La tierra como mercancía 1: los riesgos geológicos
La tradición oral dice que al momento de la fundación de nuestro pueblo, el sitio elegido fue el más bajo y protegido de la zona, en donde la comunidad mapuche pasaba el invierno. Allí es donde está emplazado nuestro actual Casco Céntrico.
A fines del siglo XIX y principios del XX, los lotes de tierra, delineados dentro de las Manzanas y Quintas Urbanas, se concedían gratuitamente, debiendo ser ocupados para exclusivo uso y beneficio. La tierra no era un bien de cambio.
HAY QUE PAGAR LA TIERRA URBANA
A partir de 1910 se dispuso la mensura de los predios y se fijó precios a la tierra. Para tenerla había que comprarla. A partir de entonces las cosas se complicaron para quienes carecían de recursos, fueran argentinos, mapuche, chilenos o europeos.
Las oportunidades laborales y otros factores de desarrollo local fueron acrecentando constantemente la población y la gente sin recursos económicos, como en todos lados, se fueron instalando en donde pudieron.
LA GENTE SE INSTALA EN DONDE PUEDE
Esto ha sucedido en todos los asentamientos urbanos: en las laderas de zonas montañosas, en sectores inundables o cerca de los basurales.
Frente al encarecimiento del valor de la tierra y de los alquileres, mucha gente imposibilitada de afrontarlos se fue ubicando en lugares en los que debido a su inhabitabilidad el valor de la tierra era mucho menor o nulo. Esto, agravado a la carencia de recursos o de transporte, hizo que se buscaran los sitios más cercanos al lugar en donde poder ejercer algún tipo de actividad o changa.
Por lo tanto los sectores más vulnerables sanitariamente, fueron los que poblaron los lugares sujetos a mayores riesgos climáticos o ambientales.
En el caso de San Martin de los Andes los primeros sitios posibles, por ser tierras nacionales y en los bordes del Casco Céntrico, fueron las laderas del Cerro Curruhuinca. Allí están los barrios periféricos más antiguos.
El cerro Curruhuinca se caracteriza por presentar elevadas condiciones de inestabilidad, con numerosos peligros geológicos, muy claramente detallados en el informe Halcrow (año 2009).
Desde hace muchos años, las que hoy son más de 1000 familias conviven con esos riesgos.
El informe señala casas ubicadas sobre cursos de agua, laderas cortadas para poner casas precarias, pendientes más pronunciadas que lo permitido, suelos inestables y no aptos para construir sobre ellos, cauces temporarios que a veces tardan décadas en activarse, conductos de escurrimientos taponados de basura, desmontes que afectan la vegetación que actúa como ancla de la ladera, afloramientos rocosos, y otros elementos que combinados conducen directamente al desastre, aumentando el riesgo de los “deslaves”.
A pesar de las intervenciones a través del Programa de Mejoramiento Barrial (PROMEBA) el que apuntaba a mejorar la calidad de vida de dichos sectores poblacionales, el informe Halcrow dejó en claro que los muros de contención solo pueden contener el desplome en un sector, pero no detienen un alud o un proceso de remoción en masa de gran escala, que significa la caída de cientos de metros de montaña, los que en su deslizamiento arrastran casas o personas. No hay mitigación posible. Hay sectores en los que la única solución es la relocalización.
Pensando en que hacer, nos enfrentamos nuevamente al dilema “Planificación Vs. Remediación”
El estado, llámese nacional, provincial o municipal siempre queda atrás del crecimiento y más cuando fueron muchos los años de inoperancia al respecto.
REMEDIACIÓN
Los recursos necesarios para una verdadera remediación son multimillonarios, por lo que dependen de las capacidades de gestión para conseguirlos.
Los estudios efectuados dan por resultado la necesidad de relocalización de gran parte de las más de 1000 familias y el mejoramiento de los espacios comunes y los de las viviendas que podrían permanecer.
Para que esto sea posible es necesario que el estado cuente además con la participación y el compromiso responsable y solidario de los vecinos agrupados en las Juntas Vecinales. Sin embargo hay muchos de los pobladores que optan por el riesgo antes que el traslado. La sensación de arraigo es muy fuerte lo que seguramente se debe a haber tenido que luchar por el pequeño espacio de suelo y construir con esfuerzo la vivienda propia.
RELOCALIZACIÓN
Para ello es necesario que el estado acceda a tierras aptas posibles, las que prontamente deberán ser transformadas en un “hábitat social” (existencia de escuelas, atención de salud, espacios sociales comunes, servicios, transporte, etc.), para así garantizar la devolución del sentido de pertenencia ciudadana.
Hacia allá se va con las urbanizaciones de las Chacras 30 y 32 y el gran ejemplo social de la urbanización del Lote 27.
A pesar de estos esfuerzos, en nuestro querido país la realidad supera la planificación.
Arq. Stella- Tili- Solanas


