Turbio clima preelectoral

Hace tan sólo unos días el panorama preelectoral parecía determinado, al menos para muchos encuestadores y gran parte de los medios de comunicación. Quedaban por conocer tan sólo, los resultados de una sintonía fina que podía cambiar poco de lo que fue la gran encuesta electoral de las Paso, de aquel domingo 13 de agosto que hoy parece tan lejano.

En el oficialismo prevalecía un clima donde no se debía agitar nada, para llegar con tranquilidad y previsibilidad al escrutinio. Bastaba la presencia de la Gobernadora Vidal en los distintos medios, como cara visible de la campaña, el refuerzo de la ganadora indiscutible del distrito porteño, Elisa Carrió y el llamado a silencio y ocultamiento del principal candidato formal de la Provincia de Buenos Aires Esteban Bullrich.

Del otro lado, un cambio en la comunicación para disputar la escasa diferencia: asistencia a los medios por parte de la principal candidata Cristina Kirchner, diferente puesta en la escena según el estilo Durán Barba, más dominio de las redes, un paso a un segundo plano de las figuras que espantan, y al final la “peronización” del discurso para sumar a la unidad en el voto útil.

La polarización nacional de la elección, arrastraba a los otros distritos, incluida nuestra provincia y localidad.

Sin embargo la aparición del cuerpo de (casi con seguridad) Santiago Maldonado, alteraron las circunstancias.

El lugar, el momento (días antes de las elecciones), las fallidas búsquedas anteriores; hacen que el cuerpo irrumpa, poniendo decididamente en duda el accionar de la Justicia, las fuerzas de seguridad, a los integrantes de aquellas comunidades, y descolocando a la propia familia Maldonado, quien inmediatamente aventura que se había plantado el cuerpo.

Pronto aparecieron los primeros interrogantes: ¿se trató de un ajuste de cuentas entre las diferentes fuerzas de seguridad? ¿Fue una disputa entre la Gendarmería y el Gobierno por un pacto que estaba destinado a terminar mal? ¿Fue sólo impericia? ¿Connivencia Judicial? ¿Casualidad?

Lo cierto es que ahora se puso en evidencia que el gobierno demoró en tomar el caso con la envergadura que merecía, tomó posición innecesaria al encubrir indebidamente a las fuerzas actuantes, y cedió al resto de la sociedad a que se hiciera cargo del reclamo de la aparición con vida, cuando por responsabilidad, debía haber estado desde el primer momento protagonizando su esclarecimiento e inquietud.

Una vez más, la desesperación de una familia y la fuerte movilización de una sociedad sensible, llevaron al escenario alcanzado.

También se evidenció el accionar de los medios de comunicación afines, que desviaron la atención, poniendo en discusión a la víctima, a las comunidades, haciendo creer un supuesto e incipiente accionar de un foco terrorista, se buscó confundir a todos con distintas pistas, generando al fin un mayor enfrentamiento entre sectores ya distanciados.

Una mayoría silenciosa y en general ajena al devenir político, miró con desconfianza a todos, pero los hechos a pocos días de emitir el voto, enturbiaron y sacudieron definitivamente el escenario preelectoral.

Existió soberbia del oficialismo frente al anticipo de los resultados y exageración en algunos de sus candidatos, como se manifestó en los exabruptos repudiados por todos los sectores, de la candidata Carrió.

Se sobreactuó además cuando se pretendió mostrar con desesperación, a modo de contrapeso, la acción de la Justicia, en el pedido de desafuero de De Vido, y la detención de Roberto Barrata, mano derecha del ex ministro.

No sólo porque no haya aún condena para detenerlos, sino porque siempre estos supuestos avances contra la corrupción, tienen el mismo sesgo, no hay involucrados de otros colores políticos, no hay de conocidos empresarios afines que participaron de la fiesta; todo siempre parce ser funcional al poder de turno y aparece con apuro, casualmente antes de las elecciones.

No hay palabras de condenas ni mantos de sospechas hacia distintos sectores políticos y sociales.

Por eso también pocos creen. Por ello hay tantas dudas.

Si ocurriese, pasaría que esa mayoría silenciosa, en general esquiva en las predicciones de los encuestadores, indefinida en sus preferencias, pendular en sus elecciones, enigmática en sus opiniones, vería con mayor luz este complejo camino, por lo que ni los hechos, ni las acciones enturbiarían con tanta facilidad el clima preelectoral en sus vísperas.

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