Jóvenes desocupados, viejas fórmulas

Los datos sobre desocupación aportados que impactan fundamentalmente en los jóvenes, muestran a las claras, la necesidad que tiene un viejo modelo de desarrollo. Evidentemente uno de sus pilares es la exclusión, y se basa en el convencimiento que esto permite bajar el “costo laboral”, quitar derechos, disciplinar a los sindicatos, “secar el mercado” para bajar la inflación; posibilitando de esta manera las condiciones “adecuadas” para facilitar las inversiones. Una vez así, la teoría del derrame, distribuirá el excedente, y se tendrá como modelo el que se conoce en otros países de la región y del mundo, con buen desarrollo macroeconómico, pero pésima distribución del ingreso, inequidad social y altos índices de violencia y marginalidad.

Los números en cuánto a la desocupación están a la vista y la población joven entre 18 y 29 años se lleva la peor parte. Según los datos oficiales del INDEC, la desocupación total del país se encuentra en el 7,6%. El segmento menor de 29 años duplica esta cifra, alcanzando un 16,7%. En términos absolutos son 543.827 los jóvenes desocupados; las mujeres sin trabajo, en esta franja etaria superan a los varones: 19,7% ellas y 14,8% ellos.

Neuquén encabeza el índice de desocupación más alto de la Patagonia con un 6,7%, también según los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) y se refleja en los jóvenes similares proporciones de desocupados, como en el resto del país.

En la Argentina el desempleo entre los menores de 25 es superior a la media regional, según Adecco, una compañía internacional de Recursos Humanos.

En este marco, ante las alarmantes cifras, se inscribió hace unos días la iniciativa de la organización de la Expo Empleo, organizada en la Ciudad de Buenos Aires. Superó a la organización el nivel de asistencia: 175.000 jóvenes asistieron a la misma, con la expectativa de alcanzar un empleo, frente a una supuesta oferta de 11.000 puestos.

Lo cierto es que muchos de los puestos correspondían a pasantías laborales y otras formas de precarización laboral, entre las que se encontraba, por ejemplo la del banco HSBC, que ofrecía 200 puestos entre programas de pasantías, al tiempo que se daba a conocer el cierre de cinco de sus sucursales: Luján, Junín, Villa Mercedes (San Luis), Concepción del Uruguay (Entre Ríos) y Balcarce. La reubicación del personal en otras localidades, encubren los despidos, por la imposibilidad del traslado de muchos de sus empleados. Luego se compensan con pasantías, que redundan en la degradación de su planta funcional.

La revolución de la alegría, las buenas ondas, la energía positiva, la felicidad y el amor, prevaleció en el discurso de los funcionarios y el Presidente, imposibilitados de dar respuestas concretas, en un mercado laboral que se encoge, donde están ausentes las inversiones, siguen sin verse los brotes verdes de la reactivación y se observa permanentemente el achique de las empresas, ante la falta de actividad.

El impacto del desempleo es mayor en los jóvenes, ya que al carecer de experiencia laboral, quedan en la cola y terminan perdiendo expectativas y esperanzas.

Además hay movilidad laboral, porque el poco empleo que se ofrece, es chatarra y la plata no alcanza.

Peor ocurre entre los jóvenes más vulnerables, marginados por sus escasos recursos, que no tienen la oportunidad ni siquiera de asistir a convocatorias de ese tipo, cuya difusión se hizo por las redes y la inscripción se realizó por internet.

La Expo Empleo resultó una muestra del modelo que se espera construir, en el supuesto que resulte exitoso.

Un modelo que se intenta reproducir en todas las regiones del país y se ve con crudeza en nuestra ciudad, al margen de la baja, de las compras al otro lado de la cordillera, del atraso salarial y la merma en el consumo. Se percibe en todos los ámbitos laborales. Alarma. Un viejo modelo, que padecen especialmente los jóvenes. Un modelo para desarmar.

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