Crítica de «Robin Hood»: El personaje que le faltaba a Marvel
Por Miguel Krebs
Título original: Robin Hood. País: EEUU. Año 2018. Director: Otto Bathurst. Guión: Ben Chandler, David James Kelly. Elenco: Taron Egerton, Eve Hewson, Jamie Foxx, Ben Mendelsohn, Tim Minchin, Paul Anderson, Jamie Dornan, Josh Herdman, Nasser Memarzia, Kane Headley-Cummings, Björn Bengtsson, Ian Peck, Declan Hannigan, Charlie Vincent, Roderick Hill, Antonio Lujak, Nick Wittman. Fotografía: George Steel. Música: Joseph Trapanese. Duración: 116 minutos.
De las versiones que se han hecho para cine y televisión desde 1912 esta es la más insólita porque aparte de ser filmada con la impronta de un video clip, tiene un anacronismo muy marcado sobre todo en el vestuario, además en la escenografía y en la utilería.
La historia no tiene nada que ver con la leyenda medieval del personaje que le roba a los ricos para darle a los pobres versión adelantada de Juan Bautista Vairoleto, delincuente anarquista. Un Robin Hood (Taron Egerton) que debería figurar en el cuadro de honor de los héroes de Marvel luchando contra personajes tan oscuros como el sheriff de Nottingham (Ben Mendelsohn). Su pareja Marian (Eve Hewson) cansada de esperarlo a Robin que vuelva de la guerra con los turcos, se engancha con Will Scarlet (Jamie Dornan) porque no podía dormir sola. Su enemigo al principio, el negrito sanguinario Little John (Jamie Foxx) es otro super héroe que cuando pierde una de sus manos de un espadazo, no se desangra, tiempo después, se vuelve la mano derecha de Robin y juntos maquinan un complot contra el sheriff.
Esta película donde el espectador queda aturdido por la banda musical Joseph Trapanese y el ritmo trepidante de sus montajistas donde las secuencias compuestas por un millón de tomas las condensan en un segundo, costó la friolera de 100 millones de dólares y al 6 de diciembre recaudó en todo los EEUU apenas $23,704,193 parece que no fue un buen negocio.
Robin Hood es una película al más puro estilo de los súper héroes plagada de efectos especiales que no es fácil de filmar. El pueblo de Notthingham, como cualquier otro pueblo que protesta, se ve obligado a enfrentarse a las fuerzas de seguridad, que este caso son soldados que responden al Sheriff. Los hechos de este enfrentamiento nos cuenta una historia de corrupción e inmediatamente las imágenes nos remiten a las que vemos a diario en televisión solo que el fondo escenográfico cambia por Buenos Aires, así que por ese lado aunque se desarrolle en el Medioevo, no pierde actualidad.




