Andanzas y desdichas de Martín Bresler

Por Ana María de Mena (*)

Una vez fundado el pueblo, a las primeras familias que se establecieron en San Martín de los Andes se sumaron inmigrantes sirios, libaneses, franceses, holandeses, italianos, españoles, alemanes y suizos, que dieron origen a familias que tienen descendientes arraigados en la zona.

La exuberancia de los bosques y la necesidad de madera para la construcción de viviendas y muebles motivaron la extracción forestal y la convirtió en la actividad productiva más importante. En la cuenca Lácar/Nonthue se instalaron los primeros aserraderos.

La única foto que se conoce de Daniel Martín Bresler.

Allí se radicó una pequeña colonia de holandeses. Uno de ellos era el capitán Daniel Martín Bresler que había liderado la inmigración de bóeres que, después de combatir en Sudáfrica, llegaron a nuestro país. Él y su familia se asentaron  en el paraje Quechuquina. 

Eran pocos los habitantes del pueblo y los vecinos se conocían. Uno de los hijos del capitán Bresler, llamado igual que su padre, protagonizó un incidente al quemar pastizales que incendiaron el campo de un vecino y esto motivó una denuncia policial. Tiempo después fue acusado por un robo de animales y -en virtud del antecedente mencionado- fue arrestado y trasladado a la Unidad Penitenciaria N° 9 de Neuquén.

El 23 de mayo de 1916 la entonces capital del Territorio despertó en medio de estruendos que muchos creyeron petardos y bombas conmemorativas de la Semana de Mayo. Pero había ocurrido que más de ciento sesenta presos se habían sublevado en la Unidad Penitenciaria Nº 9 y escapaban. Entre los cabecillas del motín señalaron a Daniel Martín Bresler.

Recibo con su caligrafía y su firma.

Algunos investigadores sostienen que había sido obligado a participar por su buena puntería, su conocimiento del relieve provincial y los pasos cordilleranos por donde los evadidos planeaban cruzar a Chile. Es posible que fuera así, ya que faltaba poco para que llegara el indulto presidencial que había gestionado su padre y no tenía sentido implicarse en la insurrección.

Lo cierto es que los prófugos se agruparon y tomaron diferentes rumbos, pero las cosas no salieron como las habían planeado. La matanza de ocho prófugos en Zainuco y la muerte del ing. Adolfo Plottier, fueron algunos de los hechos que alimentaron expedientes judiciales y la tapa de diarios y revistas nacionales.

El bóer fue buscado intensamente, cuando se dirigía con otros dos prófugos hacia Collón Cura. Al llegar al río homónimo, uno de ellos se entregó; Bresler y el otro se internaron en sus aguas heladas; el primero debilitado por una herida fue arrastrado por la corriente sin que se supiera más de él y Martín logró cruzar.

Bresler, envió desde el hospicio cartas a su hermano. Este es el fragmento de una de ellas donde se entrevé cierto misticismo.

Sobre estas circunstancias Maclovia Torres aporta el relato familiar de su tío Alfredo Teodoro Mash que integró de oficio la partida que debía apresar a Bresler, de la que también formaban parte un sargento de apellido Brondo, el cabo Fidel Ríos y los agentes Juan Vega y otro de apellido Moraga. Ella dice: “Mi tío Alfredo contaba que Bresler gritaba a los policías: ‘No tiren, soy Martín!’. Pero le daban la voz de alto y él seguía huyendo. Viendo que se escapaba, Ríos disparó un tiro que le dio en una pierna”. Este relato coincide con los testimonios del expediente judicial. El prófugo respondió del mismo modo, hiriendo levemente a un policía.

En las cercanías, un vecino caracterizado por su rectitud, Don Antonio Lisazo, tenía un campo con hacienda. De él -conocido porque era el balsero que hacía los cruces del río- solamente se esperaban buenas acciones. Ni bien alcanzó la orilla, Bresler se presentó ante Lisazo y le pidió prestado un buen caballo que -una vez conseguido- le sirvió para dirigirse a San Martín de los Andes. 

Como Bresler no fue capturado, al día siguiente cuando Lisazo arrimó la balsa a la orilla donde estaban los agentes, le consultaron si lo había visto por allí.

Portada del folletín de Benito Lynch, contemporáneo a la fuga que dio tanto que hablar.

-¿Por dónde?, preguntó el balsero

-Se metió en el río, le informaron

-Cristiano muerto respondió lacónicamente, confiando en que le creerían, tal como ocurrió.

Poco después Bresler se detuvo en la casa de Don Domingo Ragusi cerca del Regimiento de San Martín de los Andes, según contaba su nieta Carolina Kircher de Reviriego. Después fue visto en proximidades de Hua Hum saludando en neerlandés a su vecino Pedro Plansöen.

Pasó a ver a su familia y estuvo muy poco tiempo allí. Cruzó a Chile, luego de sacrificar su caballo, extraerle las vísceras y abrigarse con el cuero del animal en medio de una nevazón, según relata Angel Edelman en “Recuerdos territorianos”. También lo han repetido así  los sanmartinenses que oyeron de sus mayores contemporáneos el relato de los  hechos.

Reapareció tiempo después en Estados Unidos; se alistó en el ejército británico, luchó en la primera guerra mundial y volvió a ese país condecorado por sus acciones heroicas. Convencido de su inocencia regresó al país con la intención de esclarecer su participación en el motín del presidio y la fuga. Como aún no había prescripto la causa, al ingresar a suelo argentino fue detenido en Hua Hum y llevado a Neuquén.

Portada de la publicación de la obra de Finzi

Faltaba poco para que prescribiera la causa por la que lo habían perseguido y él lo sabía pero, según testimonios en un escrito de su hermana Kurina, ella cuenta que Martín había adherido a un dogma religioso que tenía como principio un mandamiento sobre la verdad y él confiaba en que creerían en la veracidad de su relato.

No pudo probar su inocencia y, alterado por su situación, fue trasladado en  tren a Buenos Aires. En el camino cayó del vagón que lo transportaba. Una versión dice que lo empujaron y otra cuenta que se arrojó para escapar. El tren se detuvo, lo capturaron y lo llevaron a Buenos Aires, donde fue internado en el Hospicio de las Mercedes, hoy Hospital José T. Borda, donde falleció varios años más tarde. 

Novela inspirada en su vida, que contiene datos reales y ficticios.

Investigaciones posteriores indican que nunca se probó el robo de ganado por el que había sido encarcelado. 

Sus andanzas y desventuras motivaron notas en las publicaciones periodísticas de la época e inspiraron el folletín “La fuga” de Benito Lynch, una historia romántica alterada por la fuga que sigue el itinerario de Bresler. 

También motivó audiciones radiales, la obra de teatro “Bresler” de Alejandro Finzi, la novela “¿Quién conoce a Martín Bresler?” de Mario Romano y Guillermo Koffman, páginas en la prensa nacional y en libros de historia. Su vida de película tuvo ribetes novelescos y de aventuras sobre la que se sigue hablando todavía.

(*) anamariademena@gmail.com

1 Comment on Andanzas y desdichas de Martín Bresler

  1. Tuve el gusto de ver «Martín Bresler» de Finzi en la sala Conrado Villegas, de Neuquén, con música de Ricardo Ventura y la actuación del inolvidable Daniel Vitulich. Hermosa obra, que me hizo conocer la historia de este personaje

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