Finalmente la pelota no se mancha

Finalmente no se va a realizar el amistoso entre la selección de Argentina e Israel.

El partido había sido inicialmente programado para jugarse en la ciudad de Haifa, pero en una maniobra de neto corte político, el gobierno israelí aprovechó la oportunidad para realizarlo en la ciudad de Jerusalén. Allí se vive una espiral de violencia, desde que Trump provocó un recrudecimiento del conflicto que vive la región, cuando decidió trasladar la embajada de los Estados Unidos desde Tel Aviv a Jerusalén. Lo hizo en el marco de los festejos del 70 aniversario de la creación del Estado de Israel, que produjo el “Nakba” (catástrofe) recordado así por el pueblo palestino, en relación al inicio de su éxodo desde entonces.

Mientras que un belicoso Trump señalaba en esa provocadora inauguración que ese era: “un gran día para Israel” y el extremista primer ministro israelí Benjamín Netanyahu calificara a ese día de “glorioso” y que: “estamos en Jerusalén y estamos para quedarnos”, comenzaban las movilizaciones palestinas de protesta en la frontera.

La reacción no se hizo esperar y el saldo fue una represión brutal, que lleva centenares de muertos y miles de heridos civiles asesinados, en un conflicto que sigue recrudeciéndose.

En 1948 la ONU determina la creación del Estado de Israel y una Jerusalén con status internacional y administración de la ONU; pero inmediatamente el conflicto bélico lo dividió entre árabes e israelíes.

Sin embargo tiempo después, en 1967, la parte oriental de Jerusalén fue ocupada por el ejército Israelí durante la llamada guerra de los Seis Días.

Hasta este año Israel mantuvo este statu quo, contrario al mandato de la ONU y la mayoría de la comunidad internacional, aunque con ambiciones de muchos sectores de su sociedad, que pregonan a Jerusalén como capital indivisible del Estado de Israel.

En este contexto ocurrió la avanzada de Donald Trump, quién desde su campaña prometió mudar la embajada, en una muestra de apoyo e intervención en las pretensiones del gobierno de Israel y sus políticas expansionistas. De esta manera encaminaría al reconocimiento de Jerusalén como capital del Estado.

Así mismo lo hicieron los gobiernos de Paraguay y Guatemala. El resto de las embajadas permanecen en la ciudad de Tel Aviv.

Desde la iniciativa de la maniobra del gobierno de Netanyahu, hubo objeciones a la participación de la selección, las que incluyeron a su técnico Jorge Sampaoli. Estaba claro desde ya que se trataba del interés del gobierno Israelí de consolidar su postura y blanquear la política respecto de la ciudad de Jerusalén y su política en el conflicto. No hubiera sido objetable la realización del partido de haberse disputado en Haifa u otra ciudad.

Esto generó una incomodidad creciente en el plantel, gracias además a la visibilización del conflicto, llevada a cabo por diferentes actores internacionales y nacionales, que evidenciaron la trampa política a la que se sometía a la selección.

Fue durante la estadía en Barcelona y después de una protesta allí (una de las tantas que se venían realizando) que se tomó la decisión de suspender el encuentro. No hubo comunicado oficial, pero se lo espera a la brevedad.

Finalmente primó la cordura, porque esta vez sí, se hubiera manchado la pelota, de haberse prestado a participar de una acción perversa políticamente, utilizando como tantas veces se intentó y se llevó adelante, al deporte como pantalla de una manifestación política manipulada para beneficiar otros intereses.

También quedó al descubierto el arrebato del gobierno argentino, que en su afán de alinearse con los Estados Unidos en su política internacional, no tuvo el reflejo de anticiparse a los hechos y quebrar una línea diplomática que nuestro país sostiene como política de Estado, en sus posicionamientos de la política exterior y que se manifiesta en los Organismos Internacionales.

Una macha menos para la pelota, pero una más para el zigzagueo de un gobierno que no termina de encontrar, ni en esto, su rumbo.

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