Marina Silva, candidata del Socialismo

Por Adrián Fernández
La ex-candidata presidencial Marina Silva encabezará la fórmula del Partido Socialista Brasileño (PSB) en las elecciones del 5 de octubre, en reemplazo de Eduardo Campos, muerto el miércoles 13 en un accidente aéreo. Silva fue ministra de Medio Ambiente durante el primer gobierno de Luiz Inacio Lula Da Silva, como también lo había sido Campos en el ministerio de Ciencia y Tecnología.
Silva, de 56 años, es una de las figuras políticas más populares de Brasil. Fue diputada y fue la senadora más joven de su país, a los 36. Fue candidata del Partido Verde en las anteriores presidenciales, en las que logró el 20% de los votos. Siendo ministra de Lula lanzó fuertes críticas por las políticas medioambientales del entonces presidente y abandonó al Gobierno y al Partido de los Trabajadores, al que se había afiliado en 1985. Se volcó al culto evangélico a fines de los años 1990 tras recuperarse de una enfermedad que la tuvo al borde de la muerte.
El cuerpo de Campos pudo ser oficialmente identificado el sábado. Al conocerse el deceso la presidenta Dilma Rousseff, candidata a la reelección, decretó tres días de duelo que, entre otras cosas, paralizó la campaña electoral tanto del oficialismo como del Partido de la Social Democracia de Brasil (PSDB), que postula a Aécio Neves. Pero la cercanía de los comicios hizo que, pese al dolor y la conmoción, los candidatos, puertas hacia adentro, estudiaran en detalle los próximos pasos.
Campos estaba tercero en las encuestas, con 10% de intención de votos, lejos de la presidenta Rousseff, con 38%, y Neves, con 23%. Desde que se conoció su muerte y tras el impacto político inicial, todas las chances de sucederlo recayeron en su compañera de fórmula Marina Silva. El Socialismo brasileño lo confirmó este sábado al entender que su postulación sería natural no por ser la segunda detrás de Campos sino por haber logrado casi 20 millones de votos en las presidenciales de 2010.
El mayor freno que tuvo que sortear la nueva candidata para suceder a Campos fue su reciente incorporación al PSB, ocurrida en septiembre del año pasado. Silva fue candidata en 2010 por el Partido Verde y fracasó en tiempo y forma en su objetivo de crear un partido propio con el cual disputar la máxima jefatura del Estado en octubre.
Los principales dirigentes del PSB, incluido Antonio Campos, hermano del fallecido candidato, entendieron que Silva “es la única figura que puede promover un cambio político” tras el deceso del postulante oficial. “La muerte de Eduardo a 45 días de las elecciones ha creado una situación política nueva que expresa la necesidad de algo nuevo (y Silva) es una fuerza importante”, dijo.
La ahora candidata del PSB se recluyó en su hogar desde el mismo día en que se conoció la muerte de su compañero de fórmula. Se estima que la actividad proselitista se irá afianzando luego de los funerales de Campos. La inesperada muerte del dirigente socialista obligó al grupo de campaña a modificar los spots televisivos que por ley deberían difundirse a partir del martes 19.

Todo puede pasar

El clima político y electoral en Brasil está sacudido y es prematuro cualquier análisis sobre el escenario que vendrá. Pero no hay dudas de que la candidatura de Silva agrega un elemento nuevo a la campaña. Es una dirigente reconocida y respetada en los espacios de izquierda y centroizquierda de Brasil. La mayor diferencia con el fallecido Campos son su experiencia como candidata y esos 20 millones de votos logrados en 2010. El candidato trágicamente desaparecido era mucho menos popular pese a haber sido gobernador del Estado de Pernambuco durante siete años (ganó dos elecciones). Había sido ministro cuando el PSB formaba parte de la alianza con el Partido de los Trabajadores (PT) durante el primer gobierno de Lula Da Silva.
Desde aquí y hasta el 5 de octubre Marina Silva tiene chances de achicar la brecha que separan al PSB con el candidato de la derecha. Pese a estar segundo en las encuestas Neves y su partido, la Social Democracia brasileña, son vistos por la mayoría del electorado como representantes de las estructuras políticas tradicionales y conservadoras. Hace meses que el PSDB está estancado en su cosecha de voluntades. Además no logra hacer pie en San Pablo, el estado más poblado del país. Silva es un verdadero problema para Neves, además, por tener mayor llegada entre el electorado joven y generar imagen de renovación en la política brasileña.
Pero Marina Silva también puede quitar votos a Dilma Rousseff. Ambas vienen del campo de la izquierda, son mujeres populares, bien vistas por el progresismo. Pero la nueva candidata tiene a su favor la agenda de temas sociales que el PT no pudo atender en estos 12 años de gobierno, incluyendo los 8 de Lula: lucha contra las multinacionales; mayor distribución de la riqueza; lucha contra la corrupción; temas medioambientales y devolución de tierras a los campesinos. Silva marca diferencias con el PT pero, a diferencia del PSDB, no confunde oposición con desestabilización. Aunque sus propuestas electorales son diferentes del oficialismo (más profundas desde el concepto de la izquierda), sus críticas hacia Lula y Dilma son moderadas.
No hay que descartar que la ex senadora desplace a Neves, logre avanzar a segunda vuelta y allí complique las chances de reelección de Dilma. Nadie duda de que el PT tiene deudas con los sectores populares que acompañaron a Lula Da Silva en 2003. De hecho, muchos de los votos que logró Silva en 2010 llegaron desde el PT. Pero la Presidenta tiene y tendrá a su favor una alta imagen positiva, logros desde el punto de vista social y progresos para las clases medias.
Pero además de Dilma y Neves, la nueva candidata tiene que enfrentar a las propias estructuras del partido al que representa y al que se sumó hace menos de un año. Pese al ostentoso nombre de Partido Socialista, el PSB encierra, como otros similares en Sudamérica (Argentina es un buen ejemplo), sectores conservadores, timoratos, antipopulares y poco renuentes a confrontar con los verdaderos factores del poder.

ADRIÁN FERNÁNDEZ
Periodista, redactor de la revista mensual América XXI.
Columnista de Internacionales. Radio Nacional

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