Día 7: Punto de partida
“Estuve despierto once meses”
Crónica de una muerte anunciada
Lo que voy a compartir puede parecer una nimiedad. Me acuerdo que una vez, un amigo me estaba contando los problemas que tenía con su papá y su mamá y acto seguido me dice “me siento un boludo, estos son problemas de burgueses”, y yo en ese momento le contesté que eso no tenía nada de malo y que los problemas, aunque burgueses, no le quitan valor de problema y que cada uno tiene que vérselas con sus propias cosas. Algo de eso creo que le respondí. Ahora me veo a mi misma sintiéndome medio boluda y contando que hace seis meses que no duermo porque mi hija de diez meses no duerme, y todo este asunto me está trayendo muchos problemas. No solo mi cuerpo no responde como de costumbre (si me lanzaran una pelota, seguramente no tendría el reflejo de agarrarla y me pegaría en la cara), sino que mi mente está alterada. Las decisiones más simples de todos los días me requieren un esfuerzo enorme, salir de casa, también. Solo pienso en dormir. Y especulo sobre eso, y sueño despierta sobre eso y cuando no soy un monstruo horrible, me recuerdo paciente, cariñosa y creativa para resolver los problemas de mis hijas. Lxs hijxs traen eso a veces, problemas de sueño. O quizás es que yo soy blanda como una hoja de lechuga mojada sin escurrir y mis hijas lo descubrieron y se adueñaron de esa rendija que habita en mí. Lo cierto es que no dormir hace seis meses me trajo problemas reales y de alguna forma siento que toqué fondo. La falta de energía me llevo a usar las redes sociales de forma mucho más exagerada. Funcionaron como el escape perfecto para alguien como yo, tendiente a la desconexión. Es que desde chica que me desconecto del mundo con facilidad cuando algo no me gusta o cuando estoy pensando en una buena idea, cuando algo me aburre o me angustia. Mi papá es un poco así también. Solemos mirar hacia arriba o un punto fijo y quedarnos así por un buen rato. Durante estos meses de extremo cansancio, mi mente pedía contenido que no requiriera ningún gasto de energía extra. Además de haber googleado noches enteras cosas como “bebe con trastorno de sueño”- “mi hija de 10 meses no duerme”- “cómo influye la madre en el sueño de la hija”- “ayuda: mi bebé se despierta a cada hora”- “bebé sociable y movediza no quiere dormir”, además de haber leído foros de mujeres con los mismos problemas, además de haber escrito muchos mensajes de whatsapp y de debatir en varias cadenas temas como el aborto, la inflación o la baja de imputabilidad, además de todo eso, me dediqué a mirar boludeces. Me enteré que Mirtha Legrand es adicta al whatsapp, por ejemplo. Una boludez espectacular. Que Mariano Martinez jamás dijo que Lali Esposito era nefasta, que Jorge Rial se va a casar con una nutricionista y que una vez, Huberto Roviralta le recomendó a Susana Gimenez poner estufas de tiro balanceado en su mansión y que eso a ella le cayó para el culo. También leí los titulares de La Nación y Pagina 12 muchas veces al día, y hace poco leí una entrevista a Beatriz Sarlo que me gustó, aunque no me guste mucho ella porque parece bastante amargada. Hablaba de su nuevo libro que trata sobre como lo privado se volvió público; la sobre exposición de los hijos y la maternidad como cultura marketinera en las redes. Pensé que el problema no eran las redes sociales en sí. Facebook, Instagram, Whatsapp, Twitter. Tampoco el vino es un problema en sí, ni los cigarrillos mentolados, ni el sexo, ni las noticias, ni la comida, ni el amor, ni el saber, ni la soledad, ni los actrones, los ibuprofenos y los rivotriles. La pregunta en todo caso es por qué necesito desconectarme y a qué le tengo tanto miedo. Si al final cada uno huye como puede. Lo aconsejable, en todo caso, es huir solo por un rato y saber regresar a tiempo al punto de partida para que la situación no quede en desmedro desequilibrio y corramos el riesgo de transformarnos en bichos humanos.


