«Como los manteros senegaleses»
Uno tiene la sensación que en la Argentina las ordenanzas y reglamentos se hicieron para no respetarlos, es como letra muerta, de manera que cuando la autoridad dice que para habilitar un comercio, sea cual fuere, es necesario reunir una serie de requisitos sin los cuales el interesado no puede habilitarlo, el individuo hace caso omiso a las disposiciones y lo habilita por su propia cuenta eludiendo las normas impositivas y bromatológicas. El fenómeno de las redes sociales para la venta de alimentos elaborados es una modalidad en permanente crecimiento a la cual se suman muchos adeptos que ven en ellas una manera eficaz y libre de costos para anunciar sus productos. Por supuesto que SMA no es la excepción ya que en Facebook encontramos páginas como “Alguien tiene?? Yo tengo!! SMA” o “Yo tengo vos buscas, yo busco quien tiene para ofrecer?” y entre pañales, camperas y alguna garrafa, nos encontramos con la elaboración de pollo relleno, ravioles caseros, empanadas y pan con chicharrones por mencionar algunos de los productos. Los elaboradores producen estos alimentos en algún lugar de sus casas, mientras que los comerciantes que tienen sus negocios en regla, pagan alquiler, impuestos, y además están bajo la permanente mirada de bromatología. De alguna manera podemos compararlo con la venta ilegal callejera (entre ellos, los manteros senegaleses en el barrio de Flores en Buenos Aires) que el año pasado para esta misma fecha había subido un 37,5% respecto a agosto de 2014 en todo el país. Uno podría justificar el hecho aduciendo a la estrechez económica por la que estamos pasando y a todos los argumentos que venimos esgrimiendo cada vez que hay que hacerle un nuevo agujero al cinturón, pero eso, no da derecho a obviar las leyes y reglamentos. Cumplamos con lo que marca la ley y no tendremos ningún inconveniente en fabricar y vender los productos que queramos.
Pero esta crítica no es solamente para quien no respeta las normas; el tiro va por elevación a las autoridades municipales que tienen la obligación de vigilar y controlar los lugares de elaboración, ya sea por denuncias o de oficio, porque en ello va la salud pública. Y también los controles impositivos, porque si el comerciante habilitado legalmente, un día que deja de pagar los impuestos porque su situación económica no se lo permite, le clausuran el local con tres bandas de papel pegadas en la puerta del negocio para que todo el mundo se entere que es un evasor. Así que eso de que la Ley es pareja para todos, no deja de ser una frase retórica de funcionarios que cometen las mismas faltas que los que anuncian en las redes sociales.


