Realidad Sanmartinense

"El dolor se transformó en esperanza y en una lucha por los derechos de todos"

Foto: Matías Quirno Costa

Foto: Matías Quirno Costa

Al cumplirse 8 años del asesinato de Cristian González, RSM entrevistó a su hermana Natalia y su padre Angel quienes cuentan como sucedieron los hechos el 30 de agosto de 2006.

RSM: Natalia, ¿Cómo viviste vos ese día?

NG:

Recuerdo que ese miércoles a la tarde yo volvía de mi trabajo y tenía que llevar a uno de mis hijos que estaba enfermo a la salita. En ese momento que entro a mi hogar veo a Cristian en la puerta de mi casa con su auto. Lo saludé rápido y me apuré para que me alcanzara con mi hija al médico, porque llovía mucho pero cuando salí ya se había ido. Después caí en la cuenta de que ese cruce de miradas fue el último que tendría con él, vivo.
Horas más tarde, sin darme cuenta vi que en mi celular que tenía varias llamadas perdidas. De mi hermana que vive en Plottier, de mi papá, que en esa época estaba quebrado y yo creía que era por algo que relacionado a eso. Hasta que me suena el teléfono y atiendo. Era una vecina que me pidió por favor que vaya al hospital que algo había sucedido con mi hermano. Yo le rogué que me dijera que había pasado con Cristian. Me dijo lo peor que podía escuchar en ese momento: «recibió un disparo». Entre la confusión y desesperación salí corriendo desde mi casa hasta el hospital. En el camino pensaba y rogaba a Dios que no sea nada grave. Cuando llegué al hospital estaba todo el barrio en la puerta, ni bien me vieron llegar muchos agacharon su cabeza como dándome a entender que algo malo pasaba. Mi desesperación iba en aumento a medida que cruzaba los pasillos y pedía por favor que me dejen ver a Cristian. En ese momento me cruza un amigo de Cristian, y recuerdo como si fuera hoy, me dijo: «Nati, a Cristian lo mataron». Esa voz no la olvido más. Cuando llegué a la sala donde estaban mis padres y mis familiares, el cuadro que vi no me lo olvido más. Mi papá estaba agachadito llorando, mi mamá en un ataque de nervios con los enfermeros que la medicaban con calmantes, mi cuñada, la esposa de Cristian, embarazada de 7 meses atendida por personal médico intentando que no sufra nada su pancita. Todo el mundo desesperado, yo confundida, no comprendía cómo de un momento a otro me sacaron a mi y a mi familia, a Cristian de nuestras vidas.
Minutos más tarde nos pidieron que nos acerquemos a reconocer el cuerpo, si no alcanzaba con la noticia de que mi hermano había sido asesinado, lo que venía después se hacía más difícil de digerir. Antes de que se lo lleven a la morgue, fui con Diego, otro de mis hermanos. El último golpe de vista que tenía era el de Cristian esperando en la puerta de mi casa antes de salir con amigos a pescar, a disfrutar de lo que le gustaba hacer. Pase de eso a verlo tirado en una camilla, su cuerpo helado, el cuello todo agujereado debido a los perdigones que recibió. El policía que nos acompañó hasta el cuerpo, recuerdo muy bien, repetía una y otra vez que revisemos sus manos que veamos en qué condiciones estaba. Yo al principio no comprendía, de hecho sus manitos estaban sanas, no tenía rasguño alguno. Pero me lo decía porque querían instalar de qué había sido una lucha con Calderón, su asesino, y que a raíz de esa lucha lo mataron en defensa propia, cosa que fue así.

RSM: De acuerdo a lo que conocen ustedes ¿Cómo fueron los últimos minutos de Cristian con vida?

