Las bombas estadounidenses volvieron a Irak

Por Adrián Fernández
Tres años después de haber retirado sus tropas, Estados Unidos vuelve a atacar Irak para tratar de enmendar sus propios errores. Luego de que el presidente Barack Obama autorizara los bombardeos en el norte del país comenzaron los “ataques selectivos” para intentar frenar a los grupos islamistas que desde hace dos meses realizan una feroz avanzada sobre el terreno.
En la noche del 7 de agosto Obama anuncio que bombardearía Irak “si fuese necesario” pero unas horas después comenzaron a caer bombas de 230 kilos. Según Washington, los rayos láser que le dan dirección selectiva a la trayectoria de las bombas -que evidentemente Israel no utiliza en la Franja de Gaza- hicieron que los impactos destruyeran piezas de artillería y lanzaderas de morteros del llamado Estado Islámico (EI). Los bombarderos operaron desde un portaaviones ubicado desde junio en el Golfo Pérsico, a unos 1.000 kilómetros del norte iraquí. El buque recuerda a George W.H. Bush, el presidente estadounidense que entre 1989 y 1993 invadió Panamá; lideró la Guerra del Golfo contra Irak; vio caer Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética.
El grupo yihadista Estado Islámico promueve el Islam a través de acciones violentas en nombre de la “guerra santa” (conocida como “Yihad”). Aliado a otros grupos (como el partido Baas del asesinado ex presidente Sadam Hussein), lleva adelante una ofensiva armada en el norte de Irak contra el ejército iraquí por un lado y, por otro, contra los militares del Kurdistán (región autónoma del pueblo kurdo que abarca un amplio territorio que se extiende por Irak, Siria y Turquía).
Washington asegura que “la prioridad principal” de su misión militar “es la protección del personal estadounidense” y la segunda prioridad “es la asistencia urgente a las minorías religiosas y étnicas, hombres, mujeres y niños, atrapados en la montaña de Sinjar”. Se trata de unas 200 mil personas, en su mayoría cristianos y yazidíes (antigua religión preislámica), perseguidos por los yihadistas y aislados en las zonas montañosas. Antes de los bombardeos Estados Unidos realizó una operación humanitaria en la que aviones de carga lanzaron comida y agua.

“Sello distintivo”

Al anunciar que había autorizado los ataques en Irak, Obama dijo que «hoy, Estados Unidos llega (a Irak) para ayudar”. Explicó que “cuando miles de civiles inocentes están en peligro de ser masacrados, y tenemos la capacidad para ayudarlos, lo hacemos”. Si bien aclaró que su país “no pude resolver todos los problemas y las crisis del planeta, no puede mirar para otro lado” cuando se lleva adelante “un genocidio”. Al hablar por televisión en la noche del 7 de agosto, el presidete dijo que la voluntad de actuar en Irak es “el sello distintivo del liderazgo estadounidense”.
Si bien Obama aclaró que las acciones en el norte de Irak son de “caracter limitado” y que no incluyen colocar “tropas sobre el terreno”, un día después su vicepresidente, Joseph Biden, le dijo telefónicamente al presidente de Irak, Fuad Masum, que “el compromiso de Washington es apoyar Irak de norte a sur y trabajar para defender al país de esta amenaza internacional”.
Estados Unidos retiró sus últimas tropas de Irak a fines de 2011 aunque mantiene unos 700 militares para la protección de su embajada en Bagdad y algunas oficinas en diferentes puntos del país. Llegó a tener en el terreno unos 120 mil militares después de la invasión de 2003. El juego ambiguo de Washington no es nuevo. Niega públicamente que piense invadir Irak pero a fines de junio Obama ordenó el envío de 300 militares para que “refuercen la seguridad de la embajada de Estados Unidos, sus instalaciones auxiliares y el aeropuerto internacional de Bagdad”. Una semana antes había anunciado el despliegue de otros 300 miembros de fuerzas especiales para trabajar con los militares iraquíes. El despliegue incluye drones (aviones no tripulados armados y de vigilancia) y el envío al Golfo Pérsico del portaaviones G. H. W. Bush, tres destructores, un crucero y vehículos anfibios.

Ex socios

El Estado Islámico (con otros nombres) tiene su origen en los grupos de resistencia que nacieron tras aquella invasión. En los últimos diez años los grupos más radicalizados de la resistencia iraquí fueron mutando: establecieron alianzas entre sí, se distanciaron; se unieron a otros grupos y clanes; se enrolaron a Al Qaeda y luego se separaron de esta organización. Pero el mayor crecimiento militar se produjo cuando pasaron de Irak a Siria, ya bajo el nombre de “Estado Islámico de Irak y el Levante” (“Levante” hace referencia a una extensa franja de Medio Oriente ubicada al este y al sur del Mar Mediterráneo que actualmente ocupan Israel, Jordania, Líbano, Siria y los Territorios Palestinos).
Allí en Siria los yihadistas trabajaron para la CIA estadounidense en su fallida ofensiva contra el presidente Bachar al Asad. Recibieron financiación, armamento y entrenamiento de Arabia Saudita, Kuwait, Estados Unidos y Turquía. Se capacitaron y luego, en 2012, rompieron esa alianza con Washington y con otros grupos armados. Para occidente los yihadistas pasaron de ser “opositores al régimen sirio” a ser “terroristas”.
En nombre de la yihad persiguieron a otros grupos armados (antes aliados en su lucha contra Bachar al Asad); tomaron poblaciones y pozos petroleros en la frontera sirio-iraquí y se regresaron rápidamente fortalecidos sobre el norte del Irak. En el camino persiguieron a poblaciones de diferentes religiones (las milicias del Estado Islámico son suníes, el grupo musulmán mayoritario en la comunidad islámica) pero también sumaron importantes apoyos entre los islamistas. A comienzos de julio, en plena ofensiva, el grupo autoproclamó un “califato” (sin aplicación práctica, por el momento) liderado por Abu Bakr al Bagdadi, un iraquí surgido de Al Qaeda que se hizo popular durante la resistencia a la invasión de Estados Unidos a su país.
Los grupos que ingresaron a Irak (otros quedaron en Siria) en apenas un mes tomaron regiones estratégicas como Tikrit y Mosul, la segunda ciudad en importancia del país. Su ofensiva incluyó bancos, instituciones y edificios militares. El resultado de las acciones deja Irak quebrado en tres regiones (kurdos al norte; suníes en el centro-norte; chiíes en el sur). La figura de una nación fragmentada replica escenarios en otros países de Medio Oriente que, con mayor o menor fortuna, fueron presa de las politicas de Estados Unidos: Irak, Siria, Libia, Irán y Palestina. Una lectura rápida permite sostener la tesis de que Washington y sus aliados europeos (Inglaterra, Francia) y árabes (Kuwait, Arabia Saudita, Jordania, Turquía) junto a su socio estratégico (Israel) se verán favorecidos a la hora de usufructuar la renta petrolera en países fragmentados y devastados (lo cual pone en duda en vardadero interés estadounidense de eliminar a los yihadistas del norte de Irak). Pero la permanente mutación de los grupos islamistas; la endeblez mostrada por Estados Unidos en su reciente estrategia para Medio Oriente; la crisis financiera de los países desarrollados y la aparición en el escenario mundial de otros centros de poder global (Rusia, China, India) abren una gran incógnita que por ahora se responde con la sangre de miles de muertos y varios millones de desplazados.

ADRIÁN FERNÁNDEZ
Periodista, redactor de la revista mensual América XXI.
Columnista de Internacionales. Radio Nacional

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