Crítica de «Maligno»: No apto para embarazadas
Por Miguel Krebs
Título original: The Prodigy. Año: 2019. País: (Alemania, Emiratos Árabes Unidos) Director: Nicholas McCarthy. Guión: Jeff Buhler. Actores: Taylor Schilling, Peter Mooney , Jackson Robert Scott, Brittany Allen. Música: Joseph Bishara. Fotografía: Bridger Nielson Edición: Tom Elkins y Brian Ufberg. Género: Terror Duración: 92 minutos.

El terror es un género que existe desde los comienzos del cine. Uno de los actores del cine mudo fue Lon Chaney apodado El hombre de las mil caras, que filmó desde 1912 hasta 1930 películas dentro de ese género. Las más recordadas fueron El jorobado de Notre Dame, El fantasma de la ópera y La casa del horror. Lo siguió Lon Chaney hijo, creador de personajes como El hombre lobo, Frankenstein y El hijo de Drácula.

Pero a partir de 1976 las películas de terror dieron un vuelco en la temática centrando las historias alrededor del anticristo como en el caso de La Profecía (Richard Donner), El día de la bestia (Alex de la Iglesia), Anticristo (Lars von Trier) El género fue cambiando su objetivo aprovechando los adelantos técnicos, nuevos materiales y el avance de la psicología. Se transformó en un terror paranormal (El conjuro, El exorcista) y al mismo tiempo granguiñolesco (La pesadilla final, Pesadilla en la calle Elm, Chucky)

Maligno va por ese carril, a pesar que tiene algunos puntos de coincidencia con La Profecía, pero esta vez no se trata de un ser endemoniado que toma posesión del cuerpo de niño, sino de un asesino serial que muere en el instante que nace Miles Blume (Jackson Robert Scott). Sarah (Taylor Schilling) una madre sobreprotectora que se da cuenta del comportamiento perturbador de su hijo y recurre a un psicólogo para que a través de la hipnosis produzca una regresión a Miles para averiguar quién habita en ese cuerpo aparentemente frágil.

A partir de allí se desarrolla toda la historia narrada casi con desgano por parte del director Nicholas McCarthy. Es una película carente de fuerza dramática, por momentos pesada en su narración excepto en contadas oportunidades donde inesperadamente se producen efectos visuales apoyados por la banda musical de Joseph Bishara que sobresaltan al espectador. Bishara es un músico yanqui de origen palestino acostumbrado a escribir música para películas de terror. No hay sorpresas en la fotografía del novato Bridger Nielson, lo que nos lleva a añorar las imágenes y climas del director de fotografía Gilbert Taylor en La Profecía.

Probablemente la poca experiencia de Nicholas McCarthy en este tipo de género ya que tiene nada más que dos películas en su haber, El Pacto (2012) y En la puerta del diablo (2014) haya influido en baja calidad de su realización. Probablemente haya dejado preparado el terreno para dirigir la saga de este personaje, al presentar un final abierto siguiendo el camino de La profecía. Lo mejor Maligno… es su afiche que esta exhibido en el Centro Cultural Cotesma.