Foto: Matías Quirno Costa

Cuando Cristian sale de mi casa, se va con dos amigos camino al Lago Lolog a pescar. Más precisamente en la costa del río Quilquihue. Salen en el auto de mi papá y dejan el vehículo con permiso de los cuidadores en la zona conocida como Chihuallanca. Salen a pescar y desde el puente les comienzan a disparar. El que disparaba era Calderón. Salen de esa zona de donde estaban porque a Mario, uno de sus amigos, los perdigones rozaban su cabeza. Se van hasta el auto para cambiarse e irse porque estaban asustados. Cristian, quien siempre fue hasta conmigo y mis hermanos el defensor de todos, no aguantó semejante atropello y fue hasta la ruta, a metros del puente a pedir explicaciones. Allí estaban a Gaspar Schroh y Horacio Calderón quienes fueron los que habrían disparado. Sus amigos salen segundos más tarde detrás de Cristian y cuando van llegando a la ruta segundos antes de alcanzarlo, oyen un disparo. Asustados se tiran al piso y cuando se levantan segundos más tarde lo ven a Cristian tirado en el piso sobre la ruta y con estos dos sujetos parados al lado mirándolo e increpándolo sin ayudarle. Cristian en ese momento se desangraba porque el disparo que oyeron sus amigos lo había alcanzado al cuello. Mientras uno de sus amigos lo asistía, el otro corría hacia el auto para llevárselo de ese lugar. El cruce de palabras con uno de ellos fue terrible, porque justificaban semejante hecho solamente porque Cristian y sus amigos habían ido a disfrutar. Porque a Cristian lo mataron por ir a pescar.
A mitad de camino mientras sus amigos lo llevaban al hospital, se cruzan con la ambulancia. Cristian llegó con vida al hospital y por cosas del destino, una de las amigas de Cristian, Mónica Fernández, fue quien le dio los primeros auxilios. Y fue en sus manos una vez que lo entubaron cuando falleció.

RSM: ¿Quién era Calderón y qué hacía en ese lugar con Schroh?

NG:

Horacio Calderón era guarda ambiental de Junín de los Andes, y a la vez hacía de matón a Gaspar Schroh. El arma con la que le disparan a mi hermano, era de la suegra de Schroh, quien ya había fallecido.

RSM: Una vez consumado el hecho ¿qué ocurre con Calderón?

Foto: Matías Quirno Costa

NG: A Calderón lo meten preso, pero en ningún momento estuvo incomunicado. De hecho, para fundamentar el rumor del que hablaba antes sobre que hubo una previa lucha con Cristian, a Calderón lo golpean en la comisaría, no se quien, pero alguien le hizo el favor se ve, porque apareció un día a declarar todo golpeado cuando al momento de arrestarlo él no presentaba heridas. Esto se pudo corroborar con la reconstrucción del hecho. Ese día llovía, y entre la ropa que él tenía, que fue retenida como prueba, vestía una campera blanca. Si tal pelea hubiese existido como hicieron hacer creer, mínimo se debería haber notado en esta prenda, sin embargo la campera lucía blanca y radiante tal cual fue secuestrada al momento de la detención. En la autopsia hecha a mi hermano, la versión que quisieron imponer cayó por falta de pruebas. No hubo forcejeos, no hubo peleas. Cristian nunca pudo defenderse de nada, le disparó a matar y lo logró. Creyeron que por su prepotencia, por sus contactos políticos, esto quedaría impune. Schroh tenía amigos con influencia, Sobisch quien era gobernador, Sommer que era juez en la localidad, se juntaban a comer asados con gente que tenía poder. Pensaron e imaginaron que esto lo recordarían como una anécdota más. Nunca imaginaron que esto recién comenzaba, que a partir de semejante hecho se iba a iniciar una lucha para no terminar jamás, por la memoria de Cristian, por el medio ambiente, por el libre acceso a nuestros lagos, ríos y costas.

RSM: A raíz de esto ¿cómo se formó la Asociación por el Libre Acceso a Costas de Ríos y Lagos que lleva el nombre de Cristian?

