Día 5: Estoy


“Era el único lugar abierto.
Tarde o temprano tenía que salir por ahí”
Crónica de una muerte anunciada

Estoy en Granada, Nicaragua, entrevistando a una mujer con ruleros para mi propio diario de vida. Estoy caminando por una feria de ropa usada en Antigua, Guatemala. Estoy sumergida en una terma de agua caliente, embarazada sin todavía saberlo,  en Canadá. Estoy durmiendo en el estacionamiento de un Walmart en San Diego, Estados Unidos. Estoy por saltar de una piedra en Nicaragua y estoy muerta de miedo. Estoy tomando un mate en la estación de bomberos voluntarios de Rada Tilly, Argentina. Estoy degustando comida peruana en Miraflores, Lima. Abrazo el Sol de un atardecer en Huanchaco. Estoy bailando salsa en una esquina de Machala, Ecuador. Estoy riéndome del mono que tiene Joaquín arriba de su cabeza en la reserva de Limoncocha. Estoy llena de espuma en el carnaval de los Negros y Blancos, en Pasto, Colombia. Estoy en Santa Catarina de Palopó, Guatemala, observando como una mujer experta termina de hacer un telar amarillo. Camino por una callecita colorida en Campeche, México. Creo que la Bahía de los Ángeles, en la Baja California es de lo más lindo que conocí, estoy viendo delfines desde la orilla. Estoy tan chiquita frente a la inmensidad del Salmon Glacier, en Canalaska. Estoy en La Comarca, Córdoba, Argentina, dándome un baño de agua caliente a leña, repleta de yerba mate. Estoy en Villa Pehuenia, Neuquén, en la casa de Rosalía, escuchando historias de mapuches olvidados. Estoy en La Paz, Bolivia, aplaudiendo el swing de la señora de rosa. Estoy más viva que nunca. Más muerta que nunca. Estoy presente y consciente. Estoy sin celular, sin Facebook, sin conexión inmediata. Todavía no existe el whatsapp y pronto existirá el Instagram. Estoy con casi nada y con casi todo lo que quiero. Son pocos libros los que entran en el armario de la camioneta pero parecen muchos. Estoy asombrada de la capacidad que tenemos los seres humanos de aprender y  desaprender, de conectarnos y desconectarnos.

Estoy a punto de tomar una decisión. Pero para cambiar, necesito silencio y concentración. Busco focalizar. Y tanta gente, tantos mensajes, tantas noticias, tanto al alcance de la mano, tantos productos en las góndolas, me ponen más ansiosa, más nerviosa y más cansada. Estoy a punto de recibir un mail de alguien que me recuerda lo que es la aventura de vivir…estoy más contenta y más liviana que hace cinco días atrás.

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