Crítica de «Teatro de Guerra»: Una Película Experimental
Por Miguel Krebs
Título original: Teatro de guerra (Argentina-Alemania-España). Año: 2018). Guión y dirección: Lola Arias. Elenco: Lou Armour, David Jackson, Rubén Otero, Sukrim Rai, Gabriel Sagastume y Marcelo Vallejo. Fotografía: Manuel Abramovich. Edición: Anita Remón y Alejo Hoijman. Duración: 77 minutos.

En el año 1939 se desarrolló frente a las costas de Punta del Este la batalla del Río de la Plata entre el acorazado alemán Graf Spee (que terminó hundido frente al puerto de Montevideo) y los buques ingleses Ajax, Achilles y el Exeter, que se enfrentaron en una dura y sangrienta lucha. Pero la guerra tiene estas contradicciones, y volvieron a reunirse los marinos de ambos bandos para recordar la batalla y honrar a sus caídos. Teatro de guerra tiene el mismo objetivo pero mucho más reducido, solo con 6 protagonistas.

De acuerdo a su directora, la multifacética Lola Arias (es directora de teatro, actriz, música, escritora y ahora “directora” de cine), esta película es parte de un proyecto mucho más grande que empezó en el 2013 con una video instalación ( expresión artística donde el video trasciende los límites de la pantalla del televisor y forma parte de lo antiguamente se conocía por audiovisual) con veteranos de guerra argentinos que reconstruían partes de la guerra y después hizo una obra de teatro que se llamó Campo minado, con los mismos protagonistas de esta película, que se estrenó en Inglaterra

Teatro de guerra, si se puede llamar”película”, es un experimento que consistió en reunir a seis veteranos de Malvinas (tres que lucharon del bando británico, incluido un personaje como un mercenario originario de Nepal (los famosos Gurcas) y tres argentinos para que compartieran anécdotas, recuerdos e intentaran revisar y volver a actuar algunos de los momentos más traumáticos vividos en 1982, sobre todo exponer el problema de conciencia de matar a un ser humano

Es lo que se llamaban los alemanes, (que les encanta ir contra la corriente en el plano artístico) en los años 90, cine experimental, modalidad que se difundió a través de la cinemateca el Instituto Goethe (que es una de las instituciones que dieron apoyo para la realización de este experimento.) Está filmada con cámara fija como si se tratara de una prueba de casting y no tiene espontaneidad la actuación; todo está visiblemente ensayado. Es teatro filmado, es más, se podría prescindir de la imagen y podría ser perfectamente un programa de radio.

Lola Arias tenía en mente este experimento apoyada por una corriente de un público mayoritariamente joven y rupturista con las formas clásicas de la narración cinematográfica, para ver como quedaba este tipo de “documental”. En mi opinión, es de una frialdad increíble. Salí del cine como cuando entré, teniendo la sensación de haber perdido tiempo inútilmente. No siempre el público está de acuerdo con las películas premiadas, en este caso en el festival de Berlín. Quizá puedo estar equivocado pero ha sucedido que muchas películas premiadas o galardonadas en festivales internacionales, no han tenido la aceptación del público porque simplemente no genera interés la temática o la manera de narración, aunque las críticas las hayan elogiado.

Supongo que es un tema generacional, para mí el cine siempre ha sido de los directores que manejan el ritmo de la narración a través de movimientos de cámara, la diversidad de planos, el manejo de la luz y la actuación, en resumen, a través del lenguaje cinematográfico. Y en el caso del documental reconstruir los hechos de forma espontánea, no ensayada y no actuada por el o los protagonistas. En el caso de Teatro de Guerra, ocurre todo lo contrario, admitido y confirmado por la directora, que buscó darle otro cariz al tema y la manera de narrarlo.


Habrá que ver si el público aprueba esta forma de expresión cinematográfica. Por mi parte es candidata al bostezo. Frente a este experimento me lleva a compararlo con la película Iluminados por el fuego, de Tristan Bauer que para quien la haya visto recordará el final donde el protagonista se pregunta: “¿Porque no hablar de Malvinas; para quien fuimos héroes? ¿Quien saludó nuestro regreso?” Un dato no menos importante, creo el Centro Cultural Cotesma se equivocó al programar esta película, que no tuvo mucho marketing y además en el espacio INCAA, en el horario de las 22hs, al que nuestro público está acostumbrado a importantes estrenos. No creo que el motivo haya sido la situación económica porque en el espacio INCAA cuesta $40 la entrada, pero el jueves, día de estreno, se suspendió la función por falta de público