Angel González:

La Asociación nace por la necesidad de tener una herramienta para poder seguir adelante. Los primeros meses yo sentí la compañía y teníamos la visita de mucha gente. Gente que no conocíamos que eran amigos de Cristian, gente a la cual Cristian ayudó mucho. Una anécdota que recuerdo es de uno de los amigos de él que tenían muchos hijos, y Cristian les regaló su cama para que duerman los niños mientras él dormía en el piso. Situaciones como esta tengo un montón para contar. Esto de ir y venir gente querida pasó hasta que terminó el juicio. Una vez que finalizó, y que Calderón fue condenado, fue como que ya terminó todo. Mi señora y yo ya no recibíamos amigos en casa, y las visitas eran cada vez más esporádicas. La ausencia de Cristian era cada vez más dolorosa y nosotros nos moríamos en vida. Hasta que un día me cansé y dije, la muerte de Cristian no puede olvidarse así. Algo de esto que pasó tiene que servir para que a otras personas no les pase.
Fue así como Daniel Tórtora, un amigo entrañable que tengo, me ayudó a darle forma a esta idea de hacer algo. Él me ayudó a formar la Asociación que hoy lleva el nombre de mi hijo, mediante la personería jurídica, para que justamente tenga más entidad para lograr esa fuerza necesaria para seguir a través del tiempo. Así que en eso me encaminé, y nuevamente comenzaron a venir todos. Éramos tantos en un momento que algunos que no llegaron a integrar la Comisión directiva de la Asociación. Recuerdo que estaban algo apesadumbrados. Algunos de los integrantes que me ayudaron, además de Daniel Tórtora fueron Nancy Vera y Daniel Riol, entre tantos otros amigos. Recuerdo que el nombre surgió de esos encuentros que teníamos en mi casa. Alguien tiró el nombre de Libre Acceso a Costas de Ríos y Lagos y así quedó. Al poco tiempo ya habíamos organizado un festival de música, donde convocamos mucha gente. Fue frente a la Vieja Intendencia de Parques. De a poco, como decía antes, todo lo que nos causaba dolor se transformaba en esperanza y sobretodo en una lucha por los Derechos Humanos, por los Derechos de todos. Eso es lo que hasta el día de hoy nos mantiene vivos.
Y de a poco, a medida que pasaba el tiempo, la gente ya sabía no solo de lo que pasó con Cristian sino de la lucha a partir de esa muerte. En una oportunidad viajamos a Villa Traful, gracias a una gestión de Ana Ambroggi, y allí, en el Río Minero nos recibieron muy bien, Guillermo Sánchez entre otras personas.

Foto: Matías Quirno Costa


Desde ese encuentro los viajes no pararon más. La bandera de Cristian y su historia recorrieron, no solo lugares dentro de la provincia, sino también el resto del país. Fuimos a Chubut y Buenos Aires. Participamos en encuentros con H.I.J.O.S. y la experiencia que nos llevamos de esos lugares nos da, cada día que pasa, y cada aniversario, mayor empuje, más fuerza. El principal motivo de esta lucha es que no le suceda lo mismo, nunca más a ningún chico, ni a una persona. No podría permitirme, ni yo ni mi familia que se olviden de él. El Libre Acceso a los Lagos y Ríos es un derecho de cada habitante de este país y nada ni nadie puede arrebatarnos nuestra vida, ni la de nuestros hijos por disfrutar del medio ambiente. Esa es la base de nuestra lucha. No podemos vivir pendientes de los asesinos de mi hijo, por eso optamos por mantener presente siempre a Cristian en esta lucha.
La muerte de mi hijo es una posibilidad de vida para mucha gente que visita lugares así. Desde la ausencia que genera su desaparición, lo mantenemos presente en esta lucha. Cada aniversario para nosotros es un dolor muy grande. De hecho hoy fuimos a pintar la capilla donde lo mataron, pero nos levantamos una y mil veces por su memoria, por tanta gente que nos acompaña y porque entre otras cosas, así como los ejemplos de Madres o Abuelas de Plaza de Mayo a quien tengo el gusto de conocer, nos ayuda a seguir a mantenernos vivos.
Salir de la versión móvil