Día del niño: más allá de la imposición del mercado, una gran oportunidad para reforzar el vínculo

Nota publicada en Naturaleza Madre

Desde 1954, se celebra en todo el mundo el día internacional del niño. Si bien cada país ha dispuesto una fecha distinta en su calendario para tal evento, la Asamblea General de las Naciones Unidas instituyó, ese año, la necesidad de destinar una jornada a propiciar el encuentro entre niños y niñas, a reflexionar acerca de sus derechos, a garantizar su bienestar en el mundo.
En Argentina, la fecha dispuesta para esta celebración se debe a un pedido comercial que realizó la Cámara del Juguete en el año 2003. Este dato resulta sumamente significativo debido a que evidencia cierta banalización de la fecha así como también, la transformación de un espacio reflexivo a un espacio de neto consumo. Esto sucede en nuestro país no solamente en día del niño sino también en otras fechas alusivas como el día de la madre, el día del padre, el día del amigo, etc.
Sin embargo, nos interesa destacar la gran oportunidad que estas fechas proponen. Sabemos que en muchas familias el día del niño pasa por alto o se restringe simplemente a la compra compulsiva de regalos que no siempre satisfacen a los niños y las niñas. En otros casos, la imposibilidad económica familiar de consumir y regalar es vivida como una carencia. Sostenemos la convicción de que padres, madres o personas en función maternante podemos elegir otras opciones no necesariamente comerciales para celebrar este día. La ocasión podría convertirse en una gran excusa para pasar momentos verdaderamente inolvidables con nuestros hijos e hijas. Podríamos destinar este día a la completa exclusividad para ellos; podríamos proponernos jugar y jugar, vivir el día del niño como una gran excusa para conocerlos más y compartir con ellos los momentos que deseen, respetando sus gustos, sus formas de aproximación, sus pedidos, sus necesidades. Esta fecha podría también convertirse en un gran inicio en el que muchos padres, madres o personas en ese rol descubrimos que el contacto, que el juego, que la escucha activa y participativa constituyen instantes únicos, imperdibles y sumamente trascendentes para cada uno de los integrantes del grupo familiar. Y aquí se evidencia la gran oportunidad. Queda en nosotros decidir qué hacemos en esta fecha. Porque si dejamos que el consumo nos aplaste, tal vez no solamente nos veremos agobiados ante las “obligaciones del mercado” sino que además nos perderemos la posibilidad de reforzar el vínculo con quienes más amamos en el mundo.
El día del niño, en su esencia, invita también a los adultos a revisar los derechos del niño, a reflexionar sobre ellos y garantizar su cumplimiento. Creemos que si, en familia, propiciamos la conexión real con nuestros hijos, escuchándolos, aceptando sus invitaciones irresistibles al juego, estando disponibles para contenerlos cuando lo necesitan, para responder sus preguntas, para valorar sus logros, para compartir lo que cada uno sienta, entonces seguramente nos encontraremos dispuestos a revisar nuestras prácticas cotidianas, y a construir en conjunto vínculos respetuosos y amorosos para los niños y las niñas.

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