El próximo 9 de julio, el aeropuerto de nuestra ciudad cumple 50 años y, para celebrarlo con toda la comunidad sanmartinense, algunos trabajadores con larga trayectoria tuvieron la iniciativa y el deseo de compartir sus experiencias, recuerdos y su relato sobre la larga historia de este indispensable lugar de conexión con el resto del país. En esta segunda nota, varios de ellos nos comparten sus recuerdos más personales trabajando en el aeropuerto.
«Soy Pablo Lardit y mi paso por el aeropuerto Chapelco se inició en diciembre del año 1988, atendiendo por entonces los vuelos regulares de la empresa Aerolíneas Argentinas y vuelos charters de Austral Cielos del Sur. Puedo recordar en esa etapa, cuando los maleteros de la compañía bajaban los equipajes del avión, los ubicaban en los carros y los traían con un tractor chacarero diesel hasta uno de los bordes de la plataforma. Allí cada pasajero, con cuidado y prolijidad, retiraba sus equipajes y se iban del aeropuerto. Toda una confianza. También recuerdo que cuando terminábamos con Rubén Mora el despacho de los pasajeros, salíamos corriendo hasta la escalerilla del avión y allí cortábamos las tarjetas de embarque, para después cotejar con la jefa de cabina del avión», comienza a narrar Pablo.

«Otra cosa que recuerdo es la atención simultánea de varios vuelos en aquellos años, dado que la disposición de la plataforma era distinta y las aeronaves, un poco más pequeñas. Teníamos a veces en temporada tres aviones en plataforma, uno en pista esperando ingresar, además de los aviones pequeños de TAN o LADE. Bajábamos de a uno y nos íbamos corriendo al otro a fin de coordinar embarque y desembarque. También recordamos que cuando se producía una cancelación por la meteorología adversa, veíamos al pasajero al momento de la compra de su pasaje, al momento de su chequeo, al avisarle de la cancelación y posteriormente en la oficina comercial, reubicándolo en otro vuelo», rememora Lardit, trayendo al presente momentos en los que no mediaba tanta tecnología y todo era más físico y personal.
Otro vecino que compartió sus recuerdos con RSM fue Enrique Arcagni: «fueron bastantes años que trabajé para Transportes Aéreos Neuquén, en el pequeño Aeropuerto viejo, siendo el Jefe del Aeropuerto el querido Tinco Soto y en la torre de control Hugo Meneses y el Cordobés. Como maleteros, recuerdo al señor Troncoso, Pinilla y Enriquez que le decían «El lorito», y finalmente Contreras».
«Como pequeño Aeropuerto, en los años ochenta no había medidas de seguridad, como hay ahora. No había Bomberos, tampoco Policía Aeroportuaria. No había empresas qué alquilaban autos, por lo cuál, la playa de estacionamiento estaba casi vacía. Es verdad que en esa época, había muy pocos vuelos diarios. La única empresa que venía todos los días era TAN y de vez en cuando LADE. En época invernal, con la apertura del Cerro Chapelco, venían los vuelos chárter de Austral», cuenta Arcagni.
«Anécdotas hay varias: me acuerdo que una vez que llegué a la sala donde teníamos la atención a los pasajeros, casi no se veía nada por el humo que había. Pregunté a uno de los maleteros qué pasaba y me dijo que habían cazado una mulita en el playón y ¡la estaban cocinando! Yo preocupado porque el vuelo estaba por llegar, y qué iban a pensar el pilotos y los pasajeros. Indudablemente, la bondad de Tinco Soto permitió que cocinaran al animal», narra con emoción.
«Otra es que en ese tiempo había una mesa de tenis de mesa, no necesariamente reglamentaria, que en los días que el vuelo de TAN seguía a Bariloche y Esquel, para luego retornar a Chapelco, cuando el vuelo decolaba, Meneses ponía la mesa y jugábamos, para hacer la espera más amena. Hasta a veces un pasajero que venía temprano para viajar a Neuquén se prendía también. Y como última anécdota, a veces llegaba un pasajero tarde, el avión estaba ya en la cabecera de la pista para decolar, y yo llamaba al comandante por radio, para pedirle permiso y llevar al pasajero con la camioneta al avión. Con el permiso concedido, apagaban un motor, abrían la puerta y el pasajero subía», concluye.
Oscar Di Paola, quien fue gerente de LADE desde los años 80′ hasta su retiro de Chapelco, compartió: «Estuve pensando y bueno algunas de las notas de color podrían ser: los chori que preparaba el gordo Pinilla; la atención de Mauricio Troncoso en el bar, con el facón en la espalda, como para decirle que el café estaba frío o feo; el frío que hacía en el viejo aeropuerto, todos amontonados en el hogar; el infalible método de Contreritas para el despeje de animales en la pista y su plan aviar y de fauna propio (jajaja) en la laguna que estaba en cabecera 24; el ingreso de la gente saltando el guardarrail para recibir a los pasajeros, un descontrol, no existía seguridad; en esos años el avión esperaba si te faltaban pasajeros, cosa hoy impensada».
«Recuerdo también la dificultad en las comunicaciones: el único teléfono, que dependía de telefónica de Junín, el 91108. Era el único medio con que se contaba. No funcionaba y estábamos en el horno, porque no existía la telefonía celular hasta los años 95/6 cuando aparecieron los primeros. Las operaciones eran visuales, solamente con la ayuda del radio faro cuando estaba en el aire, y sino se ayudaban con la de radio nacional», narra Di Paola.
El final de esta gran historia llegará el próximo fin de semana, en la víspera del 50° aniversario de esta histórica institución. Agradecemos a los vecinos que compartieron sus recuerdos y a todos los que se sumaron a comentar sus propias anécdotas en las redes sociales. La historia es una construcción colectiva que se amplía y se enriquece con la sumatoria de voces.
Fotos: cortesía Aeropuerto