quina, Puente Blanco y San Ignacio. 

“Era un terreno de 8 lotes con galpones, taller y depósito, comprados por una institución religiosa. Había un albergue también para quienes necesitaban pasar la noche allí. Estuve 7 años trabajando en ese taller. Había clases teóricas por la mañana y prácticas por la tarde. Tengo los mejores recuerdos de esa época, me daba mucha felicidad enseñar el oficio. Después se armaban partidos de fútbol con los alumnos y policías o enfermeros”, cuenta Héctor, ahora que ya es jueves y hablamos por teléfono.

Después, con algunos desacuerdos entre la institución y el gobierno municipal de por medio, decidió renunciar a ese trabajo, aunque continuó participando ad honorem por casi 28 años, realizando trabajo social en la montaña. “Yo me crié en el campo, descalzo, aprendí el oficio con los paisanos. Eso me permitió poder enseñarlo sin dificultades y lo disfruté mucho.”

El terreno en Vega Maipú apareció en sus vidas en la década de los 90. Primero poniendo un galpón para armar la carpintería propia y trabajar. Luego el obrador se refaccionó y se convirtió en esa simpática casita: “A veces se usaba para que durmieran ayudantes del taller o para alquilar y un tiempo mi mamá, Marta Köbernick, vendía alfajores ahí”, me decía Daniel, parado entre muebles de tronco y listones de madera, ese martes en que lo conocí.

“En esa época, en la manzana había una sola casita más, en la otra esquina yendo hacia Junín, de un tal Corbo que vendía panchos. Al fondo había otra construcción empezada, pero nada más. El resto era todo campo con ovejas. El agua se buscaba con bidones de una manguera que había del otro lado de la ruta. Seguramente venía de una vertiente. Después hacia la montaña había más casitas, pero desde la Escuela 86 hacia el taller, había solo una vivienda”, relata Héctor, haciendo memoria. 

El taller de carpintería general funcionó por casi 6 años. Después se le dio una impronta diferente, haciendo muebles de troncos, con una estética orientada a los turistas: “Exponíamos sobre la ruta los productos: sillones, percheros, trabajos con raíces y troncos. Trabajamos juntos Dani y yo por 18 años. Ahora lo maneja él”, dice, entre risas y suspiros, Héctor Nuske.

Las vueltas de la vida son muchas y muy curvas. Buscando otra casa encontré a Daniel y a Héctor, tuve el privilegio de infiltrarme en sus recuerdos y relatarlos para que no se vuelen ni se pierdan. Así funciona la serendipia y, tras ella, Casas Contadas.

Fotos antiguas: cortesía – 1990

1 Comment on Casas Contadas – Capítulo 12: una pequeña casita que encierra un gran recuerdo

  1. Linda historia, parece una casita de cuentos. Que importante es una escuela de carpintería. lastima que los ministros de educación no se dan cuenta , que importante es volver a tener escuela de oficios.

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