Salidas al aire libre: el riesgo oculto del hantavirus y cómo prevenirlo
En un contexto donde las actividades al aire libre comienzan a intensificarse en la región cordillerana, desde la Unidad Regional de Epidemiología y Salud Ambiental (URESA) reforzaron el llamado a la prevención frente al hantavirus, una enfermedad poco frecuente pero de extrema gravedad.

Rodrigo Bustamante, referente del organismo, advirtió que prácticas habituales de esta época del año —como la recolección de mosqueta o el inicio de la temporada de hongos— pueden implicar riesgos si no se toman las medidas adecuadas.
Sin embargo, también buscó llevar claridad sobre un punto clave: las probabilidades de contagio son bajas, pero el impacto puede ser letal.
“Por suerte es una enfermedad que presenta pocos casos al año en nuestra región, entonces por ahí uno siempre piensa que no le va a pasar”, explicó.
Esta baja incidencia contribuye a una percepción social de bajo riesgo, pero desde el área sanitaria insisten en no subestimar la situación.
El contagio ocurre principalmente por la inhalación de partículas contaminadas con secreciones de roedores infectados, lo que hace que el riesgo aumente en espacios cerrados, con vegetación densa o poca ventilación.
Es decir, no se trata de una enfermedad de fácil transmisión en condiciones habituales, sino que está asociada a contextos específicos y evitables.
Aun así, Bustamante fue contundente al describir la otra cara del problema: “Es una enfermedad con una alta letalidad, arriba del 50%, entonces si lo contraemos hay altas chances de que no termine bien esta historia”.
La combinación de baja probabilidad de contagio y alta mortalidad convierte al hantavirus en un riesgo silencioso, donde la prevención resulta fundamental.
Entre las principales recomendaciones, se destaca evitar internarse en zonas de vegetación cerrada y, en caso de hacerlo, utilizar barbijo N95.
“Es incómodo, pero son cosas que nos pueden salvar la vida”, subrayó el especialista. También aconsejó realizar actividades al aire libre en espacios abiertos, iluminados y, de ser posible, en contra del viento para reducir la inhalación de partículas.
En el caso de salidas recreativas, insistió en respetar los senderos habilitados y evitar alejarse de los caminos. Estas áreas suelen estar desmalezadas, lo que reduce la presencia de roedores.
A esto se suma la importancia de no dejar restos de comida ni elementos que puedan atraerlos, especialmente en zonas de acampe.
Otro aspecto crítico es la dificultad para detectar la enfermedad en sus primeras etapas.
Los síntomas iniciales —fiebre, dolores corporales, vómitos o diarrea— son inespecíficos, lo que puede retrasar la consulta médica y el diagnóstico.
La prevención también comienza en el hogar. Mantener los terrenos limpios, con pasto corto, sin acumulación de basura o escombros, reduce la posibilidad de que los roedores encuentren refugio cerca de las viviendas.
Desde URESA insisten en un mensaje claro: aunque las probabilidades de contagio sean bajas, el riesgo existe y las consecuencias pueden ser graves.
En ese escenario, la prevención —tanto en actividades recreativas como en el entorno doméstico— sigue siendo la herramienta más efectiva para evitar casos de una enfermedad que, silenciosa y poco frecuente, continúa presente en la región.



No hay hanta……!!
Por favor dejen de mentirle a la población..
Son los inoculados con sus mierdas inyectadas que tienen el parásito adentro…!!
Desparacitense….!!!
La caña Colihue florece cada 60…años…!!
Las ratas comen esa floración y les producen inchazon en su órganos ….por ende bajan a las costas de ríos, lagos y, arroyos a beber agua…!!
Si su orina contagia….
Cuando sale el sol ….se evaporan esas partículas…!!