Paros, movilizaciones y protestas: la conflictividad al palo
A pesar del intenso verano, siguió la ausencia de brotes verdes que además se combinaron con los errores no forzados del gobierno nacional. El combo llevó a un quiebre en los niveles de imagen del gobierno y del propio presidente, que comienzan un marzo en medio de una densa neblina para un año clave electoral, que arranca con un calendario plagado de protestas sociales.
En el último día de febrero, se produjo un cuarto intermedio en las negociaciones que lleva adelante el gremio docente de la provincia de Buenos Aires (Suteba) y que es visto con gran expectativa por todos los actores políticos y sociales como referente de las próximas pujas salariales.
El gobierno Provincial Bonaerense ofreció un ajuste trimestral de los salarios, acorde a la inflación, pero no volvió a tomar en cuenta la actualización del poder adquisitivo perdido durante el 2016, donde se incumplió con el compromiso de compensar los desajustes entre los aumentos otorgados y la inflación real que se ubicó en el 41%.
Esta es la clave de la discordia que reclama el gremio y discuten los funcionarios del gobierno.
Seguirán las negociaciones pero nadie cree ya que lleguen a buen puerto y eviten la inminencia de un paro (todavía no anunciado), que servirá de termómetro del creciente descontento social.
Por su parte, las principales centrales sindicales docentes nacionales (CTERA, SADOP, CEA, UDA y AMET) que agrupan a los gremios de base ya anunciaron un paro nacional docente para el 6 y 7 de marzo, que incluye una marcha al Ministerio de Educación el lunes 6, por el incumplimiento de la ley, que establece el llamado a paritarias nacionales, entre el Ministerio de Educación Nacional y estas entidades nacionales. También se suman los gremios docentes universitarios. El gobierno sostiene que ya en el 2016 se selló un acuerdo para que la pauta salarial docente que determina el piso nacional que debe ganar un docente en todo el territorio nacional se ate a lo que fije el Consejo del Salario Mínimo Vital y Móvil, incrementado en un 20%. Es por esto que rehúye a sentarse en la paritaria nacional, evita la confrontación y dilata el escenario adverso.
Al mismo tiempo, la CGT unificada y las dos CTA junto a otras organizaciones sociales anunciaron una marcha para el día 7 de marzo hacia el Ministerio de la Producción, apoyada por distintos dirigentes políticos y partidos.
La protesta hace eje en la situación socioeconómica, por la ola de despidos, los aumentos y la orientación de una política económica que no protege los puestos de trabajo, la industria nacional y no termina de arrancar pese a los voluntariosos anuncios para un próximo semestre que nunca llega.
Por último, el paro y movilización de las mujeres para el 8 de marzo. Por los derechos de la mujer, contra la violencia de género, este paro se suma, en el Día Internacional de la Mujer, a una convocatoria que se replicará en distintos países de Europa y América Latina. El colectivo Ni Una Menos impulsa la iniciativa, esta vez de carácter internacional, contra los femicidios y por la igualdad de género, luego de las masivas marchas anteriores y el gran eco que obtuvo en los diferentes sectores sociales. Su carácter transversal y poder de convocatoria se vio reflejado en la unánime adhesión que obtuvo de todos los sectores. Esta vez cuenta además, con el apoyo y organización de las mujeres de las tres centrales gremiales nacionales para enfrentar una problemática que sigue en ascenso a pesar de la intensa y creciente presencia en todos los medios. Se descuenta entonces, el alto acatamiento que tendrá.
Un marzo que marca un año complejo en el que quizás se juegue el rumbo del país; por lo que se depositan todas las miradas.



